Aspiraciones rotas
Ryan Mason fue el último jugador obligado a retirarse tras una jugada fortuita. Pese a ello, no ha sido el primero y tampoco será el último futbolista en formar parte de un club maldito en el que nadie quiere estar.

El 22 de enero de 2017 es una fecha que acompañará a Ryan Mason a lo largo de toda su vida. Aquel día, un choque fortuito con Gary Cahill a la salida de un córner cerca estuvo de acabar con su vida. Una fractura en el cráneo hizo que tuviese que ser intervenido de inmediato, poniendo así un punto en su carrera. Hace poco más de un mes, por recomendación médica, se ha visto obligado a anunciar que ese punto sería un punto y final, ya que se tendría que retirar prematuramente del fútbol, truncando así la carrera de un futbolista de 26 años que aún tenía mucho que ofrecer al máximo nivel.

Pese a lo dramático de la situación, Mason posiblemente no sea el último futbolista que aún tenía muchos años más de fútbol que ofrecer y  ve como su carrera finaliza demasiado pronto por las lesiones. De hecho, a lo largo de la historia del fútbol inglés hay varios jugadores que han vivido una experiencia similar. Son tantos que prácticamente pueden formar un club, un grupo de futbolistas que han visto como se esfumaba su carrera en un abrir y cerrar de ojos. Estos son los integrantes de este club maldito.

Dean Ashton

Este inglés, al igual que otros de esta lista, supo lo que era saborear el éxito del mundo del fútbol. Con el Crewe Alexandra consiguió escalar en las divisiones inferiores del fútbol inglés, para posteriormente conseguir llegar a Championship. Desde la segunda división del fútbol inglés consiguió, gracias a su espectacular rendimiento, un billete hacia la Premier League en el mercado de invierno, recalando en el Norwich. El inglés, en la media temporada que duró su presentación en la Premier, consiguió unos números bastante buenos pese al descenso de su club. Tras otro año más que aceptable en Championship, el West Ham llamó a su puerta para llevarle de vuelta a la Premier League.

El conjunto londinense sería su último equipo. En Upton Park vivió las tres últimas temporadas de su carrera. Un día antes de su debut con la selección absoluta, cuando todo parecía ir rodado en la vida de Ashton, sufrió una entrada en el entrenamiento que le rompió el tobillo izquierdo e hizo que estuviese casi un año lesionado. Pese a ello, este duro revés en forma de lesión no pudo con el prometedor delantero. Al menos por el momento.

Dean Ashton celebrando un gol con aficionados del West Ham (Glyn Kirk/AFP/Getty Images).

Tras pasar una temporada en el dique seco, Ashton consiguió anotar 10 goles en 31 partidos, unos números que le valieron para debutar con la selección inglesa y decirle al mundo del fútbol que estaba de vuelta. Pero, al igual que en su anterior lesión, la fortuna fue caprichosa y las lesiones volvieron a aparecer. Sus ya pasadas molestias en el tobillo volvieron, y esta vez para acabar con su carrera. A finales de 2009, con 26 años y tras pasar casi otra temporada sin jugar, el inglés decidió poner punto y final a su carrera. A día de hoy, se dedica a comentar partidos en televisión y alguna vez se le ha visto pisando el verde, como en el partido homenaje de Mark Noble, en el que consiguió meter un tanto.

Ben Collett

Si Ashton pudo gozar de lo que fue el éxito y tener unos cuantos años de carrera, Ben Collet tuvo una carrera tan corta como prometedora. Tras firmar con el Manchester United a una temprana edad y despuntar en las categorías inferiores consiguiendo incluso ganar una Youth FA Cup y un premio a Mejor Jugador Joven del Manchester United, su carrera dio un vuelco en el momento más insospechado.

Una entrada criminal de Gary Smith en mayo de 2003, con 18 años, rompió la pierna derecha a Collett por dos lugares distintos, finalizando así su carrera de una manera traumática. Aunque más tarde jugó en Holanda y Nueva Zelanda, nunca volvió al primer nivel y menos aún al nivel que preveían grandes personajes como Sir Alex Ferguson.

Tras su ya definitiva retirada de sus aventuras por Holanda y Nueva Zelanda, Collett inició un procedimiento legal mediante el cual reclamaba una compensación a Smith por haberle retirado del fútbol. Finalmente ganó y se llevó algo más de cuatro millones de libras, consiguiendo así una “mínima” por lo que podía haber sido su carrera y nunca acabó siendo.

Ben Collett (izquierda) disputando un balón en uno de sus partidos en Nueva Zelanda (Matt King/Getty Images).

Alex Notman

Al igual que Collett, la carrera de este delantero escocés duró más bien poco. Formado en el Manchester United y formar parte de la selección escocesa sub-21, el Norwich decidió pagar a principios de siglo la nada despreciable cifra de 250.000 libras. Con los Canaries en First Division tuvo un buen nivel pese a su juventud y minutos, mostrándole como un proyecto de jugador bastante interesante.

Entonces, al inicio de su segunda temporada con el Norwich City, todo se torció de la manera más inesperada ante el Ipswich Town. Notman, que era extremo, bajó a defender un libre directo colocándose en la barrera. Esa fue la peor decisión de su corta carrera, ya que el tiro disparo impactó en su tobillo, rompiéndole el ligamento.

Tras una difícil recuperación que duró más de un año, el escocés decidió poner punto y final a su carrera en el fútbol profesional a los 24 años. Subrayo lo de profesional, ya que continuó su carrera en equipos de la non-league, alejado de los focos que parecía que iban a iluminar su carrera por los mejores campos de Inglaterra.

Steve Froggatt

El caso de Steve Froggatt es similar al de Ashton. El inglés consiguió saborear lo que era el éxito en el mundo del fútbol, consiguiendo incluso una convocatoria como los Three Lions. Antes de llegar hasta aquí, formó parte del Aston Villa que quedó segundo en la temporada 1992/1993 y ayudó a su equipo en el camino a levantar la League Cup un año más tarde.

Steve Froggatt (derecha) evitando una entrada de Ray Parlour (izquierda) en un partido de Premier League (Shaun Botterill /Allsport).

En el verano de 1994 Froggatt se fue a la First Division, más concretamente al Wolverhampton Wanderers. En sus cuatro años en el Molineux Stadium consiguió jugar más de 100 partidos con los Wolves, llegando en dos ocasiones al play-off. Su buen desempeño hizo que volviese a la Premier League, ya que el Coventry City pagó casi dos millones de libras por sus servicios.

Entonces, como ya es habitual en este grupo de jugadores, todo se torció en el mejor momento. En febrero del 2000, días después de ser llamado para una nueva convocatoria, una dura entrada de Nicky Summerbee acabó con su tobillo y con su carrera. Un año después de su prematura retirada a los 28 años, el centrocampista pasó a ser el jefe de prensa del Coventry City. A día de hoy, mezcla su labor como entrenador personal y analista deportivo en televisión, mirando desde el tendido el deporte que le llevó a lo más alto tiempo atrás.

Adrian Doherty

Entre tanta miseria, Adrian Doherty se lleva la palma. Este joven formaba parte de la Generación del 92, posiblemente la generación más exitosa de la historia del Manchester United. Es decir, estaba en la misma quinta de Ryan Giggs, los hermanos Neville y compañía. Y no solo eso, ya que era considerado como el mejor jugador de este gran grupo de jugadores, llegando a  ser comparado con George Best.

Sir Alex Ferguson le convocó por primera vez con tan solo 16 años, demostrando así su confianza en el joven. Su debut con el primer equipo era inminente, pero todo se torció unos días antes. El joven irlandés sufrió una lesión en los ligamentos cruzados de su rodilla en 1990, matando así su carrera.

Pese a intentar volver a jugar, dejó finalmente el fútbol para dedicarse a la música, su auténtica pasión. La mala suerte le siguió también en este ámbito, teniendo un fracaso. Tras esto, se mudó a Amsterdam para trabajar en una compañía de muebles. En su primera semana la desgracia se cebó nuevamente con él, ya que cayó a uno de los numerosos canales que hay en la capital holandesa, provocando su muerte tras estar un mes en coma.

Brian Clough

Como reza el dicho, lo mejor siempre va al final. Por ello, el último miembro de este club maldito no podía ser otro que Brian Clough. Antes de mandar en Inglaterra y en Europa como entrenador, tuvo una prolífica carrera como delantero en la que consiguió perforar las redes de la portería a lo largo y ancho de Inglaterra.

Cloughie consiguió, entre Middlesbrough y Sunderland, ser el primer inglés en superar la barrera de los 250 goles anotados. Sus números hacían ver que su carrera podía ser de auténtico récord, ya que en todas sus temporadas como profesional rondó, siendo titular indiscutible, una media cercana al uno en el ratio goles por partido.

En el Boxing Day de 1962 llegó el punto de inflexión en la carrera de Clough. Un choque con el portero rival, Chris Harker, provocó una rotura del ligamento cruzado, provocando así el final de su carrera pese a intentar regresar dos años más tarde. Clough en aquel momento tenía 29 años y toda una vida por delante. El resto de su vida ya sabemos cómo fue.

Aficionados homenajeando a Brian Clough en un partido entre Derby County y Nottingham Forest (Laurence Griffiths/Getty Images).

Extra: Robin Friday

Si hay algo común en todos los nombres mencionados en esta lista es que su carrera acabó por una lesión o por mala fortuna, es decir, por algo ajeno al afectado. Por ello, a modo de extra era justo nombrar a un jugador que se retiró joven, pero no por una mala entrada, sino porque él mismo quiso. Este jugador es Robin Friday, un jugador que es el ejemplo de donde se puede acabar si una buena cabeza no acompaña al talento con el balón en los pies.

Desde sus primeros años de vida en el humilde barrio de Acton (Londres), Friday ya demostró haber nacido para esto del fútbol. Sus aptitudes físicas y su calidad con el balón en los pies le hacían uno de los jóvenes ingleses más interesantes. Pero, pese a que todo parecía indicar que podía marcar época, él decidió que su auténtica vocación era la de ir al pub para beber hasta perder el conocimiento.

Tras unos problemas con la justicia en su adolescencia consiguió llamar la atención de clubes humildes dispuestos a arriesgarse a sufrir su carácter con tal de coger la directa para llegar a lo más alto. En el Reading se hizo un nombre gracias a sus jugadas, provocando que clubes más grandes se fijasen en él. De ahí pasó al Cardiff, lugar en el que acabó su carrera porque esto del fútbol y ser responsable no iba con él. Años más tarde de su retirada, tiempo que aprovechó para hacer aún más todo eso que teóricamente tenía prohibido como futbolista, murió por una sobredosis, poniendo así un triste punto y final a la historia de un jugador con tanto talento como mala cabeza.

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