Desapego, intriga y éxito en Middlesbrough
La era de Aitor Karanka en el Middlesbrough ya es historia. Ayer, o eso puede parecer según la perspectiva, aterrizaba en su primer trabajo como entrenador jefe de un equipo profesional. Difícil es pasar para un club por tantos altibajos con el mismo entrenador. Porque él ha estado casi tres años y medio. A la deriva en segunda, un ascenso y un adiós.

Se había convertido Aitor Karanka en el decimocuarto entrenador más longevo del fútbol profesional inglés. De los 92 clubes que lo componen. El Middlesbrough tenía en el alavés al quinto técnico más longevo de la Premier League. Superado solamente por Arsène Wenger, Eddie Howe, Sean Dyche y Mark Hughes. La naturaleza de los clubes, de los aficionados, de los propios entrenadores y de esta realidad que habitamos ha ido mutando en algo diferente. Cada vez todo va más rápido en muchos ámbitos. El fútbol generalmente no es una excepción. El dinero, desde el que hay en la Premier League hasta el que hay en la segunda división de la liga eslovaca, por decir algo, genera presión. Su presencia, su ausencia... si el Middlesbrough no se jugase dejar de ganar millones no hubiese habido, probablemente, razón para cambiar de entrenador. Tantos años de duro trabajo para participar de la bonanza de la Premier League para que esa fortuna se esfume a las primeras de cambio. La situación ha acabado cayendo por su propio peso. Porque, lejos del drama acaecido en Leicester, sin ir más lejos, esta etapa ha finalizado de manera más amistosa. A la velocidad de la Premier League, no obstante, arreglar esta situación era muy difícil.

El 13 de noviembre de 2013, Steve Gibson, el dueño del Middlesbrough y uno de los más modélicos que pueblan el fútbol de las islas, apostó por una opción arriesgada y valiente. Nunca antes había confiado el club en un entrenador no británico. Aitor Karanka era el primer paso hacia un nuevo capítulo de la historia del Boro. Nadie sabía si sería sinónimo de éxito o fracaso. Aunque muchos tenían su opinión. Desconfianza y un cierto desapego fueron las sensaciones predominantes. Aunque más en España que en Middlesbrough. Karanka no era alguien cualquiera, era el asistente de José Mourinho en el Real Madrid. Lo fue durante los tres años de éste en la capital española, de principio a fin. Esta etapa de tres temporadas fue de las más disparatadas que jamás se han visto de un entrenador en un club en semejante periodo de tiempo. Karanka por ello pasó a ser una figura vilipendiada como pocas, a raíz de sus míticas comparecencias ante los medios de comunicación en sustitución del estratega portugués. Aquello le fabricó una reputación de "marioneta" entre el aficionado medio del fútbol español, sobre todo fuera del Real Madrid. Tuvo que ascender a un equipo en Inglaterra para deshacerse de ella. O por lo menos ser la figura de una nueva historia, ante un nuevo público.

Aitor Karanka y Steve Gibson en la presentación del técnico (Nigel Roddis/Getty Images).

Intriga era el sentimiento predominante entre quien no aunaba pretensiones sobre quién era él. Esa fue la sensación en Middlesbrough. El final no borrará los buenos recuerdos. Ha sido de todo menos tranquila, la unión. Entraba en un equipo que debía estar peleando por el ascenso. Pero, a la deriva en la mitad baja de la tabla, tuvo que cambiar muchas cosas. La plantilla tenía materia prima que menos de un año antes situó al equipo en ascenso directo. Degeneraron como pocos esperaban que lo hicieran. Karanka quemó capítulos erróneamente escritos para pasar página en la que era una nueva historia. Empezó la reestructuración. Ello provocó una temporada aciaga. Una campaña, sin embargo, que sirvió para dar forma al equipo que sí lograría regresar a la Premier League. Desde el primer día, Karanka demostró que no se casaba con nadie. De la escuela Mourinho, hizo lo que consideraba que era lo mejor para el equipo. El portero titular, Jason Steele, jugó en su partido de estreno; fue expulsado y solamente jugaría un partido más con la camiseta del club. Salieron otros como también entraron. Era un año para establecer las bases del siguiente. Llegaron a pasar siete partidos seguidos sin marcar un gol. El resultado fue un discreto final en mitad de tabla.

El año siguiente comenzó a fraguarse un Boro capaz de todo. La transición sirvió para transformar al coladero de defensa que se encontró en una de las más sólidas de la división. La fórmula que dibujó su camino al éxito ha acabado llevándole también al fracaso en cierto modo. Pero el sacrificio de la temporada anterior les convirtió en un equipo temible en todas las facetas. Lideraron, habitaron junto al Bournemouth en la cima de la liga durante casi toda la temporada. Hasta que el Watford le arrebató sus sueños de ascenso directo con una ascensión imparable. Aunque destrozar al Brentford en las semifinales del play-off de ascenso invitaba a pensar en una final triunfal ante el Norwich. El autobús del equipo llegó tarde a la cita y el Norwich les golpeó y les arrebató el último billete de ascenso. Karanka y el Middlesbrough sufrieron su primer gran golpe desde que formaron su unión. El fracaso dio vida al éxito un año después. Un año con baches, altos, bajos y un final que casi no se dio. Y una marcha que casi sí, la de Karanka. Aunque empezaron con alguna duda doce meses atrás, no tardaron en consolidarse como uno de los mejores equipos de la división. En medio de ello, una gloriosa machada en Copa de la Liga ante el Manchester United. Como casi protagonizaron ante el Liverpool en septiembre de 2014, en una increíble tanda de penaltis que finalizó 14-13. En FA Cup ya lo había hecho al otro lado de Mánchester también, contra el City, en enero de 2015. Uno de los momentos de la era Karanka.

Riverside (Mark Runnacles/Getty Images).

También lo fue, aunque no bajo una luz positiva, su enfrentamiento con algunos de los jugadores en el campo de entrenamiento y su espantada acto seguido. La lucha por el ascenso estaba siendo encarnizada y a tres bandas (ellos, más Burnley y Brighton), la cual empezaba a parecer demasiado para el Middlesbrough. Dicho incidente ocurrió el jueves anterior a su visita al Charlton, en descenso, el siguiente domingo. Perdieron en una actuación horrorosa. Gracias al talante de Gibson, consiguieron reconducir la situación y Karanka, tras haber sido concedido el fin de semana libre, volvió a su puesto. La confianza en él por parte de Gibson era puesta de manifiesto como pocas se han visto en estas esferas del fútbol profesional. El técnico vitoriano regresó a su posición a falta de tan sólo unos días para hacer frente al Hull City. Casi no lo logran, pero en los instantes finales David Nugent marcó y ganaron; tres puntos para reafirmarse nuevamente en la pelea. Se habían repuesto del golpe autoinfligido. Se adentraron en un camino tortuoso, volverían a fallar, a ganar en el último minuto, hasta que llegó “la final”. El Burnley había ascendido; Middlesbrough contra Brighton se midieron por el último billete directo a la Premier. Tras una batalla épica, el Middlesbrough fue quien ascendió tras empatar. Fue el día más memorable de la era Karanka en Middlesbrough. Tanto esfuerzo y trabajo encontraba su recompensa. Aquello pudo con todos, Karanka el primero, que tuvo que contener las lágrimas tras el pitido final y que en la rueda de prensa dijo que “quiero ir a mi cama a llorar durante 24 horas seguidas porque no puedo explicar las emociones que tengo dentro”.

Camiseta con el nombre de Aitor Karanka (Matthew Lewis/Getty Images).

Por fin, por fin, por fin habían regresado a la Premier League. Habiendo reforzado, además, su departamento deportivo con varias contrataciones en los meses previos que incluían a los españoles Víctor Orta como secretario técnico y Gaby Ruiz como ojeador. Tras bastidores, el club se estaba convirtiendo en uno con una infraestructura de élite. Aquello fue el preludio de un verano de preparación en el que actuaron con rapidez y eficacia. No tardaron en llegar fichajes, muchos y buenos, o al menos ese era el consenso general. Víctor Valdés llegó rodeado de dudas y ha sido el fichaje más exitoso junto a Calum Chambers. El resto, a excepción quizás de Marten de Roon, no ha cumplido las expectativas, asunto sobre el que Karanka tampoco parece haber sido capaz de cumplir con su parte de responsabilidad. Aunque nadie pareció vaticinar este desenlace. Algo que me llamó la atención en agosto fue que casi nadie pronosticaba al Middlesbrough descendiendo. Prácticamente todos los analistas (servidor incluido) confiaban en los fichajes, en los que ya estaban y en el trabajo de Karanka, que tan buenos resultados venía de dar.

Karanka entre burbujas (Bryn Lennon/Getty Images).

Y todos tuvieron razón; hasta que terminó 2016. Funcionó como todos habían previsto. La defensa sólida de los últimos años y un ataque relativamente efectivo, algo que se diluyó poco a poco y sobre todo con el cambio de año natural (han marcado tan sólo tres goles en liga en 2017). El espacio entre los tres centrocampistas y el resto del ataque fue un abismo que creció sin remedio hasta que ya no hubo vuelta atrás. En Nochevieja ganaban por 0-1 en Old Trafford al Manchester United y vieron como éstos les remontaron en la recta final en un minuto y ese momento marcó el principio del fin. Karanka, a pesar de la buena andadura del equipo hasta entonces, insistió con vehemencia en que necesitaban reforzarse. Y parece que tenía razón. Intentaron fichar a varios jugadores pero sólo llegaron Patrick Bamford y Rudy Gestede. Ni Robert Snodgrass, ni Jesé Rodríguez, ni Gerard Deulofeu, ni Bojan Krkic. El no lograr hacerse con ninguno de ellos hizo que Karanka empezase a dañar su propio estatus en el equipo con más de una crítica dirigida hacia el dueño y la directiva. Los resultados empeoraban al igual que la imagen de Karanka, que, frustrado, cargó también (de manera irresponsable y puede que innecesaria) contra los aficionados. Perdió por lesión a Calum Chambers, central titular, a Dani Ayala, primer central suplente, y a George Friend, lateral izquierdo titular. La retaguardia sobre la que sobrevivía el equipo se rompía.

Y con ella todo lo demás. El enfásis en proteger la portería llegó a nuevos niveles y con él una incapacidad todavía más pronunciada para marcar gol. Llegó el final. Karanka, que ya dijo que el día que no le quisiesen se marcharía, acabó siendo relevado de sus funciones. Lejos de ser un despido traumático, fue una separación amistosa entre Steve Gibson y él, reconociendo ambas partes la gravedad de la situación. Desembarcó, trabajó y alcanzó el éxito. Un final que nadie quería pero el que los acontecimientos terminaron dictando. Teniendo aspectos en los que mejorar, ha demostrado su gran valía para ser un entrenador de élite (todos los jugadores del Boro hacen alusión a su excepcional atención al detalle, con expedientes de 80 páginas sobre cada rival incluidos) y se ha desprendido de quien su pasado decía que era; ya no es "el asistente de Mourinho". Los jugadores mostraron su espíritu de lucha hasta su último partido con Karanka y también tras su marcha. Pero derrotas en ambos casos les obligan a aumentar el nivel de sus prestaciones. Bajo el liderazgo del que fue el fiel asistente de Karanka, Steve Agnew, lucharán por salvarse, por seguir donde tanto querían estar. El final no borrará tres años y medio de alegrías ni el ansiado ascenso. Descender o no será la nota final de una travesía que cerrará con la temporada.

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