Clásico a dos velocidades
El Liverpool optó por la estabilidad cuando Klopp empezó con mal pie en Anfield y hoy disfruta de un equipo loco. En el Manchester United se encomendaron a la locura de Mourinho para tener ahora un conjunto estable. Con el Manchester City como objetivo en un futuro cercano, se enfrentan tras haber recorrido dos caminos distintos que los han llevado al mismo punto: el escalón previo al trono de Inglaterra.

Durante dos décadas desde la fundación de la Premier League, la rivalidad entre Manchester United y Liverpool estuvo condicionada por la monarquía futbolística que instauró Sir Alex Ferguson desde Old Trafford —tan exitosa y regular que no ha encontrado un digno heredero en un lustro—. Trece ligas de los Red Devils por ninguna de los Reds desde 1992 son la prueba de que el duelo entre los dos más grandes de Inglaterra ha vivido muchos años bajo la sombra del demonio mancuniano, pero los nuevos tiempos han cambiado el panorama. En los últimos cursos, el azul de Manchester CityChelsea ha cambiado el color del torneo mientras el United busca su identidad sin Ferguson y en Anfield tratan de dar con la fórmula que no han encontrado desde su última liga en 1990. Desplazados ambos de la cima, el Clásico es ahora un enfrentamiento entre dos proyectos que van a distintas velocidades, pero apuntan al mismo sitio.

Ya desde el principio de su carrera como entrenador del Liverpool quiso Jürgen Klopp avivar la comparación con José Mourinho al autodenominarse 'The Normal One' —en alusión a la etiqueta de 'The Special One' que usó el portugués al fichar por el Chelsea—. El alemán puso el pie en Anfield en octubre de 2015 como revolución necesaria tras serle esquiva la gloria a Brendan Rodgers, y ocho meses después Mou se apuntó a la fiesta firmando con el rival. Recuperar la competitividad de sus clubes ha sido un logro común, aunque unos desde la paciencia que requería Klopp y otros asimilando una reconstrucción exprés.

La comparación estadística con Rodgers ha sido un juicio constante para Klopp. Si con el norirlandés rozaron el título y Jürgen no mejoraba sus números, no había cambio al que aferrarse más allá de la promesa de que el Liverpool se parecería al Borussia Dortmund que llegó a la final de la Champions League en 2013. Esa paciencia ha sido la muleta del alemán en los malos momentos, cuando su equipo era un despropósito capaz de pintar la Mona Lisa en cuarenta y cinco minutos y quemarla en la segunda parte. Ver hoy a Mohamed Salah, Roberto Firmino y Sadio Mané maravillando al mundo en unos Reds alocados, pero con una idea de juego definida, es el producto de muchas repeticiones del mismo mensaje: aguantad y volveremos a ganar. Incluso la defensa, clásico punto crítico del sistema de Klopp, parece que se sostiene desde que rompieron la hucha por Virgil van Dijk.

Mourinho y Klopp se saludan en uno de sus últimos duelos con Liverpool y Manchester United. Foto: Laurence Griffiths (Getty Images)

El Manchester United, en cambio, no podía permitirse más pasos en falso. Para un equipo acostumbrado al éxito por Ferguson, la reacción a los desastres de David Moyes y Louis van Gaal debía ser inmediata. El Liverpool podía asimilar mejor un proceso de reconstrucción porque lo suyo en Premier es una travesía por el desierto que dura casi treinta años, pero en Old Trafford la urgencia ante la mutación de su vecino celeste en una superpotencia futbolística exigía un cambio efectivo y rápido. Y a la hora de demoler y levantar cimientos de la noche a la mañana hay pocos como José Mourinho, no sin los millones necesarios para incorporar puntas de lanza como Paul PogbaRomelu Lukaku. El precio a pagar por las victorias inmediatas es un juego atropellado, conservador y sin clara definición, pero al César lo que es del César y a José lo que es de José: sigue peleando con pulso firme por el subcampeonato y su estilo tosco es incómodo para cada rival por su orden, disciplina y don de la oportunidad —que se lo digan al Crystal Palace—.

Aunque por distintos caminos, Liverpool y Manchester United se encuentran en su ducentésimo Clásico recuperado el prestigio que siempre se les presupuso y con la expectativa de dar el salto definitivo para volver a levantar la liga que no ganan desde hace veintiocho y cinco años respectivamente. Para los Reds, verse tan arriba es la recompensa a haber confiado en el progreso que escondían el octavo puesto del primer año de Klopp y la cuarta posición en la temporada 2016-2017. En Old Trafford, los resultados en Premier son razón suficiente para creer que los tiempos de jugar Europa League se han terminado con Mourinho, aunque se les acuse de no jugar a nada.

Ambos técnicos tienen un carácter capaz de crear una legión de fieles allá donde entrenan, pero la historia de sus clubes los obliga a ser inconformistas. En apenas dos campañas, Pep Guardiola ha establecido un techo altísimo para todo el que aspire al trono inglés. Las ideas de Klopp y Mourinho no sólo necesitan ser ganadoras, sino además tener futuro y sobrevivir al paso del tiempo para aguantar el ritmo del impenetrable sistema del que presume el Manchester City. Y eso exigirá aún más paciencia al Liverpool con el alemán y la calma que el Manchester United precisamente no buscaba en el portugués. Este Clásico es un buen punto de partida para determinar quién es el segundo club de Inglaterra y, por tanto, la mayor amenaza a corto plazo para los Sky Blues: unos han apostado por la estabilidad para poder disfrutar ahora de un estilo loco y otros se han decantado por la locura para tener hoy un equipo estable.

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