Adiós, clase media
La primera jornada de la fase de grupos de la Champions League nos deparó algunas goleadas que parecían desterradas del fútbol actual, regido por la igualdad. Las reformas emprendidas por la UEFA aumentarán la brecha entre los gigantes del continente y el resto.


El martes, el Barcelona humilló al Celtic por 7-0. A la misma hora, el Bayern de Múnich le endosaba una manita al Rostov. Al día siguiente, el Borussia Dortmund ganó en Varsovia por 0-6. Mientras, el Manchester City vencía por 4-0 al Borussia Moenchengladbach y el Lyon por 3-0 al Dinamo de Zagreb. No es más que un ejemplo de una tendencia que cada día aparece más clara: los grandes clubes de las cinco ligas europeas más potentes (España, Alemania, Inglaterra, Italia y Francia) están aumentando la brecha que los separa de las ligas satelitales (Portugal, Países Bajos, Bélgica, Polonia, Rumanía, Croacia, Ucrania, Rusia, etc.).

Estos grandes clubes, agrupados antiguamente en el extinto G-14 (posteriormente ampliado a 18 clubes y reconvertido en la ECA, la asociación de clubes europeos), llevan tiempo amenazando a la UEFA con abandonar la Champions League y crear su propia superliga europea. Una competición cerrada, donde cada año participarían los mismos clubes y donde no tendrían que compartir los beneficios con la UEFA o con la clase media europea. Para animarles a seguir en el redil, la UEFA ha remodelado la Champions League al son de los deseos de estos grandes clubes. Por cierto, pequeño detalle: desde que la Copa de Europa se transformó en Champions League en 1992, solo un club fuera del G-14 ha ganado la competición en 24 ediciones (el Chelsea).

A partir de 2018, las cuatro federaciones con mejor ránking (es decir, España, Alemania, Italia e Inglaterra) enviarán a sus cuatro mejores equipos a la fase de grupos de Champions. También accederá directamente el campeón de la Europa League. Lo cual significa que existe una elevada probabilidad de que 17 de los 32 equipos de la fase de grupos de Champions procedan de cuatro ligas. Por si eso no fuera suficiente para contentar a los gigantes europeos, la UEFA ha reformado la competición para que reciban más dinero y ha cambiado la forma de elaborar los ránkings para asegurarse de que los grandes afrontan un camino plano hacia las últimas rondas. No sea que alguno sucumba antes de tiempo.

El dinero se distribuirá ahora en función de cuatro criterios: un fijo inicial, el rendimiento en la competición, el coeficiente individual del club y su cuota de mercado. Es decir, históricos como Real Madrid, Barça, Bayern, Juventus o Manchester United (si es que regresa a la Copa de Europa en un futuro) tendrán garantizados unos suculentos ingresos aunque caigan antes de tiempo porque su coeficiente es elevado gracias a sus logros pasados y porque las audiencias que generan son numerosas.

Pero caer antes de tiempo será cada vez menos probable porque, a partir de ahora, UEFA tendrá en cuenta para el cálculo del coeficiente los éxitos pasados de cada club. En lugar de contar su rendimiento los últimos cinco años, tendrán en cuenta los títulos pasados, por ejemplo (una reforma beneficiosa para clubes históricos en momento bajo como Manchester United o Liverpool).

Estos cambios no harán más que acelerar una tendencia que se observa desde los albores de la Champions League. Durante mi vida, he visto campeón de Europa al Nottingham Forest, al Aston Villa, al Hamburgo, al Steaua de Bucarest, al Oporto, al PSV Eindhoven, al Estrella Roja o al Ajax. El sistema de eliminación directa daba más oportunidades a los modestos de dar una sorpresa. Pero claro, daba menos dinero.

Y ahora vamos con lo importante. La Premier League ha conseguido, gracias a la distribución equitativa del dinero, crear un campo de juego nivelado para todos los participantes. O, al menos, lo más nivelado posible. El Leicester ganó el año pasado y el Tottenham se clasificó por la Champions League. En los últimos años hemos visto a clubes como Newcastle, Southampton o West Ham pelear por una plaza en la máxima competición europea. El desequilibrio económico en Europa puede generar un dopaje financiero positivo para los grandes que vuelva a desequilibrar la liga doméstica. Y eso, eso, sí que sería grave.

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