'Dejan vu'
Dejan Lovren volvió a firmar otra estrepitosa actuación con la camiseta 'red'. La reprimenda en el vestuario fue tan grande que ha borrado su biografia en Twitter, donde se autodefinía como “defensa del Liverpool FC”.

Cerveza sin alcohol, un cajero con el cartel de “fuera de servicio”, el olor a brócoli proveniente de la cocina cuando esperas costillas de cerdo, desenredar los auriculares o Dejan Lovren tienen un nexo en común: forman una breve lista de pequeñas decepciones que nos hacen perder la fe.

Quizá no lo sepas, pero cada vez que el balón saca lo peor del croata, una mariposa aletea. Y con ello, un cometa, situado a billones de kilómetros en la galaxia, ve su trayectoria variada tres grados. Dejan Lovren es, de hecho, una herramienta del adversario, destructor de reyes, devorador de mundos, un ángel caído del cielo, descendiente Targaryen, causa y consecuencia del Brexit, de que se deshaga el Polo Norte. De todo esto y mucho más.

Dejan pone el déjà en el vu. Su nombre no es casualidad. Fue premeditado. Para los aficionados al Liverpool, su nombre en el once titular es un evento semanal, el cual a menudo muestra una nula unión entre el hombre y el balón. Como un chico de ocho años que levanta la cabeza al cielo para ver como despegan los aviones, Lovren vio el balón pasar por encima de él cuando marcaba a Harry Kane. Pensaba en tiempos mejores. Épocas más simples. Y uno puede simpatizar si no fuera porque en la jugada siguiente hizo exactamente lo mismo.

Klopp y Lovren se abrazan tras el 0-0 contra el Manchester United. Foto: Paul Ellis (AFP Photo)

Klopp le señaló con el dedo tras hacer dos malas acciones como si de su mascota se tratase. Y le sustituyó. Ya en el banquillo, sus ojos desprendían la mirada del que no sabe dónde está ni cómo llegó hasta aquí – síntomas claros de haber sido abducido por extraterrestres o de haber sido sobrepasado por un 'hurrykane'.

Si el Liverpool no presta atención a las señales, cumplirá una profecía repetida durante los últimos 26 años. Si no presta atención, Lovren se convertirá en mártir para los males del equipo, del entrenador y de la junta directiva. Pero la línea defensiva y el mediocampo que saltó al campo estaba compuesto por jugadores de la era de Brendan Rodgers –equipo que fue diagnosticado varias veces con problemas defensivos–. Curiosamente, Einstein definía la locura como la capacidad de esperar distintos resultados mientras repetías una y otra vez el mismo experimento. ¿Está entonces Klopp loco?

Para encontrar la solución, el primer paso es detectar el problema, y parece que tarde, pero el entrenador alemán lo ha conseguido. Ahora el camino ya es mucho más fácil, debe ir a los dueños y pedir defensas mientras pone su mirada asesina y las venas hinchadas –la misma expresión que saca a relucir en los partidos–. Eso debería bastar. En Estados Unidos no son ciegos. Eso, y que tampoco les gusta tirar el dinero en una de sus inversiones.

El mercado invernal se acerca, y en palabras de Gary Lineker, “es difícil defender la idea de que este Liverpool puede ganar algo, y es casi tan difícil como para el Liverpool defender bien”.

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