Bienvenido a Inglaterra, Pep
La victoria in extremis el pasado fin de semana ante el Sunderland reveló la sucesión de gestos del novel entrenador del Manchester City durante el encuentro ante los Black Cats. El inesperado empate y la remendada victoria dejaron en suspiro la cara de susto del entrenador español.

El fútbol inglés se destaca por su exigencia física. Al contrario que el fútbol español, más técnico y el italiano, más táctico, la Premier League presume de ser el fútbol que posee más contacto y disputas fieras en cada balón. La permisividad de los árbitros a la hora de dirigir los encuentros también contribuye a que el ritmo del partido sea elevado y las interrupciones mínimas. Lo que desemboca en un porcentaje mayor de tiempo efectivo de juego en los partidos y, por tanto, un deleite mayor para los aficionados del estadio y los espectadores de todo el globo terráqueo.

A esta unicidad tiene que adaptarse poco a poco Pep Guardiola en el Manchester City. La primera advertencia se la proporcionó el Sunderland en la jornada inaugural del nuevo curso en Inglaterra. Los Black Cats empataron a pocos minutos del final del partido en el Etihad y la tesitura para empezar la competición no era la mejor. Ulteriormente, los Sky Blues vencieron con un gol en propia puerta de Paddy McNair sobre la hora.

Guardiola viene de una liga poco competitiva. De un desierto gobernado por el monopolio del Bayern. Y ha llegado a la selva anárquica del fútbol. Donde el año pasado se proclamó campeón un candidato al descenso. Obviamente, este juicio parcialmente categórico no sostiene la teoría. Pero, en cambio, la clasificación del Tottenham a la Champions League dejando fuera a potencias como el Manchester United o el Chelsea dota de más peso la doctrina. Y la paulatina decadencia del Liverpool siendo alimentada por el resto de candidatos emergentes en el fútbol inglés. Y el auge del West Ham… o el ridículo del Manchester United y el Chelsea la pasada temporada…


Este paradigma vanguardista no puede tener la misma cabida en la Premier que en la Bundesliga. El acentuado dominio del Bayern de Múnich nunca tendrá lugar en la Premier. Y las ventajas en muy reducidas ocasiones serán propicias para hacer probaturas y mejunjes tácticos.

Sin duda, una de las principales características del entrenador Citizen se basa en la capacidad de inventiva, ingenio y creatividad en el fútbol. Ese modelo de juego basado en cinco pasillos en lo ancho de todo el campo a ocupar con numerosos jugadores por dentro para generar ventajas por los extremos. O, también, esa innovación de incorporar a los laterales al mediocentro, retrasando a los extremos para ayudar en la salida de la jugada o acercando al lateral del lado débil a la zona central del campo.

De cualquier modo, este paradigma vanguardista no puede tener la misma cabida en la Premier que en la Bundesliga. Primero porque Bacary Sagna y Gael Clichy (laterales en la primera jornada de liga), no tienen la inteligencia táctica ni la sapiencia técnica de David Alaba o Philipp Lahm. Y, segundo, porque el acentuado dominio del citado equipo de Baviera nunca tendrá lugar en la Premier. Y las ventajas en muy reducidas ocasiones serán propicias para hacer probaturas y mejunjes tácticos.

La igualdad del fútbol inglés es total, y cualquier resquicio de dejadez o falta de tensión en cualquiera de las vertientes futbolísticas (tanto en planteamientos del entrenador, como en la actitud de los jugadores o los fallos en el modelo de juego por parte de ambos), se puede pagar caro. El Manchester City tampoco anda sobrado de pegada y cualquier traspiés innecesario puede ser fatal a largo plazo.

Sin duda, la magia de Guardiola está en su especificidad como técnico. Y es necesario que así sea en la Premier League también. Pero determinadas decisiones y en determinados contextos. Sino puntos imperdibles pasarán del lado Sky Blue al grisáceo de los recuerdos allá por el mes de mayo. Como aquellos partidos que con más practicidad y menos magia, quizá hubieran caído del lado del Manchester City.

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