10 reflexiones tras el fin de semana en la Premier League
El Liverpool ganó, el Manchester City ganó, el Arsenal no ganó y entró en su mundo de catástrofes, con abucheos, capitanes, placajes y más cosas. Cosas, goles concretamente, marcó a patadas el Leicester en Southampton: figurativa y literalmente hablando. Con el Chelsea por fin se estrenó Pulisic y con el Norwich paró dos penaltis Tim Krul.
El Chelsea celebrando el gran día de Christian Pulisic

1. Desgastar al Tottenham

Los “goles esperados” reflejaron, porque ningún sistema de medición es infalible, un partido relativamente parejo entre Liverpool y Tottenham. Fue una paliza de los primeros sobre los segundos, pero en el marcador así como en los xG, no se terminó de reflejar. Lo que más importaba, sin embargo, que eran los tres puntos, fueron capturados. Después de que todo se desencajase habiendo pasado tan solo unos segundos de partido, marcando Harry Kane una fantástico gol, convirtiéndose en el proceso en el tercer máximo goleador de la historia del club. ¿Podrían dar la mega-ultra-híper-sorpresa y ganar? El gol les dio más aire a los muchachos de Pochettino del que muchos podrían haber esperado. Y a esperar, a que viniesen los mercenarios vestidos de rojo, dispuestos a liquidarles para seguir paso firme en su misión, la que todos los que confían en ellos desean: ganar la Premier League.

Hasta lo más cercano al gol llegaron, repetidas las veces en las que lo hicieron, Paulo Gazzaniga empezando por una y acabando con 12 paradas el partido. Algunas milagrosas, la docena suponiendo un récord de la presente temporada en la liga. Acumulando los Spurs todos los pequeños factores que les pudiesen guíar a una victoria que golpease, como un puño, en la mesa. Y entonces estuvieron a las más absolutas puertas de dar un golpe de efecto perfecta y potencialmente definitivo: un contraataque en el que Heung-min Son la tuvo, parecía que sí, sí, sí, y... se quedó sin ángulo y sin gol. Y el proceso de acoso y derribo volvería a ponerse en marcha para el Liverpool tras ese pequeño gran susto. El empate acabó dándose lugar, así como finalmente la remontada a través de un penalti convertido por Salah, por su máxima estrella, después de que Henderson marcase su primer gol en aproximadamente cincuenta años en Anfield. Porque hasta él te tumba, porque el desgaste fue demasiado. Algo sucedería y ese algo fue un gol suyo y un penalti de Aurier. Pero podría haber sido otro algo cualquiera. Porque ese desgaste fue y fue hasta que el Tottenham ya no pudo. Y el Liverpool sí.

2. Técnicamente la mayor destrucción de la historia de la Premier League

Un evento irremediablemente especial. Bajo la lluvia, ella torrencial, un viernes por la noche con mucha menos gente de la que podría viendo el partido, el Leicester dejó su huella llevándose por delante al Southampton, noqueado, en el suelo. De impresionante resultado, vislumbrante en los ojos de casi todos, humillados los más doloridos, la parte afectada: la que quedaba después de que todo hubiese sido arrasado. En un partido en el que todo quedó exagerado de forma insospechada, porque el Leicester es mejor equipo que el Southampton, y más todavía, tiene jugadores mucho mejores. Ellos marcaron la diferencia que hizo del reto presentado chatarra de forma eventual, cada golpe infligido imprimido de incredulidad. Lo normal hubiese sido que le entrasen cuatro al Leicester, quizás cinco, de los nueve goles. Pero entraron todos. Y todo pareció peor de lo que fue. Pero, inexorablemente, fue lo que fue. A pesar de que nadie lo hubiese avidinado cuando la lluvia era un impedimento que bien podía haber arrastrado a ambos un vacío existencial, al que sólo cayó el Southampton.

Y porque el Leicester le empujó. Y porque tras Ryan Bertrand, expulsado en el minuto doce con cero a uno en contra, todos sus compañeros cayeron detrás. Ben Chilwell, con ese desparpajo tan característicamente suyo, fue quien marcó. Poco después marcó Youri Tielemans. Menos todavía después Ayoze Pérez. "Vale, ya sabemos quién va ganar esto", pensábamos más de uno tras esos veinte minutos transcurridos. Y lo que siempre desemboca en un alto el fuego, en un trámite anodino, los chicos de Brendan Rodgers fueron a por todo y se hicieron con un pedacito de historia. Porque tras los tres mencionados marcó Ayoze otra vez, marcó Jamie Vardy, marcó Ayoze, marcó Vardy, marcó Maddison con una falta insigna y marcó Vardy. Y fueron nueve. Como los que le marcó el Manchester United al Ipswich en 1995. Como los que nadie había marcado fuera de casa en la Premier League. El Leicester lo hizo, para poner más ladrillos, porque al equipo le queda camino por recorrer, que no engañen los nueve goles, pero qué noche mágica para ellos.

3. No perder la perspectiva

Magia para ellos, pero no para todos. Porque era una competición sobre la cual el Southampton se hundió. Magia negra, brujería del peor tipo, los Saints perdieron sus halos en una noche mojada, y oscura; encendieses la luz que encendieses. Lamentando el paso del tiempo, queriendo que el dolor parase en un partido que fue demasiado de digerir, la surrealidad de la ocasión el único refugio para comprenderlo. El segundo equipo en la historia de la Premier League, en los últimos veintisiete años de la primera división inglesa, que disfrutó un 8-0 a favor y un 0-8 en contra. Antes de que fuesen nueve, claro. Hace más de cinco años acudió a ser derrotado con visceral contundencia el Sunderland a este mismo escenario; esta vez las tornas se giraron, esta vez el Southampton lo recibió. Se destaparon sus defectos de la forma más exagerada. Sólo podrían haber encajado más, realmente. El daño, aun así, en poco se hubiese diferenciado del que terminó siendo. Porque el Leicester era claramente el mejor equipo, pero esto no debía haber pasado, no estaba estipulado ni estaba atado a ninguna lógica. Pero la lluvia y la expulsión, y un Leicester desbordante en ambición, incesante en su carrera y acometidas, destruyeron al equipo de la costa sur. Que está ahora en descenso, porque la calidad brilla, grita por su ausencia.

En cuanto al trabajo global, táctico, de costura la diferencia entre ambos equipos no es tan abismal: lo es en la calidad individual de sus jugadores, de sus atacantes sobre todo. Pero Ralph Hasenhüttl está manteniendo en la pelea a un equipo que podría estar peor que el Watford y no lo está. La apatía futbolística fue mayor con Mauricio Pellegrino o con Mark Hughes, a pesar de que la apatía neta fuese violentamente parte de la procesión del viernes por la noche. Al Southampton le falta esa pizca, aunque sea más que una pizca, en defensa y en ataque. Un equipo hábil como equipo pero sin esas diferencias. Contemplativos quedaron, chillando por dentro y alguna vez por fuera. Los reportes, como se podía esperar, al acabar el partido eran de que Hasenhüttl podría ser despedido. Un equipo que pudo, debió haber ganado al Wolverampton con comodidad la semana, pero que empató y aquí perdió. Y que ahora va a jugar contra el City dos veces en cuatro días. Con las miradas perdidas, desoladas, los huesos internamente separados de los musculos y hechos añicos por dentro, de esas figuras que quedaban físicamente en pie. Pero vacías, porque no les dejaron y porque no pudieron.

4. Marcar más goles, marcar más goles

Esto es lo que hará el Manchester City, por encima de cualquier cosa. Sin defensas, porque centrales ahora mismo dos restan, pero ya no medio centros. El castillo de naipes se desmorona y al mismo tiempo no lo hace en absoluto, porque pueden meter más goles que nadie. Porque el City vive en la potencial posibilidad de marcar nueve casi cada día, así como para el Leicester es la suprema anomalía. Pero la defensa es vulnerable. Al Aston Villa no le entró ninguna pero perfectamente pudo. Y así seguirá siendo un tiempo, con Laporte lesionado, con Rodri lesionado; con Fernandinho expulsado; con Otamendi, por lo menos, ya de vuelta de sus propios problemas físicos. Y una academia absolutamente vanguardista, ahí para ser utilizada, exprimida ante la necesidad y que, sin embargo, opera como un ente totalmente ajeno al primer equipo del club dentro del cual opera.

Al filo defensivo al que ha querido actuar Guardiola desde siempre porque le salía a cuenta. Al final, un defensa del City defiende poco. Por diseño. Pero si son buenos defensas, esas veces verán su importancia reducida todavía más. De lo contrario, el Aston Villa te la puede liar. No fue aquí el caso porque aunque costó casi toda la primera parte, el City encontró la portería. Y no la soltó. También fue el caso porque no pudieron los “villanos” maximizar en las buenas ocasiones que sí tuvieron. Repeliendo el resto del tiempo, pero no lo suficiente, como sí fue capaz el Wolverhampton en este mismo escenario. Ni con un Jack Grealish cada vez más desenvuelto en la Premier League, formando en ataque; ni con un jugador, Marvelous Nakamba, que se llama literalmente “maravilloso”. Porque para maravilloso el devastador ataque del Manchester City.

5. Christian Pulisic y la cuestión que sólo era de tiempo

Tan abstraídos de mañana porque hoy lo es todo, porque hoy la pregunta es (era) por qué no juega. ¿Qué le pasa a Lampard? ¿Está ciego? ¿Quiere jugar con los sentimientos de todo un país sólo por placer, sólo porque puede? Finalmente, Christian Pulisic se abrió camino hasta el once titular del Chelsea, en Burnley, donde el fútbol sucede de manera distinta. Después de aparecer desde el banquillo en Champions, de aprovechar la oportunidad que le llegó y no escudarse en excusas de la poca confianza y todo ese rollo, por Turf Moor apareció, marcó, marcó y volvió a marcar. Un poco como el Leicester pero no tanto como el Leicester. Aunque más hábil, más reseñable su hat-trick que el de Ayoze o el Vardy, ya que fue perfecto. Con la izquierda, con la derecha y con la cabeza. Pulisic, al fin, pudo tener su fiesta de bienvenida: obtenida a pulso, el sabor tan dulce de a quien no le han puesto la alfombra roja a pesar de que, probablemente, deberían. O al menos eso es lo que sugerirían tantos millones como los que pagaron por él al Dortmund. Una estrella que sólo fue efímeramente eclipsada por Jadon Sancho.

Ahora, aquí, en Burnley o Stamford Bridge, con el Chelsea la situación parece que será idónea después de todo. De esa desconcertante infrautilización de Lampard, quien no argumentó que Pulisic le tenía que demostrar nada, sino que con el largo verano que había tenido la joven promesa norte americana no quería lanzarle a los leones de inmediato. Pero lo hizo con los leones de Sean Dyche, que te pueden masticar y escupir acto seguido como si nada. No fue el caso. No lo fue ni en el tercero ni en el segundo gol, pero sobre todo no lo fue en el primero. Donde Matthew Lowton acaba girado, confiando en tener su momento y espacio, intentado buscar una salida y, antes de que pudiese leventar la cabeza, Pulisic ya se había lanzado sobre él para quitarle el balón; para correr con él y definir con una destreza extraordinaria. Para abrir el tarro y no volver a cerrarlo. Con Tammy en la punta, con dos siendo la cantidad aparentemente idónea de media puntas o extremos, está Callum Hudson-Odoi, está Mason Mount, está Willian y está Pedro, pero también está Christian Pulisic.

6. Un estúpido partido y el Everton perdiendo otra vez

Aquí estamos otra vez. Después de una victoria del Everton en casa y... otra derrota fuera de casa. Intentando agarrar a su propio destino, con manos de mantequilla, un destino hecho de gelatina. Perdiendo, ganando y volviendo a perder. Pero en esta ocasión, en vez de un periodo de tres partidos diferentes, en un solo encuentro. En Brighton fueron fulminados por uno de los goles más violentos que he visto en años, el libre directo de Pascal Gross al palo largo para situar por delante en el marcador a su equipo. Por si hay algún despistado, ese equipo no es el Everton. Y así siguieron, en un encuentro tan de cero a cero como el Watford vs Bournemouth del siguiente punto, con la no pequeña diferencia de que ellos eran el Brighton pero sobre todo el Everton. Cinco minutos después del gol inaugural, llegó otro del Brighton... en la portería del Brighton. Tras un remate inicial de Richarlison, Adam Webster se marcó en propia para solucionar los problemas de los muchachos de Marco Silva. Un método seguro que duradero.

En este partido, en todo caso, eso les sirvió para que con un cuarto de hora por jugarse Dominic Calvert-Lewin apareciese y marcase el gol inminente ganador del Everton. Pues no, de inminente nada. Otra vez, el Everton, víctima de sus  incomprensibles síntomas para no ganar tampoco este partido. Una temporada que tenía que significar un paso adelante por fuerza. Ahora que el top-6 se ha abierto de la manera en la que lo ha hecho. Ahora que el Leicester demuestra dónde deberían estar ellos también. Pero no, el Everton donde estuvo fue en Brighton. Donde un torpe penalti, un pisotón inintencionado de Michael Keane, fue lo que Neal Maupay convirtió en las tablas nuevamente. “Vale, un empate, no es lo ideal pero es un punto”. Pues tampoco. Ataque del Brighton en el minuto 93, centro raso al área, hay que despejar porque viene Glenn Murray al otro lado y... gol en propia de Lucas Digne, victoria 3-2 del Brighton.

7. Esto es lo que es el Bournemouth que defiende

El Watford – Bournemouth es básicamente lo que debería haber sido el Brighton – Everton. Pero aquí no pasaron cosas raras, aquí Quique Sánchez Flores y Eddie Howe supervisaron un partido no especialmente bueno. Entre un equipo desesperado por ganar de una maldita vez y un equipo descubriendo nuevas facetas de sí mismo, si bien ello le puede estar costando caro ante equipos a los que debería ganar. Al Norwich deberieron haberle ganado, al Watford también. Sin embargo, por el contrario, lograron por el camino algo no especialmente prevalente en ellos: dos porterías a cero, seguidas. No quiso colaborar Gerard Deulofeu con dicha causa. Por ello, intentó desde un córner marcar un gol olímpico.

El karma no fue tan solo instantáneo con el hecho de que se quedó tan cerca, dándole al primer palo, sino que para ser castigado por su osadía el balón quedó perfectamente suelto, franco para que alguien de su equipo lo rematase preciosamente a gol. Ese alguien fue el central Craig Dawson y la remató pero ni preciosamente ni a gol. Y así se quedaron, desde ahí hasta el final. Con el ímpetu característico de un equipo que quiere ganar y que quiere hacerlo ya, atosigaron al Bournemouth. Les apretaron, pero nadie, ni Deulofeu ni Dawson ni ningún otro, superó ese último obstáculo llamado portero. Tampoco, cuando encontraron su presencia en el partido, las “cerezas”, quienes atacan o defienden, pero no las dos cosas. Porque la segunda es de muchas formas el último paso, esa evolución tan esperada de Eddie Howe como entrenador. “Sube las prestaciones defensivas, al Bournemouth a pelear por Europa y tú subirás a una estratosfera enteramente nueva”. Sin embargo, esto parece el prototipo del Bournemouth que defiende, que empata a cero con Norwich y Watford.

8, El West Ham que nunca nos abandonará

Si por un lado al Bournemouth, a pesar de ser un paso deportivamente natural, pedirle llegar más lejos de lo que ya lo ha hecho es una posiblemente injusta exigencia, al West Ham en cambio no. ¿Pero qué narices hacen? ¿Otra vez? ¿En serio? Y lo cierto, aun así, es que no es tan sorprendente. Frustrante para propios y extraños cómo la tracción nunca es obtenida por un equipo con no todas pero sí muchas de las armas para estar donde el Leicester ahora mismo. La frustración, no obstante, es parte del menú del día. De todos y cada uno de los días. Probablemente esté en la carta de de gustación ya, considerando lo refinado que tienen ya el proceso. Porque eso es lo que es ver cómo Jordan Ayew hace tres semanas, el inoperante ataque del Everton la pasada y Lys Mousset esta las que arrastran los sueños del West Ham por el barro. Podrían haber sido nueve puntos y es solamente uno. Porque Sebastien Haller está muy bien, porque Felipe Anderson está muy bien, porque Andriy Yarmolenko está muy bien; pero el West Ham sigue sin estar muy bien. Incapaz, una vez más, de clavar el punto idóneo entre una defensa mejorable y un ataque estelar; nunca consigue dar con el equilibrio preciso, ni siquiera con “El Ingeniero”. Y si no lo puede hacer un ingenerio...

Quizás el West Ham no tenga remedio o quizás sí, pero los intentos siguen sin ser fructuosos. Algo, si no una cosa la otra, falla. Y te acaba ganando un jugador con nombre de postre y que no es necesariamente evidente el hecho de que llevaba tres años cuajado al banquillo del Bournemouth. Lys Mousset ganó el partido para el Sheffield United el lunes en la visita del Arsenal y de aquí rescató un punto. De donde el West Ham actúa y con un superlativa clase, así como la que desplegó en todo su esplendor Yarmolenko más de una vez pero ninguna tan impactante como en el pase, en la asisntencia de gol, a Robert Snodgrass. Todo tan cerca, de ser magnificado, de ser asegurado. Y algo falla. Como el simple hecho de que Lukasz Fabianski se ha lesionado y Roberto Jiménez no es igual de bueno. No fue culpa suya el gol, si bien siempre hay margen de mejora. Y cuando los pequeños detalles, aquellos con los que Fabianski por ejemplo sobrecompensa, no rompen a tu favor, el resultado rompe en favor de un empate con el Sheffield United.

9. La lenta y rápida implosión del Arsenal; aunque por encima del cuerpo de Guendouzi

El Arsenal ya es ese club. Cualquier absurdamente ingenua noción de que “es un club da confianza a los entrenadores”, basada por supuesto en un solo entrenador al que contrataron hace un billón de años, está perdiendo sus últimos resquicios de materia ante este comienzo de temporada, donde todo iba a subir un escalón y este equipo iba ir a codearse donde sus jugadores indican que deberían. El primer año de Unai Emery sólo se justificaba con un rampante segundo curso, donde serían implacables como mínimo ante equipos como el Crystal Palace en el Emirates. Pero siendo todo lo contrario, la cuerda se tensa, así como los aficionados; dos de los más respetados entre la opinión del entorno del club, Andrew Mangan (@arseblog en Twitter) y James McNicholas (@gunnerblog), pidiendo la marcha de Emery; esperándola como mínimo. Y no estamos hablando aquí del circo ambulante de Arsenal Fan TV. Las cosas no están funcionado y, por lo tanto, están chocando de frente con las expectativas que había. Porque eran muchas y muy altas, que no por ello injustificadas. Al menos al Crystal Palace iban a ganarle tras ponerse todo de cara ni siquiera diez minutos adentrados en el partido.

Gol en el minuto siete, gol en el minuto nueve; y lo que es más inverosímil todavía: gol de Sokratis y gol de David Luiz. Así estábamos, atónitos. Pero no habíamos visto nada, porque entonces el Crystal Palace, y conviene recalcar este hecho a pesar de lo bien que ha empezado el equipo esta temporada, empezó a crecer y a crecer en el partido, acercándose a su rival con un gol de penalti de Luka Milivojevic; poniéndose cara a cara con él con el empate más tarde. Todo muy Arsenal, un concepto de impresionante resistencia, sea el entrenador de un lugar llamado Strasburg o de otro llamado Hondarribia. Y luego lo de Xhaka, porque tomes el posicionamiento que tomes en el asunto, la absurdez de que ocurriese sólo podía ser en el Emirates. Y luego un gol incomprensiblemente anulado privando a los locales del triunfo. Y luego Matteo Guendouzi cerrando con broche de oro este partido de la Copa Mundial de Rubgy con un placaje absolutamente asombroso sobre Wilfried Zaha. Porque ya había visto suficiente y porque tendrían que pasar por encima de él para que la herida del Arsenal se abriese más.

10. Ganarles a los peores por lo menos

En el Manchester United hoy en día se acepta lo que venga: un banquillo lleno de adolescentes, Andreas Pereira de supuesto faro en la oscuridad, una victoria aunque sólo sea en Norwich. Que venga todo. Mejor eso que nada. Y en la jaula de los “canarios” encerraron a los propios locales y por fin pudieron soltarse en ataque los chicos de Solskjaer. Volvió Anthony Martial y, considerando que casi tienen que jugar con diez cuando no está, pues fue más que bienvenido. Y así pudieron combinar y correr. Puede que sin la mayor preciosión del mundo pero sí con ímpetu, desparpajo. Puede que con un poco demasiado de ambas cosas Daniel James, forzando uno de los penaltis más lamentables e infendibles posibles. Uno que el árbitro acertó de pleno en primera instancia no pitando. Pero luego se fue a revisión del VAR y, por azares del destino, la decisión se revirtió para que sí fuese penalti. Quizás la señal del partido que se coló en la sala de repeticiones visuales fue la de este mismo partido pero en una dimensión paralela, donde todo es muy parecido y sólo hay pequeñas diferencias.

Pero el caso que tras obtener insospechados frutos el piscinero más notable que ha visto la Premier League en un tiempecito, Daniel James, Marcus Rashford no pudo recoger mayores frutos, negándoselos Tim Krul. Lo cual había sucedido después de que Scott McTominay de toda la gente posible adelantase al United. Para hacernos todos una buena idea de las capacidades defensivas del Norwich, quien cometería otro penalti, este sí más aceptable. Pero también fallable para Martial, siendo repelido por Tim Krul, otra vez. El primer portero en parar dos penaltis en un partido de la Premier League desde su compatriota holandés Marteen Stekelenburg hace tres años y pico con el Everton, contra el otro equipo de Manchester. Krul, en esencia, hizo todo lo que pudo. Pero el resto de la defensa es la que es y Rashford y Martial, esta vez sí, los dos, sentenciaron. Antes de que Onel Hernández cerrase la cuenta goleadora del partido. Con el primer gol cubano de la historia de la Premier League. ¿Qué cómo es un gol cubano? Pues como todos los demás, sólo que marcado por uno.

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