Ante todo, estilo
El Manchester City vuelve a disputar una eliminatoria de Champions League sabiendo que podrá participar en la competición las dos próximas temporadas. Con la posible sanción esfumada y las incorporaciones de Ferrán Torres y Aké, el equipo de Guardiola se enfrenta al siempre temible Real Madrid.
Sergio Agüero. / Manchester City

 

El Manchester City juega este viernes la vuelta de los octavos de Champions League ante el Real Madrid sin saber que el partido más importante de la temporada ya lo ha disputado. Y lo ha ganado. Porque los mancunianos fueron pioneros en esta nueva guerra en la que los despachos tienen forma de trincheras, las mejores armas son los comunicados y la figura más determinante es el abogado. 

La batalla ganada contra la UEFA en Lausanne le permitió al City borrar una posible sanción de dos años sin competir en Europa. Desde la compra del club por parte del Sheikh Mansour, al Manchester City le ha bastado para levantar varias Premier League, pero con la mirada del nuevo club rico, como también sucede en París, el gran objetivo seguirá siendo la Champions League. Y es que los citizen son de los pocos equipos ingleses, quizá el único, que prioriza o equipara la competición continental a la liga.

En vistas a dicho objetivo, la apuesta por Pep Guardiola tuvo todo el sentido del mundo. Los Skyblue se hacían con un estratega capaz de dotar al club de una identidad, uno de los pilares de cualquier equipo, sea cual sea su forma de entender lo que pasa dentro del campo. Lo explicó en una entrevista en El País Domènec Torrent, flamante nuevo entrenador del Flamengo e integrante del cuerpo técnico de Guardiola durante varios años: “Se puede ganar de cualquier manera, pero hay que crear un estilo. Porque puedes perder con todos los estilos, pero si además pierdes el estilo, cuando pierdes no te queda nada”. Las declaraciones no solo justifican una metodología de juego, también la forma de trabajar de un club y, por ejemplo, su política de fichajes. 

Aun gastando miles de millones, todos los movimientos han tenido cierta similitud. Desde la portería y la defensa, por necesidad de desarrollar el plan del técnico catalán, hasta la delantera. Pep pide un perfil de futbolistas y el club le añade otro ingrediente: que los que lleguen sean jóvenes y con margen de crecimiento; la mejor maniobra para competir contra un mercado hiperinflacionado que, inevitablemente, también han notado.  

Después de que el Manchester United le arrebatara a Harry Maguire, la primera ficha que han movido los de Guardiola este verano ha sido por Nathan Aké. La zona que más flojea en el Etihad Stadium es, sin duda, la de los centrales. El Bournemoth, según The Athletic, ha sido el equipo que más goles ha encajado en Premier League desde que los Cherries ascendieran en 2015. Un total de 379, que se explica con la media de 1,73 por encuentro. Lo que habla increíblemente bien de sus delanteros y nos confirma que si el nombre de su estadio es Vitality, no será por ellos. Como quien va a la guerra en chanclas y sombrero de paja. Habiendo nacido en Holanda y crecido con Eddie Howe, tiene toda la lógica del mundo que su próximo entrenador sea Guardiola. Aun con pecados de una juventud de la que ya se aleja y una altura atípica en un central -según Opta, solo gana la mitad de los duelos aéreos- su relación con el balón es el mayor punto a favor. Como también lo es su velocidad de reacción y en carrera, necesario para los conjuntos que viven en campo contrario. 

La llegada de Ferran Torres a raíz de la marcha forzada de Leroy Sané le permite a Guardiola volver a imaginar y dibujar futuros. Tiene el molde y puede jugar con los ingredientes que crea conveniente, como hizo con Sterling. El traspaso de Sané responde a que la idea, el estilo, está por encima del futbolista. Más allá de Ederson, Laporte y De Bruyne -a los que podríamos añadir, un escalón por debajo, algún jugador más- el City no tiene un once definido. La construcción de la plantilla, que dobla en casi todas las posiciones, no tiene titulares y suplentes establecidos. Los mancunianos, por ejemplo, se presentaron en el Santiago Bernabéu con Agüero y David Silva en el banquillo. Junto a Yaya Toure y Vincent Kompany, los jugadores más importantes durante la última década. 

Así pues, es la discrepancia entre el individuo y el estilo el que termina con el adiós de los futbolistas. Además del extremo alemán, los Skyblue sufrieron la pérdida de Jadon Sancho, que se veía preparado para retos de cotas superiores y que podría terminar en el otro equipo de la ciudad. Además, es probable que siga el mismo camino el joven central Eric Garcia. Para suerte de los Citizen, quien no ha continuado por la misma senda ha sido Phil Foden. Aun siendo bautizado por el propio Guardiola como el sucesor de David Silva, los minutos de los que ha disfrutado el inglés no se han ajustado a la poderosa denominación de Pep. Sigue un camino sin prisas cada vez menos asiduo en los jóvenes. 

Es tan obvio que el Manchester City no habría podido llegar hasta aquí sin el dinero de Mansour como que a punto ha estado de autodestruirse de haberse consumado la sanción propuesta por la UEFA. Los de Manchester ganaron el caso, pero, aun así, fueron multados por el CAS, el tribunal de arbitraje del mundo del deporte, por falta de cooperación en la investigación. La UEFA quiso probar que el Manchester City tenía contratos de patrocinio -con Etihad y Etisala- por un valor muy superior a lo que se podría ofrecer, y que dichas empresas estaban relacionadas con el propietario, Mansour. 

La UEFA consiguió acceder a correos hackeados por Football Leaks que se intercambiaron algunos de los altos cargos del club. Las contraseñas son algo muy personal, están a medio camino entre algo que puedas recordar de forma medianamente fácil y la vergüenza que sentirías si alguien la descubriera, la pérdida absoluta del orgullo. Tras variados intentos -contraseña123 o mancity_barrabaja-, consiguieron descifrarla y se inmiscuyeron entre los correos de la élite citizen. Tras esta derrota informática, el City decidió que Benjamin Mendy se encargaría de cambiar las contraseñas semanalmente. 

El City, aun pagando una multa por no cooperar con la UEFA, ha salido ganando el caso. Y esto significa que mantiene a sus estrellas, que el estilo prosigue y que el objetivo continuará siendo ganarlo todo. Especialmente, la Copa de Europa. En aquella sala de Lausanne se tomó una decisión que tendría una repercusión mundial, más si cabe si hubiese resultado favorable a la UEFA. En tal caso, el City habría pasado de los focos de Wimbledon a ser el sedentario que se cree deportista por jugar a pádel una vez al mes. Del todo a la nada, al abismo. La sensación con la resolución es similar a un viaje en avión: todo parece ir bien hasta que la gente aplaude cuando se aterriza y te debates entre la vergüenza ajena y la pérdida de fe en la humanidad. Pese a todo, en el Etihad permanecerá el estilo.

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