Cuestión de arder
Will Grigg es algo más que una canción noventera rebautizada. El delantero norirlandés pasó por un infierno mientras media Europa coreaba su nombre. Ahora, en el Wigan, el jugador ha encontrado su mejor versión y su faceta más goleadora.

Will Grigg’s on fire, your defense is… para, para, no puedo escucharla más. He will score goals, he will score them all… qué pegadiza es, maldita sea. ¿Estará en Spotify? No, no, no… otra vez no. Na na na na na na na na na na na…


«La canción estaba bien, pero yo solo quería salir al campo a jugar ».

Las canciones con sello futbolístico se han convertido en un clásico del fútbol. Es como el pan con aceite, el café con leche, o Mourinho con un planteamiento defensivo: separadas están bien, pero juntas se entienden mejor. Quién le diría a la autora de la canción original, Gala, que su Freed from desire volvería a renacer veinte años después gracias a los aficionados del Wigan. El Will Grigg’s on fire se convirtió en el protagonista absoluto de la Euro 2016 y llegó a ser top diez en las listas de éxitos de Reino Unido ese mismo verano. Algo que muestra, una vez más, que en las islas británicas el gusto por lo hortera prima ante cualquier otra cosa.

La canción se viralizó gracias al video del aficionado Stephen Kennedy, que la subió a YouTube tras una racha goleadora del delantero. El vídeo tuvo tanto éxito que el presidente del Wigan, David Sharpe, le regaló el abono para la temporada 2016/17. Tanto la capital como el resto de ciudades francesas que albergaban el campeonato se inundaron con las estrofas de la banda sonora del momento. ¿Islandia? Will Grigg’s on fire. ¿Alemania? Will Grigg’s ist on fire… incluído el propio Mats Hummels. ¿Italia? Il Will Grigg è on fire. ¿Francia? Will Grigg c’est on fire… con una versión un tanto perturbadora de Eric Cantona. Todos coreaban la famosa canción, que traspasó fronteras e inundó la competición de un aura de unidad y diversión muy por encima de la media.

Sin embargo, no siempre llueve a gusto de todos. Will Grigg escuchaba los cánticos sentado en el banquillo, siendo el cuarto delantero de su selección y viendo, frustrado, cómo su mejor temporada con el Wigan no había despertado ningún tipo de alarma en el entrenador norirlandés, que le mantuvo apartado durante toda la competición. Ser uno de los elegidos fue una hazaña excepcional para el delantero, pero no haber jugado ni un minuto después de haber marcado la friolera de 28 tantos en la temporada previa al campeonato no fue algo fácil de llevar. 


«Ese fue mi año más exitoso con el Wigan e ir a la Eurocopa fue un gran logro. Fue uno de los momentos más importantes de mi carrera, pero también uno de los peores porque el no haber jugado fue algo muy difícil para mí. Si iba a jugar, iba a ser ahí ».

Que Irlanda del Norte se vuelva a clasificar para un campeonato internacional, que Will Grigg vaya convocado y que juegue unos minutos no es algo para los escépticos. Será muy difícil que este escenario se vuelva a gestar y Grigg lo sabía. Porque en la Euro 2016, el jugador estuvo de todo, menos on fire.

Pues sí. A Will Grigg no le gusta la canción. Es más, está harto de escucharla. Como muchos de nosotros. Grigg es algo más que un éxito noventero rebautizado, algo que muchos medios, sobre todo fuera de Inglaterra, parece que no han llegado a comprender. Ha sido un jugador que ha necesitado mucho tiempo, y paciencia, para convertir su fútbol en resultados palpables, para convertir sus ocasiones en goles y para intentar aspirar a algo mejor. Su carrera comenzó en los juveniles del Birmingham en 1998, sin embargo, un golpe de mala suerte y una pierna rota a los quince años provocaron que el joven Grigg tuviera que dejar las filas del equipo Blue. En 2007 fichó por el Stratford Town y un año después por el Walsall de League One, donde permaneció hasta 2013.

Fue en el Walsall donde su carrera profesional dio sus primeros pasos, pero Will Grigg necesitó cuatro temporadas para adaptarse. En su primera, debutó en el minuto 89 frente al Cheltenham Town en un empate a cero. Esta sería su primera y última vez en el campo para lo que restaba de temporada. En la 2009/10 ni siquiera jugó ningún partido, sentándose en el banquillo veinte veces y siendo inutilizado todas ellas. En las dos temporadas siguientes, marcó cuatro goles en 30 y 32 apariciones, respectivamente, y su futuro parecía destinado a terminar de forma abrupta. Sin embargo, el fútbol es tan cambiante como la suerte de un delantero, y en la 2012/13, Will Grigg comenzó a ser titular en el once del Walsall convirtiéndose en el máximo goleador con veinte tantos, así como en el futbolista de la temporada para su club. Después de cinco temporadas, Will Grigg no consiguió, precisamente, unos números de vértigo: 109 partidos jugados y 28 goles marcados.

Los números no le acompañaban, pero Grigg tuvo la oportunidad de redimirse en el Brentford, que también jugaba en la League One. Quizá era ahora el mejor momento para el futbolista para cambiar de aires y aspirar a jugar, al menos, en la Championship. Sin embargo, la suerte no le sonreía al joven Grigg. En su primera temporada, marcó cuatro goles en 36 partidos y su confianza y motivación se esfumaron. Las lesiones, las convocatorias con la selección y jugar en una posición ajena a la suya mermaron su confianza. 


«No me he convertido en un mal delantero de la noche a la mañana. He estado entrenando bien, estoy confiado y sigo creyendo. Si consigo jugar unos cuantos partidos, estoy seguro de que marcaré goles ».

Si las cuatro desastrosas temporadas en el Walsall le habían enseñado algo es que rendirse no era una opción. En 2014 se fue cedido al Milton Keynes Dons y fue allí donde tuvo su mejor temporada hasta la fecha: 22 goles en 50 partidos y un ascenso directo a la Championship. Fue por aquel entonces cuando Grigg comenzó a acuñar su apodo de mata-gigantes, marcando dos goles frente al Manchester United en la segunda ronda de la Copa de la Liga el 26 de agosto, partido que los Red Devils acabaron perdiendo por cuatro goles a cero.

Después de su prolífica temporada en Milton Keynes, Will Grigg ficharía por el Wigan Athletic en 2015, club en el que juega actualmente y con el que recientemente ha renovado contrato. Lugar donde asegura, se siente en familia, y donde encaja perfectamente. Es con los Latics donde el delantero norirlandés se ha dado a conocer al mundo, y donde recientemente consiguió eliminar tanto a West Ham como a Manchester City en la FA Cup, marcando él todos los goles. Este fin de semana, el Wigan se enfrenta al Southampton, un equipo tocado y hundido que acaba de anunciar tanto la destitución de Pellegrino como la incorporación de Mark Hughes. 

Will Grigg celebra con los aficionados Latics después de eliminar al Manchester city en la FA Cup (Michael Regan/Getty Images)

A pesar de la buena temporada de Grigg hasta la fecha, no ha sido convocado con Irlanda del Norte para jugar el amistoso frente a Corea del Sur el 24 de marzo. El delantero lleva sin jugar con la Green and White Army desde noviembre del año pasado. El seleccionador Michael O’Neill ha acordado con el entrenador del Wigan, Paul Cook, que el jugador permanezca con el club para poder jugar los partidos de League One que se disputarán en el parón internacional. Grigg, que lleva siete goles en sus últimos nueve encuentros, será una de las claves para que los Latics opten por el ascenso directo a la Championship. El Wigan, que hace pocas semanas lideraba la clasificación, se sitúa ahora en el segundo puesto de la tabla, por detrás del Blackburn, pero con tres partidos menos.

Es ahora o nunca para un Wigan que hace menos de diez años jugaba con los grandes en la Premier League, y con ellos, un Will Grigg que quiere algo más que una canción a su nombre. Durante su carrera, la mala suerte y la falta de motivación le han acompañado en infinitas ocasiones, pero es ahora, y con los Latics, donde el delantero norirlandés ha encontrado su mejor versión. Will Grigg sufrió un infierno, pero no le vimos arder. Si Will Grigg is on fire, entonces hemos subestimado su capacidad de renacer después de caer en el hoyo más bajo. Porque cuando el agua hace desvanecer el fuego, éste no vuelve a nacer de la nada. 

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