Charles Reep, la modernidad del pasado
Se suele decir que nadie puede ser profeta en su tierra, pero a veces tampoco se puede ser en su tiempo. Y Charles Reep, el mayor profeta del análisis de datos del fútbol, fue vilipendiado por comenzar un camino que, a día de hoy, es el futuro del fútbol.
Wolves vs. Honved 1954. / FIFA

 

Silencio. Da igual el ruído que le rodee. Él, inmerso en su papel y en el roce del lápiz con el mismo, sólo siente el silencio de sus cávalas infinitas. No le importan las circunstancias, porque al final un hombre debe adaptarse a su contexto. Podrías imaginarlo con pensamientos grandilocuentes sobre su método, o llegando al despacho de un presidente de cualquier equipo de fútbol con maletín en mano a convencerle de su estilo. Pero no, él prefiere pensarlo todo varias veces. Analizar. Parar. Y entonces actuar.

Su mujer está ya cansada de aceptar sus idas y sus venidas, propias de un veinteañero sin nada que hacer y no un oficial de la Royal Air Force, que debería estar atareado con otras cuestiones. Pero él consigue hacerlo todo. Incluso no ser aceptado por la gente de su tiempo.

Pero entra aquí otra cuestión, pues a la gente que no la acogen sus contemporáneos, debe ser recordada y arropada por aquellos que les siguen, y vienen después. Las nuevas generaciones. El motivo de que el nombre de Charles Reep deba ser escrito, repetido, y grabado a fuego lento en la historia del fútbol inglés. Del fútbol moderno, incluso. El personaje más incónicamente olvidado de la historia del análisis de datos del fútbol.

El inicio del hombre tras la obra

Mientras los 50 echaban a andar, Reep estaba cerca del final de su tiempo en el ejército. Él era un apasionado tanto del fútbol amateur como del profesional desde sus años de crecimiento en Torpoint, Cornwall -Cornualles-, cerca de Devon, donde se encuentra el club de su infancia. El Plymouth Argyle. Si bien es cierto que la elegancia del tenis era lo que más frutos le había dado cuando era un adolescente. Había llegado a ir a otros países como representante de Devon y Cornwall. Pero no le había dado para más. 

Este había sido el motivo de que estudiara para ser contable, y que en 1929, con 25 años, decidiera ingresar en las fuerzas aéreas británicas. Un trabajo que le mantendría atareado hasta 1955, y que le llevaría a lo largo de todo el territorio inglés, de servicio en servicio. Aunque tuvo la buena fortuna de estar destinado en Londres en los primeros años de la década de 1930. Un hecho que le marcaría de por vida. Pues como decíamos, Reep era un entusiasta del fútbol. Motivo por el cual aprovechaba para acudir al norte de Londres y observar con atención las andadurías del Arsenal y el Tottenham. Que se encontraban en las antípodas deportivas. Unos, los Gunners, levantando trofeos sin cesar. Los otros, los Spurs, sin levantar la cabeza de la Segunda División.

Además, aprovechó para ayudar a organizar partidos entre las distintas bases de la RAF que había en la zona, interesándose cada vez más sobre cómo funcionaba el fútbol del momento, y qué había que hacer para salir vencedor. Su mente contable y analítica nunca descansaba.

He aquí el momento clave de la carrera de Reep. Estamos en el año 1933. El Arsenal de Herbert Chapman, campeón de liga, era el equipo de moda. Y en aquella época, era habitual que jugadores o integrantes de los equipos se acercaran a las diferentes bases para hablar con los soldados o pilotos. Así fue como Charles “Charlie” Jones, estrella del conjunto londinense, que llegó a sumar 195 partidos disputados bajo el mando de Chapman, acudió a hablar sobre la temporada del equipo y la forma que tenían de jugar. Cómo Chapman usaba los extremos para llegar más rápido al campo contrario, obviando pases intermedios. Y Reep quedó impregnado de las ideas que él entendió caracterizaban al Arsenal de Herbert Chapman.

El análisis estadístico ve la luz por primera vez

Llegando al 18 de marzo de 1950. Eran las 15:50 de la tarde, y el Swindon Town no conseguía hacerle nada a su rival, los Bristol Rovers. Su estilo de juego aburría a Reep. Habían llegado al descanso 0 a 0. Por lo que decidió dar un paso adelante. Sacó su libreta, y un lápiz, y comenzó a anotar cada acción ofensiva que llevaban a cabo los locales. Para así poder sacar conclusiones a posteriori que le dieran una idea de qué hacer para mejorar la actuación del equipo. Al término del partido, había anotado la cantidad total de 147 jugadas ofensivas completadas por parte de los Robins, llegando a la conclusión de que un partido de fútbol tenía por norma un total de 280 acciones, y 2 goles anotados, lo que implica un porcentaje de 0’7% de goles por partido. No iba a ser mucho lo que se necesitaría para elevar este porcentaje un 1%, y así llegar a los 3 goles -y a la victoria-.

Tras esto, hubo muchas ocasiones en las que se le podía observar en Plymouth analizando a su equipo, con una luz minúscula agarrada a su frente, como un minero que escarba en la roca, tratando de arañar todos los datos que le pudieran llegar de cada partido. Datos que, con suerte, llegaban a ser hasta diamantes en bruto. 

Su método era impresionante. Dividía el campo en 4 secciones, estableciendo una zona de disparo preferible en cada parte, alrededor de los 30 metros desde la portería contraria. Y anotaba cada gol, cada pase, cada movimiento, con una simbología propia y preconcebida. Después, lo analizaba todo. Un partido bien detallado, por ende, podía llevarle hasta 80 horas de trabajo. Es una pena que Dalí no conociera a Reep, porque podría haber nombrado un cuadro de los suyos como la persistencia de la estadística.

Con esta metodología, que empezaba ya a recorrer la rumorología de los campos de las islas, llegó a Brentford en enero de 1951. El equipo marchaba por los puestos finales de la Segunda División, y no conseguía levantar cabeza. En noviembre, incluso, habían perdido 2 a 7 contra el Grimsby en casa, y eso que el Grimsby estaba incluso en una peor situación en la tabla que ellos. Aunque no sea a ciencia cierta, se cree que después de ser eliminados de la FA Cup por el Stockport County el 6 de enero de 1951, Reep entró a formar parte del staff técnico de los londinenses. Con sus tácticas, consiguieron pasar del descenso, del que estaban peligrosamente cerca, a una cómoda décima plaza. Con 10 victorias en 17 partidos, y sin dejar de marcar gol en ninguno de ellos, le dieron la vuelta a la situación. 

En el verano de 1951, Reep es trasladado al condado de Shropshire, colindante con el entonces condado de Staffordshire, donde se encuentra la ciudad de Wolverhampton. Aquí, en los Wolves, se encuentra un entrenador que entiende y se siente comprendido por las ideas de Reep, de buscar el campo contrario lo antes posible, el balón en largo, y la utilización de extremos rápidos e incisivos que se olviden de las jugadas maravillosas y habilidosas y traten de centrar el balón al área lo antes posible. Todo esto, parte de Reep.

El punto álgido de su creencia

Su teoría, comprobada con sus experimentos y estudios estadísticos, era que a medida que el número de pases aumentaba, la posibilidad de hacer gol disminuía. Siempre según sus cálculos, se necesitaban 10 tiros para anotar un gol. El 50% de los goles llegaba tras un pase o menos, y el 80% lo hacían tras 3 pases o menos. Además, el 60% de los goles comenzaban en el campo rival, habitualmente después de un error o una pérdida de balón. A esto se le sumaba que, según algunas de sus publicaciones de los años 50 y 60 -la más potente tiene lugar en el año 68- el 99% de las jugadas duraba 6 pases o menos, y el 95% de 4 pases o menos.

Reep, por tanto, se basaba en estos hallazgos para proponer la mezcla de dos religiones en las que él creía. El POMO (Position of Maximum Oportunity) y el “random chance”. Lanzar en balón en largo, hacia el lugar de mejor oportunidad, mayor ventaja, y que la aleatoriedad del balón de sus frutos. Además, una de sus ideas clave era mantener a un jugador lo más cerca posible de la portería contraria sin hacer fuera de juego, para poder hacerle llegar el balón lo más rápidamente posible y poder anotar gol con mayor facilidad. Al igual que provocar pérdidas rivales. Al uso de lo que hacía Ranieri con Vardy y el Leicester en 2016. 

Este fue un hecho que analizó en el artículo que publicó junto al Dr. Bernard Benjamin en 1968 en el Journal of the Royal Statistical Society, titulado “Skill and chance in association football”, el primer escrito publicado en un “journal” estadístico sobre el fútbol en toda la historia. Y el primer paso para todos los analistas que vinieron después.

Pero volviendo a los Wolves, cabe recordar aquella frase de Stan Cullis auto-proclamándose como los “campeones del mundo” que acabó dando lugar a la creación de la Champions League, por entonces la Copa de Europa. Una frase que pronunció tras vencer 3 a 2 al Honved húngaro el 13 de diciembre de 1954, un año después de la derrota 6 a 3 que habían sufrido los ingleses frente a Hungría. Una victoria que, una semana antes, Reep había augurado a Cullis diciéndole qué pasos debía seguir. A pesar de ello, los de Puskas y compañía se habían puesto 2 a 0 en la primera parte, sin apenas oposición de los de West Midlands. Pero todo cambiaría tras el descanso.

El primer gol llega tras un penalti conseguido con un balón en largo desde el medio del campo. El segundo llega con un centro lateral al punto de penalti. Y el tercero se consigue con un pase adelantado del extremo zurdo al borde del área, que remata a placer. Las enseñanzas de Reep habían dado sus frutos.

Sus 3 años y medio en los Wolverhampton Wanderers fueron su momento más fructífero. Tras retirarse de la RAF en 1955, estuvo un tiempo en Sheffield, aconsejando al Sheffield Wednesday, pero no llevó a nada, pues los jugadores importantes del equipo no estaban dispuestos a aceptar sus dictados. En realidad, nadie lo estuvo.

Reep fue una persona odiada en su momento por la prensa británica. Su convicción sobre la practicidad de su método; el hecho de presentar estadística, y no dejarse llevar por lo que más brilla y no necesariamente gana partidos -como los regates-; o ir en contra de lo que enamoraba a todo el mundo, el juego de posesión, le pasó factura. Así es como estuvo hasta los años 80 sin colaborar con nadie, publicando sus artículos y visionando más y más partidos. Llegando a analizar 40 por año. Es normal que su mujer llegara a estar cansada de él.

En los últimos 20 años del siglo XX pasó a colaborar con Charles Hughes, director técnico de la FA, en la creación de análisis y tácticas para la selección inglesa. Estuvo un tiempo relacionado con Graham Taylor, que utilizaba a uno de los pupilos de Reep como analista principal, y que llegó a estar en la cumbre de la liga inglesa con el Watford. También con el mítico Dave Bassett, encargado de llevar al Wimbledon de la cuarta a la primera división, y de hacerle brillar contra el Liverpool en aquella final de la FA Cup en la que hicieron historia. Y con Egil Olsen, que llevaba utilizando la analítica y el juego de balón en largo con presión alta desde 1970, y que le llegó a invitar en 1993 a ver en Oslo como Noruega pasaba por encima de Inglaterra.

En definitiva, Reep puede ser catalogado como muchas cosas, y a la vez como ninguna. El primer analista estadístico de la historia del fútbol. El promotor de la presión alta, el juego directo, el pase en largo, como se le quiera considerar. Y un auténtico enfermo del fútbol. Sin haber una cifra exacta, cuando falleció en 2002, y apenas 30 personas fueron a su entierro, se comentó que había visto en toda su vida entre 2200 y 2500 partidos de fútbol. Y había seguido haciéndolo, analizándolos pormenorizadamente, a mano, sin cambiar su fórmula, hasta el final de sus días. Pues cuando se tiene una convicción, abandonarla es pecado.

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