Balón parece, de oro no es
¿Cuándo volverá a ganar el Balón de Oro un jugador inglés? La respuesta es simple: es más probable que gane un Mundial antes.

Desde la última vez que un inglés ganó un Balón de Oro han pasado demasiadas cosas como para llevar la cuenta, pero supongo que soy capaz de hacer un breve resumen a bote pronto: aparecieron los IPhone y revolucionaron la manera de entender un teléfono móvil; Victoria Beckham se fue de Madrid tras la salida de su marido del Real Madrid, cosa que agradeció porque según ella, España huele a ajo; Katy Perry cantó en el descanso de la Super Bowl en 2015 y un tiburón descoordinado le robó el protagonismo; y hablando de tiburones, ha surgido de la nada una saga que mezcla los tornados y este tipo de animales, algo que muchos consideran una ordinariez pero que yo enmarco en la categoría de arte grotesco; Donald Trump se convirtió en presidente de los Estados Unidos y parece que Kanye West le sigue de cerca; y en clave balompédica, la Premier League ha ido dejando semillitas para convertirse, paulatina pero progresivamente, en la liga más querida y seguida del mundo.

2001 fue el año en el que Michael Owen grabó su nombre en el preciado balón bañado en oro y desde entonces el fútbol inglés y sus jugadores viven en una sequía tanto de premios como de nominaciones relevantes. Desde 2007, cuando Kaká certificó el culmen de su carrera con dicho galardón, el Balón de Oro se ha convertido en una carrera de relevos entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo que tiene como sede España, el nuevo foco de ganadores del preciado premio.

¿Volverá algún jugador inglés a hacerse dueño y señor -aunque solo sea por un año- del codiciado premio? La pregunta resulta curiosa si tenemos en cuenta que el primer ganador en la historia del Balón de Oro fue Stanley Matthews en 1956. El hombre con la carrera futbolística más longeva del balompié británico inició una era fructífera para los ingleses y para su fútbol. Parecía que el futuro iba a ser prometedor para los Three Lions tanto a nivel colectivo como individual. Le siguió Bobby Charlton en el 1966, considerado por la FIFA como el mejor jugador inglés de todos los tiempos y consagrando con este galardón individual la victoria de los Three Lions en el Mundial del 66.

 

Stanley Matthews fue el primer futbolista en la historia en recibir el Balón de Oro en 1956; (Créditos: L'Equipe).

Sin embargo, muchos quedaron eclipsados durante esos años por un jugador que definía el superlativo del éxito. El Maradona good, Pelé better, George Best. El norirlandés fue galardonado con el Balón de Oro en 1968 mientras su carrera crecía a la velocidad de un cohete lanzado al espacio exterior, solo para después caer como un meteorito. No sería hasta una década más tarde cuando Inglaterra volvería a bañarse en oro. La primera verdadera superestrella propia de los leones, Kevin Keegan, el mighty mouse, se haría con el preciado balón dorado en 1978 y 1979.

No fue hasta un año después de que diera comienzo un nuevo milenio que los ingleses volvieron a probar el sabor de la gloria de manos de Owen. Fue también en ese año cuando su Liverpool puso fin a una sequía de seis años sin títulos y se hizo con un triplete: la FA Cup, la Copa de la Liga y la UEFA Cup, lo que ahora conocemos como Europa League. Owen se convirtió así en el segundo jugador más joven en ganar el Balón de Oro detrás de Ronaldo Nazário y superando a Raúl González y Oliver Kahn en la pelea por el galardón.

Las primeras ediciones contaron con una importante representación de jugadores ingleses gracias en parte al claro éxito del fútbol nacional de manos de los Busby Babes y la posterior generación liderada por Charlton, así como de su victoria mundialista en 1966. Billy Wright y Duncan Edwards acabaron entre los tres primeros clasificados del Balón de Oro en 1957, Johnny Haynes en 1961, Jimmy Greaves en 1963, Charlton se quedó cerca de un segundo Balón de Oro tanto en el 1967 como en el 1968 y Bobby Moore podría haber seguido los pasos de su tocayo en 1970.

Siete finalistas y cuatro Balones de Oro para los ingleses en un espacio de 23 años -de 1956 a 1979- comparado con los cinco finalistas que hubo de 1986 hasta 2005 -Gary Lineker en el 86, Alan Shearer en el 96, Beckham en el 99 y Frank Lampard y Steven Gerrard en el 2005-, son unas cifras que alarman y que nos hacen preguntarnos por qué a los futbolistas de Inglaterra les resulta cada vez más difícil hacerse con el preciado trofeo. ¿Se han convertido los ingleses en peores candidatos o es que simplemente el resto del mundo ha evolucionado mejor que ellos?

Desde Lampard y Gerrard han sonado otros nombres como Wayne Rooney, John Terry, Joe Cole, Paul Scholes, Jamie Vardy o Harry Kane, pero ninguno ha llegado más allá del quinto puesto de la clasificación. Y es que, los resultados individuales han ido a la par con los colectivos: de más a menos. Ya hemos hablado de la decadencia de los Three Lions desde su victoria mundialista en 1966, una imagen que, aunque las nuevas generaciones están intentando recuperar como bien demostraron en el pasado mundial de Rusia, sigue presente como un ancla que se aferra al mar.

 

 

Ni Beckham, Rooney, Lampard, Gerrard o Scholes consiguieron hacerse con el preciado trofeo en los años posteriores a la victoria de Owen (Giorgos Mattheos/AFP/Getty Images).

En Fifty Years of Hurt, el periodista británico Henry Winter explica cómo la decadencia de Inglaterra surge debido a su empeño en haber vivido durante muchos años por medio de las leyes del deporte que ellos mismos crearon, estancados en ellas mientras el resto del planeta balompédico se desarrollaba en otros ámbitos que les permitieron ser mejores y estar un paso por encima. Un poco como el dicho de Confucio, Cuando el sabio señala a la luna, el necio mira al dedo; con la única diferencia de que Inglaterra fue en este caso tanto el sabio como el necio: creó el deporte, pero se olvidó de él mientras otros lo mejoraron y se llevaron los méritos más tarde.

El problema ya no solo se basa en la selección absoluta inglesa, sino en la internacionalización de la Premier League. El aumento de la competitividad y la apertura de la liga hacia el extranjero ha provocado que los locales se hayan visto rodeados de otros talentos que en muchas ocasiones han sonrojado sus propias carencias y ralentizado su proceso de evolución. Por esa misma razón, aunque los jugadores ingleses no copen los rankings del famoso galardón, la Premier League reina en ellos. En muchas ocasiones, la falta de éxitos con sus clubes hace que grandes jugadores no puedan aspirar a más por la falta de trofeos en su palmarés. Si Harry Kane hubiese ganado la Premier League y la FA Cup con los Spurs quizá otro gallo cantaría, nunca mejor dicho; pero ganar el campeonato tampoco le sirvió a Jamie Vardy para ir más allá del octavo puesto en la edición de 2016.

Los niveles estratosféricos de jugadores como Messi o Ronaldo y la predilección de los premios por éstos han impedido la irrupción de otros candidatos en los últimos diez años, aunque ahora parece que es el comienzo del fin y que otros, como Luka Modric en la pasada gala de The Best, están empezando a enseñar su patita por debajo de la puerta. En las nominaciones de este año, solo un jugador inglés ha conseguido colarse en el ranking: Harry Kane. Sin embargo, de los 30 postulantes al balón dorado, once juegan en la Premier League; casi la mitad del total.

Preguntábamos al principio del artículo cuándo volverá a ganar el Balón de Oro un jugador inglés; la respuesta es clara: no está claro. Quizá diez años, veinte, treinta, o dos. La cuestión es que a los leones les queda un largo camino para volver a convertirse en los reyes del safari. 

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