5 reflexiones tras los cuartos de final de la Champions League
La Champions League nos dejó extasiados con su antepenúltima ronda. El Liverpool pasó con comodidad, el Manchester United fue desbaratado con comodidad y con todo menos, precisamente, comodidad se resolvió la locura que vio pasar a los Spurs en el abrumadoramente frenético e increíble Manchester City-Tottenham.
Fernando Llorente marcó cuando más le necesitaban

1. Increíblemente y, aun así, por fin

Es difícil resumir al Tottenham y sobre todo el partido que les ha hecho avanzar a las semifinales de la Champions League. Uno de los partidos de la temporada, sin lugar a dudas. Una explosión que al final vio a los Spurs salir al otro lado y no al Manchester City. Es normal, los segundos están construidos para a ganar a través de un dominio extenuante. Y casi se salieron con la suya, con un gol que tan sólo lo fue durante algo más de un minuto. El mero hecho de que los Spurs llegaron a este pasado miércoles con la oportunidad con la que lo hicieron era de un merito colosal; acabar pasando era absurdo. Debieron haber sido eliminados en la fase de grupos y ello hubiese sido un reflejo más lógico de la materia prima de la que disponen. Que se lesionó Moussa Sissoko en el Etihad y era casi el fin del mundo, por el amor de Dios. Que acabaron con un Víctor Wanyama que apenas estaba sano, con un Dele Alli que estaba lesionado, con Fernando Llorente contra uno de los mejores equipos del mundo. Lo que pasó en esos primeros doce minutos fue asombroso, una maravilla que nadie esperaba. Pero no fue más que el principio de una velada para la historia y el principio del fin.

Me comentaba un amigo del Tottenham lo que bien que sienta esta descomunal victoria después de todos los años vividos con Martin Jol, Juande Ramos o Tim Sherwood. La lógica no dice que deberían estar tan por encima de aquellos equipos. Sin embargo, Pochettino y sus jugadores han doblegado a esa lógica para llegar a unas semifinales de la Copa de Europa cincuenta y siete años más tarde. Para mucha gente, enamorados de una cierta idea de lo que se supone que este equipo, este club (Spursy...), el Tottenham tenía que pasar. Porque si de algo ha sido este proyecto víctima es de su propio éxito. Para muchos si no ganas, mejor que no llegues. No “juegues con nuestros sentimientos”. El Tottenham ha peleado por ligas y en la Champions League y, haciendo olvidar a sus limitaciones que existían entonces y existen ahora, ha hecho pensar que eso era remotamente normal. Era por ello por lo que esta vez, no obstante, que si iban llegar a hasta aquí, necesitaban pasar. El Manchester City demostró durante la mayoría del partido de vuelta que es ampliamente mejor y, aun así, increíblemente el Tottenham no sólo llegó; por fin, ganó.

2. El fracaso al que ellos se han sometido

Ya seas el Tottenham o el Manchester City, no hay nada como ese pequeño vicio de hacer leña del árbol caído. En particular la mayoría de aficionados al fútbol, de forma más o menos pronunciada, ha sido culpable de ello alguna vez. Yo lo he sido. Muchas veces sin maldad y sin querer ser cruel, pero caes en la tentación. Señalar y diseccionar al perdedor no deja de ser parte de una especie de lección que uno quiere aprender para no tener que ser sometido a esa misma humillación. También, está el simple desdén que genera en tantos el Manchester City, pero en muchos casos en los que el suyo se incluye, no es sólo eso. Para este híper-mega-ultra-súper proyecto es un fracaso pero sólo porque ellos se han arriconado a sí mismos para que esa sea la única conclusión lógica. ¿Ganar la Copa de la Liga y ser favoritos para ganar todavía la FA Cup y la Premier League un fracaso? En efecto, es un concepto profundamente ridículo. Pero es lo que es. A Pep Guardiola no se le “contrató para ganar la Champions”, pero sí para crear a un equipo perfecto e indestructible que inevitablemente la ganaría. La primera parte la ha conseguido tanto como uno puedo conseguirlo. Sin embargo, la teoría de la inevitabilidad no se ha cumplido y puede que nunca lo haga.

Se podría decir que la propia brillantez de Guardiola le hizo acabar consigo mismo con cambios de planteamiento y personal aperentemente innecesarios. Como también se podría decir que hubiesen perdido igualmente, jugasen quienes jugasen. Lo que sí que parece innegable es la percepción de que son demasiado buenos para su propio bien, al menos en lo que respecta a la Copa de Europa. El único que pareció descifrarla fue alguien que no vivía obsesionado con cómo hacerlo, el Real Madrid. Porque incluso cuando el Manchester City no tiene la liga ya ganada como pasó hace un año, cuando está tan metido como nunca, acabaron doblegados. Que Agüero podría haberse movido una fracción de segundo antes y no hubiese sido fuera de juego y todo esto sería diferente. La más mínima de diferencias fue lo que hizo a uno pasar y a otro no, pero el hecho de que la explosión ocurriese en absoluto fue el problema. Y ahora les toca volver a la pizarra para intentar que el año que viene el Manchester City pueda hacerlo.

Toby Alderweireld
Toby Alderweireld fue parte trascendental de la proeza del Tottenham (Laurence Griffiths/Getty Images)

3. Una vez más, el sábado

Tanto para Manchester City como para Tottenham el resultado del partido que jugaron este pasado miércoles por la noche fue de una importancia sísmica. Y fue precisamente la generalizada consciencia de ello lo que lo hizo convertirse en un encuentro insignia de la historia de la Champions League. Sin embargo, lo brutalmente anticlimático es que el sábado tendrán que enfrentarse otra vez en exactamente el mismo estadio. En otra competición y, aun así, jugándose la temporada otra vez. No de forma tan definitiva, pues después de dicho encuentro les quedarán otros cuatro para poder corregirlo, no es la división de destinos que ya han vivido el uno contra el otro. Pero sí que será capital.

El Manchester City necesita esa liga ahora más que nunca, porque... ¿qué es un equipo ganador que no gana? Y el Tottenham está en otra encarnizada lucha, en su caso por clasificarse para la próxima Champions League. Todo es esplendoroso para ellos en este momento y con toda razón, pero siendo (probablemente) tan sólo ligeros favoritos en su semifinal y ni mucho menos favoritos en cualquiera de sus hipotéticas finales, es de una naturaleza imperiosa quedar entre los cuatro primeros para no convertirse por enésima vez en esos “impostores” que jugaron con la ilusión de la gente. Con el sol del mediodía, con el subidón del triunfo de los visitantes y con la furia del Manchester City, estos dos volverán desde el principio. O casi.

4. La realidad y el margen

Punto y final, una ronda después de lo que el sentido común indicaba que fuese. El Manchester United superó al PSG de forma prácticamente inverosímil y contra el Barcelona fue capaz de mantenerse en la eliminatoria pasado el partido de ida. No mucho más, pues poco tardaron en la vuelta en ser vapuleados por el conjunto blaugrana. Quedaron expuestos, más que en sus dos derrotas contra el Wolverhampton, con Phil Jones de lateral derecho y Ashley Young de lateral izquierdo. En global, trajeron un tenedor cuando tenían que comer sopa. Hasta su salvavidas David de Gea sucumbió bajo los focos. “Esto es el Manchester United”, como diría Solskjaer. No en el sentido grandilocuente que él le da sino en el sentido más práctico, simple y actual de la frase.

Clasificarse para la Champions League a final de campaña no será sencillo. “Nos costará varios años llegar al nivel del Barça”, dijo el técnico noruego tras el tres a cero provocado por el equipo al que lidera Leo Messi. Es cierto, y duro de digerir, más cuando el Ajax, su rival en la final de la Europa League en 2017 es quien dos años más tarde alcanza las semifinales de la Champions League. Solskjaer tendrá que crecer de forma acelerada, demostrar que puede construir al equipo que cubra el margen que yace entre ellos y la cima. Tendrá que convertirse en el entrenador de un club que ya no es el que fue -por la dejadez que se filtra desde lo más alto de la jerarquía del mismo- y dejar de hacer, o al menos de decir, cosas del tipo de que no aparca el coche en el sitio del “entrenador” en el campo de entrenamiento porque considera que todavía le pertenece a Ferguson.

5. Contra el desierto

Esto sí que no estaba planeado. Esta temporada podría acabar siendo un absoluto fracaso y una que suponga acabar ganando la Champions League para el Liverpool. De verdad, el ser humano es fascinante. Mientras el Manchester City vivió una improbable destrucción, sin excesos, sin necesitar de una brillante versión propia, el Liverpool pasó de ronda en una mojada, que no por ello desagradable, tarde en Oporto. Cómo se han empujado y van a seguir empujándose Reds y Cityzens es fabuloso y fabulosamente despiadado. Pocas cosas más morbosas en terminos futbolísticos se podrían haber imaginado que una final de la Champions League entre ambos después de que uno haya perdido la Premier League y el otro la haya perdido.

Sin embargo, esa posibilidad se desvaneció con el gol de Llorente y el que no fue tal de Sterling. Es por lo que ahora el Liverpool está ante la posibilidad de acabar en un extraño desierto. No es “el favorito” para ganar ninguna de las dos competiciones que le quedan, donde podría acabar ganando esa compuesta por explosiones, momentos de una complexión casi intangible y repleta de purpurina que ya ganaron en 2005, y donde podrían acabar perdiendo esa otra donde también juega el Burnley; la competición-maratón, un tanto menos glamurosa pero que muchos sienten como necesaria, pues ha sido cruelmente elusiva desde 1991. Las expectivas, al igual que la magnitud del fracaso y del éxito difícilmente podrían ser más notorias para el Liverpool.

Bonus track. Se acercan a Champions(hip)

En serio, qué partido más horrible jugó el Brighton el martes contra el Cardiff. Mientras el resto de la gente normal aficionada al fútbol veía el partido de Barcelona o el de Turín, servidor se sometió a ver en directo el Brighton-Cardiff. Porque puestos a tener que ver algo en diferido, mejor ver a Messi que la atrocidad que firmaron “gaviotas” y “azulejos”, encima sabiendo ya lo que ha pasado. Hubiese sido una experiencia ver la acción proporcionada por ambos preguntándome, “¿de verdad el Brighton va a seguir dando pena de esta manera hasta el final?” Era ciertamente increíble la forma en la que no eran capaces de hacer avanzar la pelota. Un doble medio centro que nunca ha convencido tanto como podría, Dale Stephens y Davy Propper tuvieron el que debe ser uno de sus peores días con la casaca del Brighton.

Los laterales tampoco eran capaces de atacar. Y cuando el balón llegaba arriba, a  Alireza Jahanbakhsh por ejemplo, el drama era casi peor. Pascal Gross, recién recuperado de una lesión y protegido con sólo cincuenta y tres de juego para él, tampoco pudo influir en gran medida. Aunque se apreciaba, aun así, que él es ampliamente el mejor del equipo. El Cardiff, a lo suyo, supo exprimir con suma destreza (o tanta como ellos pueden llegar a desplegar) el desastre del Brighton, golpeando por mediación de Nathaniel Mendez-Laing y Sean Morrison (el jugador que tenía los mayores guarismos de “goles esperados” sin haber marcado un gol esta temproada). Y completando con una defensa impecable. Les quedan a Brighton y Cardiff cuatro y cinco partidos por jugar, dos y tres respectivamente contra el top-6. Con dos puntos de ventaja, el Brighton es todavía el claro favorito para salvarse. Pero de aquí al final van a tener que hacerlo mucho, mucho mejor que esta vez.

Sean Morrison
Sean Morrison marcó en la victoria del Cardiff City (Christopher Lee/Getty Images)
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