Bury AFC: una nueva vida
El Bury FC todavía no ha desaparecido de manera oficial, pero su prácticamente insalvable crisis económica ha animado a algunos fans a crear un nuevo club. Con el ejemplo del Wimbledon AFC como referente, pretenden devolver al equipo al lugar al que pertenece.
Por Jordi Cardero | 16/03/2020 Bury FC

“El día que nos expulsaron de la liga fue devastador. Sabía que, con el fútbol moderno, podría pasarle a cualquier club, pero nunca pensé que le sucedería al mío. Durante mucho tiempo estuve enfadado con el fútbol, me golpeó como la muerte de un familiar”. Estas son las palabras de Rich Beedie, seguidor del Bury FC, recordando la noche del 27 de agosto del año pasado. La fatídica noche en la que la English Football League formalizó la expulsión del club a causa de la pésima gestión económica de sus propietarios. Oficialmente, el club no ha muerto, pero tampoco da señales de vida.

La del Bury FC fue una muerte lenta y agonizante para sus aficionados. Sin embargo, el club sigue existiendo y en su último comunicado, en el mes de octubre, expresó que “el Bury Football Club no ha muerto como algunos aseguran, volverá a jugar a fútbol”. La única certeza, proveniente de fuentes no oficiales, es que su dueño, Steve Dale, está tratando de vender el club que compró por una libra.

A la EFL no le tembló el pulso a la hora de expulsar a los Shakers el pasado mes de agosto, con 135 años de historia a sus espaldas. En un reciente informe, a cargo de Jonathan Taylor, la EFL mostró las deficientes cuentas del Bury FC. Bajo el mandato de Stewart Day -anterior propietario a Steve Dale- el club generaba unos ingresos de poco más de tres millones de libras. No obstante, el gasto en salarios ascendía hasta los cuatro millones y medio. El protocolo de costes salariales de la League One recomienda que el gasto en sueldos no supere el 60% de las ganancias del club, pudiendo ser superior en caso de que se trate de una football fortune, lo que se entendería como una entrada adicional por parte del dueño del club. El Bury FC destinaba alrededor del 140% de sus ingresos a salarios.

Cuando las empresas de Day empezaron a tambalearse, los jugadores comenzaron a cobrar tarde y la economía de los Shakers se colapsó. A finales de 2018, Day vendió el club a Steve Dale por una libra, dado el terrorífico estado financiero en que se encontraba la entidad. La EFL tiene una serie de mecanismos para asegurar la viabilidad del nuevo comprador. Sin embargo, es completamente insuficiente. No valoró que Dale había quebrado con 30 empresas, porque lo consideró irrelevante.

El club presentó a Steve Dale como un “hombre de negocios muy exitoso” que “de una forma filantrópica, estaba decidido a ayudar a gente joven y que había perdido la esperanza”. Lo describieron como al Lobo de Wall Street, aunque aún no se ha escrito el final de la historia. Steve Dale fue como el runner que se compra unes bambas nuevas, una cinta de correr, un reloj inteligente conectado a su, también, nuevo smartphone. Un conjunto completo de colores llamativos que te desmarca del resto. Pero, en realidad, la única experiencia con el mundo runner ha sido cruzarse con alguno camino del trabajo. Un runner que saldrá a correr una vez y, seamos sinceros, no volverá a hacerlo. Dale le ha sido tan útil al Bury FC como lo habrían sido unas chanclas a Usain Bolt.

“Ser seguidor de un equipo significan más que 90 minutos”, explica el Shaker Beedie. Entre el miedo a la orfandad y el entregar tu corazón a un dueño con unos fines muy diferentes a los tuyos, varios fans crearon un nuevo club: el Bury AFC. Sin embargo, técnicamente, el Bury FC sigue existiendo. Por este motivo, algunos fans ven la creación del Phoenix Club como desleal. “Para mí, como a muchos, el Bury FC ya se fue. Ahora solo podemos mirar hacia delante. Y el único club que nos puede ofrecer algo es el Bury AFC”, explica Beedie.


“El Bury FC ya se fue. Ahora solo podemos mirar hacia delante. Y el único club que nos puede ofrecer algo es el Bury AFC”

Los Phoenix tienen una plaza asegurada para competir a partir de la próxima temporada en la North West Counties Football League, la novena división del país. Para un club como el Bury FC, que vivió en el ascensor que le permitía viajar entre League One y League Two, supone un impacto brutal. Sin embargo, hay un caso en el que los Shakers pueden enmarcar: el del Wimbledon AFC.

En 2002, el tribunal de la FA aceptó que el club, a petición de sus propietarios, se desplazara a Milton Keynes, como si de una franquicia de la NBA se tratase. Así pues, al comienzo de la temporada 2003-04 se deshicieron de todas las pruebas del crimen y lo rebautizaron como MK Dons, club en el que creció Dele Alli. Los Dons se establecieron a unos cien kilómetros de su hogar, Selhurst Park, que compartieron con el Crystal Palace desde 1991 hasta 2003.

Fue entonces cuando los seguidores locales, en su mayoría, dejaron de apoyar al club que siguieron hasta el último de sus días y les abandonó. Entonces, nació el Wimbledon AFC. En nueve años, los Wombles consiguieron cinco ascensos: desde la novena división -donde presumiblemente empezará el Bury AFC- hasta la Football League, en 2011. Actualmente, el MK Dons y el Wimbledon AFC compiten por no descender a League Two.

El Blackburn Rovers se llevó un amistoso por 0-3 el 24 de julio del año pasado, aunque eso fue lo de menos. Nadie más ha vuelto a pisar Gigg Lane desde entonces. Nadie, menos Mike Curtis. Curtis era -es- el jardinero que cuidaba el verde de los Shakers. Aquel 24 de julio se ha convertido en una sombra que ha ido haciéndose mayor a cada día que pasa. Cada día es un golpe que los seguidores del Bury resisten, sin saber si al final del combate algo o alguien les espera.

Mike Curtis dio el primer golpe, aunque nadie respondió. Desde aquel día, no ha faltado a Gigg Lane para cuidar su estadio. Semanalmente, repasa el césped de un hogar huérfano que se resiste a abandonar. Explicó en el The New York Times que su único objetivo es que, si alguien pregunta por las condiciones del terreno de juego, pueda responder que está listo para que se vuelva a jugar. Mike es el único que impide que el Bury FC no sea engullido por el pasado.


El Bury AFC no cuenta con el presupuesto necesario para jugar en Gigg Lane

El Bury FC aún no está liquidado, pese a que las constantes CVA demandadas por Dale (traducido, acuerdo voluntarios de la compañía: permite liquidar deudas pagando solo parte de ellas. Le costó una sanción de 12 puntos de la competición que nunca llegó a empezar), no han sido suficientes para retomar la actividad del club. Si llegase a sobrevivir y pudiese costear permitirse jugar en Gigg Lane, sería el único equipo de la ciudad en hacerlo.

Sin embargo, no supone una amenaza para el recién formado Bury AFC. Los Phoenix no tienen presupuesto para hacer frente a los costes del estadio. Algunos seguidores no quieren desprenderse del que ha sido su hogar, supone una condición sine qua non ligada a la vida del club. Para parte de los Shakers, el Bury AFC es la última carta que puede jugar la ciudad para seguir teniendo planes los sábados por la tarde. Ese as lo guardaron apostando por la North West Counties Football League, aunque la espera hasta agosto es larga y la caída es dura.

Si bien han sido los seguidores quienes han impulsado el nacimiento de un nuevo Bury, también han sido los propios Shakers los que no han dejado morir a toda una comunidad. Varios fans se reúnen cada sábado por la tarde en algunos de los pubs alrededor de Gigg Lane. Las cervezas ya no vienen precedidas de un duelo en el estadio, pero acompañan algunos duelos históricos del Bury FC visionados en la televisión, como las dos FA Cups ganadas, en 1900 y 1903, que el escudo impide olvidar.

Así lo hicieron, también, los aficionados del Rotherham hace algunas semanas. Camino del encuentro ante el Accrington Stanley, todos los fans que se desplazaban hasta Crown Ground se desviaron de la ruta para detenerse en los pubs situados al lado de Gigg Lane. Apenas existe relación entre los Shakers y los Millers, que coincidieron en League One la temporada 2017/18, pero los visitantes quisieron mostrar su apoyo a la comunidad.

Cuando muere un club, con él se lleva parte de miles de vidas. Lo peor es que ya solo permanecen los recuerdos y algunos de ellos quedan desdibujados por el azar de la memoria. Gigg Lane es, aunque vacío, la herencia de más de un siglo de fútbol en Bury, el peso del pasado golpeando el corazón. Y el Bury AFC es la suma de todos los trocitos  rotos que luchan por resistir: una nueva vida.

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