Al United le sale cara
Dos goles en los últimos cinco minutos le brindan la victoria a unos Red Devils que todavía no saben cómo han salido triunfadores de Turín. Los de José Mourinho tendrán el pase a octavos prácticamente hecho si logran los tres puntos en la próxima jornada ante el Young Boys.

Con el agua al cuello. Así saltó al campo el Manchester United después de conocer el resultado de Mestalla. El Valencia había ganado, el grupo se juntaba, y una derrota en tierras italianas dejaba a los ingleses más que tocados. Tocaba correr y tocaba competir ante uno de los mejores equipos del continente. La Juventus dominó, tuvo fases de acoso al área de David De Gea, protagonizó el encuentro y acorraló a su rival en un ejercicio de poderío espléndido. Cristiano Ronaldo anotó un golazo y todo parecía encarrilado. Hasta que, en los últimos compases, Juan Mata y un desafortunado Alex Sandro (pretendido por Mourinho en verano, vaya favor le ha hecho), colocaban el 1-2 en el electrónico para la perplejidad del espectador. Tanto de unos como de otros.

Porque los Red Devils no merecieron el triunfo. Ni mucho menos. La ausencia de Lukaku (lesionado y posible baja también para el derbi del domingo contra el City) generó un hueco arriba que intentó llenar Alexis. Y no empezó mal el chileno. Se mostró participativo y fue pieza clave del buen comienzo de los suyos, entrando en contacto constantemente con el balón y ayudando en los triángulos asociativos que poco a poco colocaron al Manchester United en campo rival. La posesión era estéril, pero ahí estaba el dato. La sorpresa. Quizá provocada también por el ritmo bajo con el que entró la Juventus al duelo. Su situación en el grupo lo explica (líder en solitario con nueve puntos), pero no hay que olvidar que este conjunto se paseó en Old Trafford, bailó a sus anchas, hizo todo lo que quiso y más. Que los diablos rojos se hayan plantado en el verde con esa personalidad, habla muy bien de ellos.

No obstante, poco a poco esta iniciativa se fue diluyendo. Miralem Pjanic se adueñó de la pelota y, en contraposición, Paul Pogba inició su recital de pérdidas. Partido para olvidar el del francés. Sin implicación en el juego. Sin aportaciones. Sin plusvalías. Está claro que no se le puede exigir lo que no es, pero de ahí a que se presente en escenarios como el de Turín con esa parsimonia, hay un trecho. No hay más que ver lo que fue Khedira en la primera mitad. Un futbolista con recursos infinitamente inferiores que el centrocampista galo, pero que se dedica a realizar una sola acción y esa en concreto la desarrolla a las mil maravillas. Se olvida de la creación, espera el pase vertical de Leonardo Bonucci/Pjanic a Cristiano/Paulo Dybala, y arranca hacia la portería contraria para sorprender. Es un llegador. Un jugador de áreas. Suyos fueron los dos únicos acercamientos que se vieron en los primeros cuarenta y cinco minutos. 

El encuentro se hallaba carente de algo. Estaba soso, le faltaban las especias. Ni uno ni otro estaban generando mucho y el cartel de “clásico europeo” decepcionaba. La batalla táctica, el miedo a no perder. Allegri se dio cuenta de ello y animó a su plantilla a dar un paso más: tener posesiones más largas e incordiar a una defensa del Manchester United que poco trabajo estaba teniendo. Error. Porque precisamente la única vez que se vieron expuestos (la ocasión de Khedira), no resolvieron la situación como es debido. Victor Lindelof y Chris Smalling no se compenetran y Luke Shaw vive con dudas. Así es cómo se entiende el hecho de que Dybala haya recogido un balón en la esquina del área grande, y no tuviera ningún problema para girarse, orientarse, tomarse un café, mirar a la grada donde se encontraban sus familiares, y terminar enviando el balón al travesaño. De Gea clavado. Tremendo el golpeo del argentino que abrió los brazos como si fuera el Cristo Redentor implorándole al viento por qué no le ayudó un poquito más.

La Juve por fin se había quitado el traje de obrero. Juan Cuadrado se unió a la fiesta y eso tiene sus consecuencias. Un balón de Bonucci a la espalda de la defensa acompañó la carrera de Cristiano para que este, sin dejarla caer, la clavara en el fondo de las mallas. Idilio el que tiene el astro portugués con ese fondo. Golazo espectacular. 1-0.

Ocasión de Cuadrado. Zapatazo de Pjanic rozando la cruceta. De nuevo Cristiano. Otra de Blaise Matuidi. La “Vecchia Signora” pudo sentenciar, pero la moneda del fútbol no estuvo de su lado. Mala suerte. Con quien sí lo hizo fue con su rival. Un gran Anthony Martial (el mejor del Manchester United de largo), provocó una falta peligrosísima al borde del área a favor de su equipo. Mata entró poco minutos antes y  colocó el cuero en el fondo de las mallas. Es lo que pasa cuando pones a los talentosos a jugar.

Y si ya el punto rescatado era un gran resultado tal y como se había desarrollado el duelo, una falta botada por Young se envenenó y terminó entrando en la portería de Szczesny después de rebotar en Alex Sandro. El cuarto árbitro ya había mostrado el cartel del añadido. El United enloqueció y marchó a la esquina a celebrar un tanto que quizá solo se había producido en una realidad alternativa. Pero no fue el caso. Tres puntos para los de José Mourinho en una nueva práctica de supervivencia. Se le empieza a dar bien esto a los suyos. Bournemouth, Newcastle, Juventus. Así es cómo están aprendiendo a ganar. 

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