10 reflexiones tras el fin de semana en la Premier League
En una nueva jornada de la élite del fútbol inglés el Liverpool y el Manchester City volvieron a demostrar que no se les puede parar, hagas lo que hagas, les empujes hasta donde les empujes; el Chelsea demostró, con cada vez más certeza, que es un equipo legítimamente bueno; tres cuartos de lo mismo el Leicester. Y, dentro de sus capacidades, también el Sheffield United. El Manchester United volvió a caer y eso. Y en cambio, como algo totalmente inverosímil, el Newcastle marcó tres goles fuera de casa.
El Aston Villa lo intentó

1. Molestamente ganadores

Y dale, venga, que sí, otra victoria, otro gol en el descuento para conseguirla. Que sí, que ya lo hemos pillado. Que ganáis hasta el punto de ser cansinos. Mi inmediata reacción al ver el resumen del partido del Liverpool en Birmingham. Porque no sabía el resultado de antemano, porque el Villa se había adelantado, el Liverpool empatado y en el descuento seguían así. Pero una vez más, otro gol cuando el partido en esencia ya había terminado, ya se había ido la gente a casa; el Liverpool va y marca otra vez para ganar. Para resultar extremadamente cansinos dentro de la la simultánea admiración que producen. Un equipo al que ya casi aburre ver ganar y que no ha ganado la liga en tropecientosmil años. Una paradoja muy curiosa, muy de nuestro tiempo, muy del Liverpool. Porque hay una diferencia, también, respecto a un City al que enseguida llegaremos. No son los incontestablemente mejores. Eso lo siguen siendo el City. Pero ganan, a través de alguna vía de difícil comprensión existencial, y lo vuelven a hacer. Partidos que, como es obvio, merecen ganar todos.

Pero no exactamente de la misma forma que el mamut futbolístico que son los Cityzens. Al borde del colapso, ya tantas veces que prácticamente entiendes que no es más que una ilusión: van a ganar igual. Incluso cuando temes que no, que esta vez no. Esta vez también. Porque sí, al Manchester United no le ganaron, pero a todos los demás sí. Y no, este tampoco, este otro tampoco. Nadie revienta la burbuja, nadie frena al tren porque es básicamente imparable. Porque como un carnero va a chocar y a chocar y vas a caer. De nuevo, no con ese mismo esteticismo casi imposible del Manchester City, pero al final estamos viendo que con los mismos resultados. Los que les acercan un poco más a esa liga tan soñada, a ese momento en que se han jugado todos los partidos de la competición y han ganado. Sea superando al Aston Villa con otro absurdo gol ganador en el descuento. Sin parar, venga, otra vez. Una liga que quizás simplemente sea imposible por factores que nunca entedamos. Pero lo que es imposible ahora mismo es derrotar al Liverpool.

2. Molestamente ganadores (II)

Porque si el Liverpool es incesante, es el Manchester City el que ha creado el juego de ser incesante. Puede parecer que no, con derrotas en Norwich y contra Wolverhampton, pero sigue siendo un despropósito el ritmo de Guardiola, de sus chicos, en su ya cuarto año juntos. El desgaste no hay quien lo encuentre. Porque si estos absurdos niveles de rendimiento son encima sostenibles, ¿qué queda? Pues no mucho, pero sí todavía el hecho de que el desgaste puede estar a la vuelta de cada esquina; apareciendo de repente y para cargarse por completo una temporada, una misión que no permite apenas fallos. Ya han sufrido dos reveses. Pero no otro desde el segundo. Incluso cuando más cerca parecían de hacerlo, incluso contra uno de los rivales más improbables en hacerlo, en frenarles. Pasó casi lo mismo que en Villa Park, donde Trezeguet (el nuevo) marcó y llegada la recta final ese gol todavía suponía estar perdiendo para los actuales líderes de la competición. Y es que en el Etihad casi lo mismo. Allí fue a los veintiún minutos, aquí, en el duomo del petrodolar futbolístico, a los trece minutos fue el primer gol. El gol del equipo que no debía marcarlo, que debía encajarlo.

James Ward-Prowse para los Saints, en esos pequeños destellos de un jugador al que ya probablemente nunca se le termine tomar el pulso; porque siempre estarán en esos momentos de brillantez sutil y no tan sutil, pero todo el resto del tiempo un futbolista inconcreto, no especialmente hábil en el pase pese a su depurada técnica con el balón, que no es un incansable portento físico, ni un llegador, ni regateador. Pero es, aun con todo eso, un jugador apto. Y el Southampton un equipo apto, después de todo. Porque qué peor que encajar un 0-9 y tener que jugar dos partidos seguidos tras ello contra el Manchester City. No obstante, lograron competir con agresión, enseñando los dientes. No quedó en demasiado. En puntos ninguno, pero si saben interpretarlo lograrán extraer el valor de haber sido capaces de empujar a los Sky Blues. Que para cuando el Liverpool empató, ellos habían remontado. Pero fue el minuto antes, empatando Kyle Walker en el setenta, ganando Agüero en el ochenta y seis. Porque las embestidas, al únisono entre ambos equipos, entre Reds y Cityzens, son como probablemente no hemos visto antes.

3. Una aberración pero también la realidad

No había visto el partido. Por no seguir, no había ni seguido el resultado en directo. Al cazar el resumen del partido, justo tras acabar el mismo, vi un gol del Newcastle, vi otro gol del Newcastle, vi un tercer gol del Newcastle. Sin respuesta cada uno de ellos. Contra un equipo supuestamente mejor. En el estadio de ese equipo. Al final las cosas volvieron un poco a su sitio, con ese equipo, el West Ham, marcando dos goles y quedando todos mal. Porque se demostró en el proceso, de cierta manera, que el Newcastle no es un equipo para ganar 0-3 en Londres. "En Londres". Ni al West Ham ni a nadie, claro. Pero se pudo llevar los tres puntos porque no quedó tiempo para que no se los llevase. También porque todos tienen derecho a un día de alegría; de esa inocencia que Jonjo Shelvey siempre exhibe y en esta ocasión como hacía años que no lo hacía. Porque Shelvey desprende habilidad técnica y desparpajo contenido, pero nunca consistencia y por eso estamos hoy aquí, así. Como Andy Carroll, anclado al banquillo, volviendo a su hábitat natural. Lo anticlimático hubiese sido que saliese de titular. Probablemente habría estorbado más que nada, que es exactamente para lo que le sacó Steve Bruce en el minuto 89 cuando el West Ham les estaba tirando hasta la vajilla intentando empatar el partido.

Uno que les fue de las manos a los Ingeniero Boys cuando el Shelvey puso un despampanante centro que, dos cabezazos después, encontró el fondo de la portería. El desmadre del West Ham no hizo más que proseguir cinco minutos más tarde cuando Allan Saint-Maximan la colgó al área para que Federico Fernández marcase, después de que lo hiciese otro central, Ciaran Clark. Para terminar de burlarse del West Ham, golazo de falta de Shelvey por la esquina inferior de la portería. Acabaron dos a tres porque el equipo bueno es el que perdió. Pero, evidentemente, no lo suficientemente bueno para ganar. Comentando el partido inmediatamente después con una persona, esa persona me dijo que el Newcastle había jugado muy bien. Opinión sustentada por otra persona que estaba presente junto a la primera persona: Nacho González. Le dije a la primera persona, por mensaje, básicamente, que si ese había sido el caso el West Ham debería retirarse de la competición. Tras lo cual Nacho cogió el teléfono móvil de esa persona para mandarme personalmente un (posiblemente justificado) feo gesto con el dedo corazón complementado por una perfecta cara de desdén. Y esa es mi historia con el West Ham vs. Newcastle de este pasado fin de semana.

4. Otra portería a cero

Que el Bournemouth se pueda convertir en un “asqueroso” equipo de un “1-0 a favor” es una de las más intrigantes sub-tramas del momento en la Premier League. Porque si bien venía a este sábado con dos partidos consecutivos dejando la portería a cero (contra malos equipos como Norwich y Watford, todo sea dicho), por contra no habían marcado ellos tampoco. Ni siquiera hace tres partidos, en su derrota por uno a cero en el Emirates. Estaban aprendiendo a defender por primera vez en su vida las “cerezas”, ¿pero a qué precio? Pues aparentemente a ninguno, pues ante una buena defensa como la del Manchester United de Solskjaer acabaron venciendo, imponiendo su voluntad. Para ganar, por la mínima, pero para ganar al fin y al cabo. Porque, aunque fuese contra Norwich y Watford, parece que retuvieron lo aprendido. O quizás es que el United entra en la misma categoría que Watford y Norwich. Porque este fue uno de los peores partidos de la temporada del United. Y ya sabemos lo... erhm... ¿bajo? que estaba el listón. No, en realidad estaba alto.

El Bournemouth no sólo ganó, superó al United. Las manos se irán a la cabeza, el dogma de Solskjaer de "esto es el... blah, blah, blah" será repetido por tantos y tantos analistas. Porque la incomprensión, la tristeza se apodera de muchos quienes vieron a los Red Devils reinar; durante tanto y con tanta contundencia en ocasiones. Es duro de procesar porque a uno le hace acordarse de lo efímero de la existencia, de lo fácil que es la caída de aquello que se consideraba seguro. El Bournemouth es un equipo de "tercera división" como mucho. Y aquí está, sin embargo. Logrando que ninguna ocasión del United se hiciera camino hasta el área pequeña hasta el minuto 81. Ni que decir tiene que todos los disparos desde su casa de los visitantes no hicieron ni viento, no causaron ningún impacto. Pero sí lo había hecho Josh King marcando a través de una fabulosa maniobra el gol ganador. Porque siguen sabiendo marcar, incluso si sus dos extremos (Ryan Fraser y David Brooks) uno no está tan brillante como el año pasado y el otro directamente no está. El peligro, la posibilidad de avanzar a un nuevo escalón sigue ahí para el Bournemouth.

5. Deslizándose hacia el abismo

Para el Norwich la esperanza está perdiendo casi todo el oxígeno. Puede parecer que no lo hace, siendo tan pronto en la temporada técnicamente no lo va a hacer, pero las sensaciones no podrían estar siendo peores. Una victoria icónica contra el Manchester City; "el final" de su temporada. No han vuelto a encontrar solución alguna, mientras que los problemas se han multiplicado, como los panes, y los peces. Toda la magía parece perdida. Todo lo que camuflaba a su vertedero en llamas de defensa ha perdido efecto. Pukki ha regresado a su nivel más sostenible. Es decir, a uno no precisamente estelar. Y el trabajo ofensivo es demasiado, acaba fuera de alcance, no ya contra uno de los equipos del top-6: contra el Burnley, contra el Crystal Palace o contra el Brighton. Vamos a obviar decir Manchester United también, que ya les hemos atizado lo suficiente. Este sábado fue contra uno de sus rivales directos, contra el mencionado Brighton.

Y no fue particularmente competitivo, para hacer sonar así todas las alarmas. Que seguirán sonanado y que, posiblemente, probablemente, se cobren la presencia de alguien. Son muchas derrotas ya, son actuaciones que no les han situado ni cerca de la victoria. Necesitan llegar lo más lejos posible con una oportunidad de dar un golpe de efecto. Si no, todo se vendrá abajo. Empezando por Daniel Farke, que acabará en dicho caso enviado a la puerta de embarque del aeropuerto más cercano. Pero no es sorprendente cuando los refuerzos fueron casi nulos cuando el verano les dio la oportunidad de hacerlos. Se les elogió subir con desconocidos, y con razón. Se les deberá criticar cuando eso mismo les envíe de vuelta con violencia. El Brighton, cosido entre sí de forma mucho más depurada, vino, vio y conquistó. Con un precioso remate al primer palo de Leandro Trossard, con un hábil remate de Shane Duffy para el segundo. Con dos centros, de un equipo dominando cada vez más vertientes del juego contra otro que ya casi no domina ninguno.

6. Como nadie les hubiese imaginado

No son ni una fracción de la broma de equipo como la que algunos les querían presentar, por comodidad, por cumplir una función narrativa. El Sheffield United es ahora mismo el mejor de los tres recién ascendidos y no está precisamente cerca del segundo. Un equipo divertido, rápido, efectivo, al que da gusto ver y que pasó por encima del Burnley. Se llevaron por delante a sus contrincantes en un partido que podría haber acabado con un 0.2 en “goles esperados” para cada equipo y a nadie le hubiese sorprendido. No fue el caso ni un poquito. Con brío, con imaginación, con firmeza... El Sheffield United puso todas las cartas sobre la mesa y ganó. El Burnley, el Burnley, acabó totalmente desencajado, tan manipulado por un equipo rival como es humanamente posible manipular al Burnley. Moviéndoles, descosiéndoles, mandándoles con un 3-0 a los vestuarios; porque, así es, no había acabado ni la primera parte cuando el Sheffield United había devastado.

Con velocidad y cubos de determinación, con casi la misma jugada que originó el 1-0 llevándoles al 2-0. Un avance del carrilero (y/o lateral con más regates completados de la Premier League) Enda Stevens corriendo, con la misión más clara que el agua que se bebió por la mañana. Centrando acto seguido, el improbable Lys Mousset interviniendo o simplemente interviniendo al no intervenir y John Lundstram, el más tronco de todo el once, marcando y volviendo a marcar. Dos-cero, con todo el brillo, con el completo furor desatado en los asientos. Para elevar los niveles de espectáculo, de brillantez y emoción, John Fleck puso el tres cero. De nuevo con el Burnley patinando sobre el césped ante las abrumadora secuencias locales. Que desplegadas serían una y otra vez más en la segunda mitad, quedándose tan cerca el cuarto, el hat-trick de Lundstram incluso. Pero, en todo caso, con los tres puntos al final, dejándoles sextos en la clasficación. Impensable, desestimado incluso, pero un hecho tan real como vas a encontrar uno.

7. Esto es un problema

Mientras las sirenas suenan de fondo, tan de fondo que ni siquiera las oyes ya, en algún lugar de Santiago, de los suburbios de Detroit, de Marrakesh, o de Londres... Es precisamente en la capital inglesa donde ya pueden estar sonando, que no van a atender a la más grave causa, a la más inquietantemente de la Premier League actual: el Arsenal. Donde todo parecía predestinado para girar y ponérseles exactamente de cara. Tras un año en el que estaban camino de volver a la Champions League, de ganar la Europa League y, en el último instante, todo se prendió fuego. Uno más devastador de lo que el supuesto remedio a las heridas está siendo capaz con Nicolás Pépé o Dani Ceballos. La apuesta había sido doblada y, con una larga temporada todavía por delante, en la que todo puede cambiar, todo se está hundiendo sin embargo. No ya la apuesta, sino el casino entero. De la manera más frustrante posible, de esa manera que el Arsenal ya parece haber dominado, especializado.

Nadie lo hace como ellos, esa internamente histérica angustia existencial, donde nada nunca es lo suficientemente grave para que sea un problema de verdad; porque son el Arsenal y de alguna forma demasiado grandes como para fracasar. La caída nunca es fatídica; la cura nunca es completa. Unai Emery es ahora el entrenador y se están convirtiendo peligrosamente en un caricatura de sí mismos más absurda que con Wenger. Afortundamente, o no, el listón está muy alto. Porque no os dejéis llevar por los vendores ambulantes de falsas memorias, de la “reescritura” de la historia. El Arsenal no estaba mejor con Wenger en los años finales y no hay nada que tenían entonces que hayan perdido. Eran un absoluto desastre y ahora, por lo que parece, también. Atascados en las inexorables tendencias camaleónicas de Emery como estratega, dejando que un Wolverhampton les pase la mano por la cara y saque un empate del Emirates más que merecido. Sea lo que sea que signifique "merecido". Unos Wolves que hace dos semanas le crearon como un total media ocasión de gol al Southampton en todo el partido. Al Southampton. Y el Arsenal, con un problema cada vez más serio, acabó igual: empatando a uno.

8. Legítimamente buenos

Solamente el Sheffield United está superando expecativas por encima de lo que lo está haciendo el Chelsea. Ni el Liverpool, ni el City, ni siquiera el Leicester. Hay algo especial en este Chelsea, una anómala sensación transmitida no desde la primera jornada, porque, claro, 4-0 del Manchester United... pero sí desde la siguiente. Y han crecido sobre ello, han construido. Y crecido. Y construido. Ahora son el favorito a terminar la Premier League tercero, siendo su rival más duro ahora mismo el Leicester. El Tottenham está envuelto en una tormenta no insuperable pero sí dañína, el Arsenal es el Arsenal como ya hemos explicado... y el Manchester United tiene graves faltas de talento. Algo que también tenía el Chelsea. O al menos eso nos decía la lógica. Pero no, todos y cada uno de ellos han respondido al reto. Al Watford salieron a desmantelarle y, básicamente, lo consiguieron.

El ritmo general del equipo, de los pequeños cortes, de los pequeños cortes que están convirtiendo en hábito en sus partidos, volvió a ser parte de su actuación ante los chicos de Quique Sánchez Flores. Y para incidir, para perforar en un equipo rival Jorginho es de los mejores que puedes encontrar y la mera sugerencia de que podrían haber prescindido de él en verano es ahora incluso más demencial que antes. Un cinematográfico pase para que Tammy Abraham completase con aquello para lo cual tan capacitado está demostrando estar: marcar goles. Y aunque el Watford encontraría sus momentos, sólo un arreón final, ya con 1-2, tras otro gol de Christian Pulisic y una respuesta de Deulofeu, hizo de este partido uno realmente competitivo. Casi, casi arrancan el punto más improbable con un heroico remate de cabeza de Ben Foster (que ya tiene los mismos remates a puerta este año que Divock Origi o Paul Pogba) que Kepa detuvo, para reforzar todavía más a un equipo que sí, cuando más preguntas había, se está convirtiendo en uno legítimamente bueno.

9. "VARDY... LO GANA"

Así como el Southampton fue expuesto sin ninguna clase de remedio, pudiendo atropellarle el Leicester tantas veces como quiso, al ritmo y a la velocidad que quiso, el Crystal Palace fue otro reto. Pero también superado, al fin y al cabo. Áspero, rocoso, inflexible en su robustez, contra los londinenses iban a tener que insistir los "zorros" y reaccionar a cualquier contragolpe que Wilfried Zaha convirtiese en victoria. Todo tuvo, sin embargo, un aire y una sensción de control por todas las partes, siendo la que más calidad tenía (la del Leicester) la que escapó con los tres puntos, el triunfo. La que más calidad tenía, la que mejor equipo era. Porque eso es lo que era el Leicester aquí. Imprimiendo algo más de peligro a sus golpes, más afilado en sus ataques, que casi siempre acaban siendo ese poquito mejor. Al final se aculuma. Y ganas. Aunque también, también, hay una desconcertante falta de volumen ofensivo en el equipo. Es algo que no terminas de entender, porque eso es lo que todo equipo grande tiene: volumen de acción. No le está impidiendo mantener el ritmo de los puestos Champions, siendo City y Liverpool los únicos que quedan por delante, y es un margen de mejora que si lo llegan a cubrir podríamos ver una versión más ingobernable, menos sujeta al acierto: porque habrá otra ocasión y otra ocasión.

En otras palabras, el Leicester es tercero y aun así tiene un claro y alcanzable potencial para ser aún mejor. Porque se puede permitir que sus dos extremos, Ayoze Pérez y Harvey Barnes, estén ofreciendo un rendimiento de lo más ordinario, ya que ganan igual. Porque en las pequeñas aperturas están ahí. Cuando Gary Cahill y James Tomkins se quedan clavados en un córner esperando la embestida hacia portería de Jonny Evans, Çaglar Söyüncü está ahí para marcar en absoluto solitario. Porque cuando el más errático de sus jugadores, Demarai Gray, obtiene la oportunidad, él está ahí. También. En un gol, el segundo, de una descomunal belleza. Youri Tielemans empezando desde la línea lateral, buscando a Gray, dejando éste el balón pasar a Vardy que se la da finalmente a Gray, que se la devuelve para... “VARDY... LO GANA”, como expresaba el narrador de la señal internacional de la Premier League.

10 Lo mejor... no, lo peor para el final

Podría venir aquí y decir que el Everton contra el Tottenham fue un buen partido de fútbol, pero estaría mintiendo. Se temía una bazofia y fue una bazofia entre dos equipos no especialmente buenos, al menos últimamente. En el caso del Tottenham, acorde a su calidad de jugadores, uno directamente malo. ¿Quién se llevaría el mayor golpe de este duelo de los horrores? Pues la respuesta ha resultado ser los dos y, en un sentido menos metafórico, André Gomes, fuera para toda la temporada como mínimo. Es que todo fue horrible, empezando por el juego y terminando por eso. En casa del agotado todo es estrés y, en el Tottenham, también salieron directamente malparados de lo de Gomes. No solamante Son tuvo que sufrir el maltrago de la culpabilidad por lo que acabó pasando (Seamus Coleman y varios de sus compañeros del Everton fueron al vestuario visitante a consolarle tras el partido) sino que además fue injustamente expulsado. Una entrada que fue de amarilla y que, acto seguido, vio a Gomes partirse el tobillo por unas treinta y seis partes. Tres partidos sancionado uno de los mejores jugadores de un equipo sin dirección de rumbo ninguna. Una expulsión que, además, es un peligroso precedente ya que se materializó únicamente tras el uso del VAR y, dando a entender el acta oficial, que por haber caído Gomes lesionado, a pesar de que fuese ya un evento posterior.

Y no expulsado, pero Serge Aurier también se llevó el trauma (como si no tuviese ya caos en esa cabeza) de impactar con Gomes cuando ese tobillo ya había empezado girar en la dirección que no debía. Desgracia allí por donde mirases (menos en el gol de Cenk Tosun, porque un gol de Cenk Tosun siempre es motivo de alegría), una horripilante lesión que Gomes deberá sufrir en soledad, de la que tratará de volver, con Son y Aurier además cargando con la culpa, insacudible de forma completa. El VAR negando un penalti al Tottenham que lo era. Pero todos sabemos que exagerar la existencia de un penalti lo invalida porque así funciona el fútbol. Y luego una mano dentro del área que podría haber sido perfectamente a favor del Everton. Entre medias mucho mal juego; peor del Tottenham, pero con un gol recompensado; mejor del Everton, al final con un gol también recompensado. Un punto, para todos insuficiente, en unas tónicas que no se revierten, que se agudizan. Porque la vida puede ser el más bello de los colores y también puede ser la más oscura de oscuridades.

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