10 reflexiones tras el fin de semana en la Premier League
El North London Derby regresó para ofrecernos otro trepidante encuentro, en Spurs golpearon, Gunners golpearon y los puntos cayeron uno en cada lado. Algo que provocó que el Crystal Palace se situase en puestos Champions el sábado y retuviese tal estatus el domingo. No así el Manchester United, cuyas sensaciones son incapaces de atrapar su resultado más probable. Jamie Vardy, por su parte, atrapó dos goles. Y el Sheffield United al Chelsea.
Harry Winks y Sokratis Papastatopoulos en el fragor de la batalla del North London Derby

1. El North London Derby es el mejor derby del país

Nuevamente, Arsenal y Tottenham, cumplieron con lo prometido, con un vibrante partido de fútbol. A diferencia de la mayoría de derbis del mundo y de Inglaterra misma, donde nada es tan bueno como algunos estafadores quieren hacerte creer, aquí siempre hay emoción, acción, goles y las incesantes narrativas que producen los resultados contra tu eterno rival. “¿Quién se va más contento?” y ese tipo de preguntas que nadie pregunta con un Wolverhampton vs Burnley. Porque no sólo es el resultado, es el resultado dentro del contexto de jugar con tu archienemigo. Con quien siempre estás dispuesto a entrar al intercambio de goles, en este caso; a buscar la victoria y no sólo el no perder. Un partido que es eso y también diferentes partidos dentro del mismo partidos. Esta vez, el Tottenham empezó rampante y, aun estando Xhaka, Guendouzi y David Luiz por ahí defendiendo, fueron Leno y Sokratis quienes abrieron la puerta a la tormenta, combinando con agilidad los Spurs y Eriksen atando el lazo de la jugada del primer gol en su vuelta la titularidad.

No es de extrañar que su regreso coincidiese con el mejor partido del equipo hasta la fecha, haciendo a sus compañeros competir y encontrar los huecos, los momentos y el cero a dos también. Aunque eso ya fue con la colosal colaboración de Granit Xhaka. Porque cuando tu rival cree que entrar con todo no será penalti, las cosas se te facilitan. También cuando sacas a Ceballos. Pasó el Arsenal a dominar dos goles abajo a un ritmo incesante, con el cual casi no puedes seguir el paso. Un derbi consistemente genial, haya errores, haya un equipo que parezca escaparse y con él la emoción. Porque nunca lo hace. Empató el Arsenal, marcando Lacazette, marcando Aubameyang y marcando ilegalmente Sokratis. Pero con toda la tormenta, ahora en la cara de los chicos de Pochettino, el Tottenham salió del paso, con Lo Celso, con la perdida del frenético fuelle de los locales. Y si no hubiesen tenido la manía de pasársela a Sissoko en cada contragolpe, quizás hubiesen tenido los visitantes también los tres puntos tras otro memorable North London Derby.

2. El Arsenal de Unai Emery

Dentro del caos, del frenesí del partido por la supremacía del norte de la ciudad, el Arsenal nos dejó cosas y muchas de ellas. Empezando con la titularidad de Granit Xhaka por segunda semana consecutiva. Y, más importante todavía, la suplencia de Dani Ceballos. Con el Tottenham cómodo, gestionando su ya obtenida ventaja, el Arsenal se atascaba, Pépé no terminaba de precisar; tampoco la defensa, aunque esto no nos sorprendía. Sigue habiendo esta impresión de que Unai Emery todavía está buscando a su equipo, a su mejor equipo. Lo que parece claro, al menos desde fuera, es que lo encontró en la segunda parte. La entrada de Ceballos transformó el partido, convirtió a Guendouzi en el amo del centro del campo y la avalancha comenzó. Y con ella casi, casi, la victoria. Aunque es difícil cuando Xhaka comete el penalti que comentió en la primera parte. Mi compañero Aaron Cabado escribió hace ya un par de años sobre el fenómeno “Granit Xhaka” y todo sigue siendo tan relevante ahora como lo era entonces.

Si acaso, es ahora más sangrante, pues ha pasado el tiempo mencionado y el internacional suizo sigue siendo el mismo de siempre. Si no tienes nada más, pues es comprensible que juegue, ya que no es ni mucho menos un futbolista inservible ni huérfano de calidad. Tiene y mucha de ella. Pero Ceballos es el "paquete completo", porque puede hacer prácticamente todo lo de Xhaka sólo que mejor. Y, como equipo, te puedes concentrar en lidiar más concisamente con tu ya temblorosa defensa: compuesta por dos extremos haciéndose pasar por laterales y Sokratis y David Luiz en el centro. Pero aun con todo, quien pareció llevarse el mejor sabor de boca cuando el árbitro se llevó el silbato a la suya, fueron los Gunners, habiendo vuelto desde un 0-2, con Ceballos demostrando que las aptitudes están dentro del equipo. Y más pronto que tarde, todas (o al menos la mayoría) deberían estar en sintonía.

3. El Crystal Palace es cuarto

Duncan Alexander decía lo siguiente, este último sábado por la noche, en la recta final del verano, cuando empiezas a recalibrar tu propia situación vital en compenentración con la gradual disolución del calor, la aparición de la chaqueta y de tu uso de él: “El Crystal Palace es solamente el 24º equipo en la historia de la primera división (de Inglaterra) en marcar 3 goles o menos en los primeros cuatro partidos pero sumar 7 puntos o más. Ninguno de ellos ganó la liga, ninguno de ellos descendió y su posición final media fue la 11ª. Esto se siente como lo correcto y significa que la temporada del Palace ya ha acabado”. Empatando a cero con el Everton, perdiendo en Sheffield y ganando pese a ser mayoritariamente arrollado en Old Trafford, uno no hubiese esperado esta incongruente resurgir que tampoco es que sea un resurgir como tal. Jugando contra “el equipo nuevo”, el flamante Aston Villa, el Crystal Palace recondujo las cosas a su sitio. Que Zaha se habrá puesto pesado, que habrán dado mala imagen en las primeras jornadas, pero de las “águilas” no se rie ni Dios; a ellos no se les da por acabados.

Uno de los peores equipos locales de la temporada pasada, esta vez el Palace salió con Max Meyer y Víctor Camarasa sentados y la industria metalúrgica sobre el campo con Kouyaté, el buldozer de McArthur en su especie de rol híbrido de centrocampista y delantero y Jeffrey Schlupp por la izquierda con Wilfried Zaha en la derecha. Y Jordan Ayew en punta, claro. La iniciativa, como nadie podría haber adivinado jamás, fue para el Aston Villa. Para ellos, aunque nunca para hacer nada con ella. Pese al once desplegado del Palace, acabaron sometiendo por tramos a los “villanos”, persiguiendo sombras, incapaces de contactar con nadie de esa tierra remota llamada “ataque”. Con la la estúpida expulsión de un Trezeguet sufriendo para desenvolverse en la Premier y el golazo (ganador) de Jordan Ayew el Palace firmó una actuación injustamente cubierta de niebla cuando la posiblemente más injusta decisión final del árbitro Kevin Friend le costó al Villa el empate. Y sólo se habla de eso. Por eso, fui a ver el partido en diferido. Por si había algo más allá. Y tanto que si lo había: el Crystal Palace es cuarto.

4. Vardy no se va a ninguna parte

Contando la temporada pasada, Jamie Vardy llevaba cuatro jornadas seguidas sin marcar. Ahora, tras lo de este sábado, lleva cero; tras dos goles, tras una asistencia. Todavía son un tanto mixtas las reacciones al Leicester, sobre su veracidad como contediente a entrar en Champions League. Sin embargo, ellos hicieron lo que debían en el cumplimiento de su parte: ganar y con convicción. Es lo que hicieron con el Bournemouth. Gracias a todos, pero a nadie más que a Vardy. La electrizidad se palpaba, fruto de la irreverencia de ambos equipos, más que felices de entrar al intercambio de golpes, a correr tras el gol y nada más; es el principio de la temporada y hemos venido a divertirnos, un pensamiento que posiblemente cruzó la mente de ambos en algún momento. No como en la de Vardy, en la que es constante e inamovible esa idea, sea el punto que sea de la temporada. Siempre habrá un portero al que acosar, un balón largo con el equipo rival descolocado en campo contrario, metros libres y un nuevo momento con el que disfrutar.

Un perfecto pase, pero todavía más perfecta carrera y subsiguiente remate de Vardy, consciente y aprovechado de su superior velocidad ante centrales rivales, porteros entre dos tierras. Con una excelsa vaselina ahí y alrededor consumándose el momento de gloria. Si bien lo que demostraron fue compostura en Sheffield una semana atrás, aquí fue toda esa vivacidad ofensiva que quizás les faltó en aquella cita. No aquí, también porque el Bournemouth quiso entrar al trapo. Y empatar poco después del primer de gol de Vardy. Pero las armas locales eran casi irremediablemente superiores. Nunca fue imposible “volver” para los de Eddie Howe, aunque dio lo mismo. El Leicester se permitió dejar en el banquillo a Ayoze Pérez (tras una ligeramente decepcionante puesta en escena con su nuevo equipo) y a Denis Praet. Gracias a ello, Maddison, pasó al interior izquierdo, dejando la banda para Harvey Barnes y la otra para un clásico como Marc Albrighton. Aunque nadie más clásico que Jamie Vardy, dando la asistencia del segundo y marcando el tercero. Para el mejor Leicester que hemos visto desde el título de liga.

5. Otro partido en el que no pierden

El Southampton es un equipo difícil de entender. Para empezar porque tiene en Ralph Hasenhüttl a un entrenador germano-parlante pero sin un cargamento de jugadores alemanes como fue el caso en el Huddersfield de David Wagner y el del Norwich de Daniel Farke. Veías el partido contra el Manchester United y seguías sin entender muchísimo. Por un lado, Ralph les ha convertido en Southampton en un equipo muy aguerrido y competivivo que a grandes rasgos sabe presionar y que con eso parece inmune a los malos comienzos de las últimas dos temporadas. Pero por otro lado estás jugando con James Ward-Prowse y Sofiane Boufal en dos roles de capital importancia en la zona de tres cuartos. El hecho de que hayan pasado a ser jugadores que aportan, dinámicos a la hora de intentar acelerar el juego de su equipo, ya sea en la presión sin balón o cuando actúan una vez que ya lo tienen. Y que juegen centrados y no en banda como tal, evita desconexiones.

Pero da la sensación de haber un techo en ellos. Boufal, sin ir más lejos, estaba en el Celta cedido la temporada pasada subido, en esencia, a la chepa de Iago Aspas. Y luego está el doble pivote de este 1-4-2-2-2 que al antiguo técnico subcampeón de la Bundesliga tanto encandila. Esa medular es sólida con Oriol Romeu y Pierre-Emile Hojbjerg y de un nivel más alto que el dúo que tienen por delante. Pero con Hojbjerg da la sensación que un puesto de interior en un centro del campo de tres funcionaría todavía mejor. Aun así, su notable capacidad física, la calidad de Ings arriba, la presencia arriba también de Che Adams y la forma en la que tácticamente el equipo ha sido cosido, van camino de una extraña pero buena temporada después de otro encuentro sin caer derrotados.

6. Sensaciones depedientes de resultados

Si sólo no caer derrotado fuese suficiente para el Manchester United también, habría más felicidad, complicidad. Pero, lo has adivinado, “esto es el Manchester United”, que diría nuestro colega Ole. Al igual que contra el Chelsea, contra el Wolverhampton, contra el Crystal Palace, estuvieron más que correctos los Red Devils; al igual que en los dos últimos encuentros, se fueron con un botín menor y al cual están sujetos. Más reveses de estos y serán deborados por las narrativas en las que viven envueltos; el juego dejará de ser aceptable como hasta ahora y entonces sí que tendrán un problema. En Southampton empezaron bien y con tracción favorable, combinando bien de arriba a abajo, y en especial Juan Mata y Daniel James, encargándose el segundo de marcar.

Aunque los Saints salieron a morderles más de lo que lo hicieron Wolves o Palace, los muchachos de Solskjaer se adaptaron y sobrevivieron. Pero sólo sobrevivieron. Y por ello, que Victor Lindelöf no puediese hacer lo propio ante ese rascacielos llamado Janik Vestergaard, supuso la sumisión a un empate. Pogba, pese a la presión local, pudo desenvolverse con habilidad en la sala de máquinas; todo más o menos funcionaba. Pero no pudieron aplastar, maniatar al ya ilustrado difícil equipo de Ralph Hasenhüttl. Y parte de ello, puede que sea el hecho de que según lo que hemos podido comprobar en las carreras de ambos, el austriaco ha sido un entrenador más exitoso que Solskjaer. Aquí, con plantillas de calidad dispar, la recompensa se partió por la mitad. Aunque si los nervios se mantienen en su sitio, esto debería de dejar de sucederle al Manchester United.

7. No es imposible

En la balanza no dejan de ser buenas sensaciones las que ganan en peso para el Sheffield United. Lo hacen tras cuatro jornadas en la Premier League. Tras haberse enfrentado en la tercera y la cuarta jornada a Leicester y a Chelsea, respectivamente. En Londres, incluso cayendo dos goles a abajo, salieron “al otro lado” con el cuchillo entre los dientes, en forma de un punto más para su objetivo de salvarse. Nuevamente, lograron mantenerse reseñablemente enteros tácticamente, a pesar de que esta vez se supone que no debería haber sido suficiente. Pero este no era su primer rodeo con tres de los once titualares del equipo Blue, pues en él conformaban Fikayo Tomori, Mason Mount y Tammy Abraham; por no hablar de Frank Lampard como entrenador. Pero el propio Abraham marcó. Y volvió a hacerlo.

La jarra de agua fría caía sobre los chicos de Chris Wilder. Pero estos se repusieron, regresaron de vestuarios unos minutos antes del comienzo del segundo tiempo y se pusieron a calentar. No sabemos a ciencia cierta si fue por eso o no, pero en menos de un minuto de reanudación, Callum Robinson había actuado y había golpeado: dos a uno, y aquí, había partido. Lograron frenar muchos de los intentos de aceleración en las transiciones locales, repeliéndoles antes de que jamás llegase el tercero. Y en un centro de Callum Robinson (aficionados a Billy Sharp, para bien o para mal, creo que vais a tener que acostumbraros a este hombre bastante), Lys Mousset fue a rematar y Kourt Zouma a despejar, siendo el resultado un gol en propia del segundo. Para el empate, para el punto extraído por el Sheffield United de Stamford Bridge, también conocido como las entrañas de la Premier League. Porque quieren quedarse y porque no es imposible.

8. Por lo menos caerán bien mientras tanto

En las primeras jornadas de una temporada todo es muy confuso. En algunos casos, la confusión permanece hasta la trigesimoséptima jornada (no hasta la trigesimoctava, porque entonces ya hemos acabado y ya nos da todo igual), cuyos casos son preocupantes. Con el Chelsea no sé si llegaremos a entender lo que sucede porque es demasiado "anti-Chelsea". ¿Dónde están esas tardes de 2011, con Villas-Boas en el banquillo, Terry de “entrenador”, Oriol Romeu intentando asentarse donde sabe que pocos confían y Drogba y Torres en punta imprimiendo de una velocidad de vértigo a los ataques del equipo? El Chelsea ahora mola, incluso. Porque a diferencia de lo que yo pensaba que sucedería de inmediato, no les importa ser el segundo equipo más goleado en lo que vamos de liga, solamente por detrás del Norwich.

La idea, el concepto este de inocencia, en la que van a jugar de una vez por todas los jóvenes que no han jugado nunca, en la que Pulisic va a ser nuestro mejor jugador, en la que la pareja de centrales va a ser (ante la suplencia en esta ocasión de Christensen) Zouma-Tomori, en la que Emerson Palmieri va a tener un volumen descomunal de posesión... Pero funciona. O más o menos. Abraham es quien en insiste Lampard y, aunque hayan sido contra dos de los recién ascendidos, ha marcado cuatro goles. Les ves presionar, verticalizar lo más que puedan; estirarse y electrizar a los encuentros a pesar de que no tengan la calidad como para hacerlo y salir totalmente impunes. Con el paso de las jornadas deberían ir amoldándose todos entre sí y el sistema depurarse, las lagunas defensivas corregidas cuando esté N'Golo Kanté. Aunque de mientras, como el bueno de N'Golo, por lo menos caerán bien.

9. ¿Romperá al Manchester City?

La curiosidad por saber si hay algo que frenará al Manchester City en un futuro cercano es sofocada semana a semana por sus abrumadoras capacidades. La pregunta como tal no es constante, pues apenas guarda sentido cuando ves al Brighton ser arrollado con un gol, y otro, y otro, y otro. Hasta que son cuatro y la respuesta inexistente. ¿Qué respuesta va a haber sin la previa alienación de los astros? Pero sucedió algo en el partido crucial, algo impactante y no rutinario como la mayoría del resto de las cosas que sucedieron. Aymeric Laporte, por fin convocado esta semana con la selección francesa, caía lesionado; de forma preocupante, de forma aparentemente grave. Ya en verano, tras la sorprendente marcha de Vincent Kompany, se observaba en la zona central de la defensa como el (único) sector del equipo en el que la presencia de efectivos -y cómo de efectivos...- no era un simple y llano abuso como el resto de la plantilla.

Decía Guardiola, esta misma semana, que Laporte es el mejor central zurdo del mundo en la actualidad. Y es que es eso, sólo son tres los centrales del equipo, pero son muy buenos. El factor era el de profundidad, pues eran el nativo de la región francesa de Aquitania, Juan Piedras y Nicolás Otamendi (además del inexperimentado Eric García). Con Stones ya previamente de baja, es la profundidad pero más todavía el hecho de que haya caído -y parace que para un tiempo- el mejor de todos ellos. Terminó el partido Fernandinho en su lugar, junto a Otamendi. Algo que será primera elección hasta que vuelva Stones. ¿Es esa la baza que puede hundir al City? ¿Que les haga perder cuatro o cinco imperdonables puntos en su lucha con el Liverpool? Con el fichaje y el talento de Fernandinho puede que sea suficiente, pero esta quizás sea la ventana de oportunidad hacia un mundo en el que no tengamos (de forma consecutiva) a un nuevo triple ganador de la liga.

10. Yarmolenko desde la oscuridad

Es encantador ver al West Ham, creando expectativas que probablemente no podrán respaldar. El equipo, o parte de él, ha dado un claro paso al frente esta temporada. Pero solamente el ataque y esa defensa será expuesta con violencia por equipos más capaces que Watford y Norwich, quienes entre ambos solamente les marcaron un gol, pero que apenas pararon de crearles ocasiones en contra aun así. No obstante, dejemos eso para otro día y miremos sin más a donde todo son arcorisis, unicornios y cosas hecha puramente de caramelos: el ataque del West Ham. Sébastian Haller volvió a estar esplendoroso, como también tuvieron sus rigurosos momentos de brillo Felipe Anderson o Manuel Lanzini. Pero por delante de todos ellos, Andriy Yarmolenko. Aquella pareja fabulosa de extremos que él formó enUcrania antes de que ambos fueran a demostrar que podían replicarlo en las grandes ligas. Con Yevhen Konoplyanka no ha terminado de ser el caso; con Yarmolenko parece haber tiempo y oportunidad de que sí lo sea.

El Dortmund para él pareció ser demasiado o, al menos, no el sitio indicado. Sí el West Ham. Desembarcó y al comienzo de la temporada pasada ganó para el equipo un partido en campo del Everton. Eran tiempos de total ilusión. Camisetas con su nombre y dorsal número '9', incluso, seguían siendo vendidas en puestos ambulantes a la salida de partidos amistosos en Estados Unidos. Todo fluía, todo iba a ser maravilloso. Pero el destino truncó el paso de Yarmolenko con un West Ham en el que tan fácilmente había encajado. Una lesión del tendón de aquiles le arrastró por la oscuridad e incertidumbre que a casi todo deportista o persona arrastra semejante revés. Pero ha vuelto y contra el Norwich lo hizo marcando y yendo a celebrarlo con el cuerpo técnico del club que tanto le ha ayudado. Ahora quiere ser él quien ayude al club, de regreso, listo y capaz para ser en Londres la estrella que se vislumbró en los parajes de su hogar.

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