Destituciones en las primeras curvas
El reciente cese de Frank de Boer es un caso más de entrenador sustituido en los primeros compases de temporada. Esta tendencia, que está al alza, evidencia una alarmante impaciencia por parte de los propietarios de los clubes. Sin embargo, estas cuestionables decisiones suelen ser más eficaces de lo que cabría esperar.

Nos ha tocado vivir tiempos alocados y bulliciosos. El fútbol, siempre tan idóneamente paradigmático, aporta muestras fehacientes de ello, para lo bueno y para lo malo: en la espiral de enajenación mediática que se ha apropiado irremediablemente de este deporte, los triunfos reciben tratamiento de hazaña heroica mientras que las derrotas se describen como fracasos funestos. La escala de grises se diluye entre el sonido estentóreo del paroxismo más extremo y reproduce una imagen desdibujada que, no obstante, tiene un preocupantemente alto grado de influencia en el día a día del balompié.

En este contexto de éxtasis continuo, la paciencia se ha convertido en una virtud exigua. La imperante tiranía del cortoplacismo lleva a las entidades a tomar decisiones precipitadas, a dar volantazos irreflexivos y a exigir que los procesos se desarrollen a la máxima velocidad. Esta semana, el Crystal Palace destituyó a Frank de Boer tras solo cuatro partidos de Premier League, saldados con cuatro derrotas y ningún gol anotado. Una vez conocida la decisión de los propietarios de los Eagles, las críticas se precipitaron vehementemente contra ellos debido a su nula confianza en el técnico holandés, que no ha tenido el tiempo necesario para construir y dar forma a su equipo. Los proyectos necesitan tiempo para asentarse, adquirir solidez y evolucionar hacia una versión más madura, por lo que optar por cesar a un entrenador cuando apenas ha transcurrido un mes de competición no parece, desde luego, una elección demasiado sensata.

Sin embargo, si echamos la vista atrás podemos descubrir que un porcentaje sorprendentemente alto de los equipos que han cesado a su técnico en las primeras jornadas de Premier League han sido capaces de reconducir la situación, lo cual no implica necesariamente que la destitución fuese positiva, ya que es probable que en muchos de esos casos los primeros entrenadores también hubiesen conseguido, con algo más de confianza, los objetivos para los que fueron contratados.

No obstante, la casuística es bastante esclarecedora: la última vez que un equipo cesó a su entrenador en las diez primeras jornadas y luego acabó descendiendo a Championship se remonta a la temporada 2004-05, hace más de una década. Entre ese acontecimiento y el tiempo presente, han sido varios los técnicos que han sido víctimas de la impaciencia de los propietarios de sus clubes. Repasemos los casos.

El más reciente es el de Francesco Guidolin, que inició la temporada pasada (2016-17) en el banquillo del Swansea, si bien solo permaneció siete jornadas en Gales, en las cuales cosechó un total de cuatro puntos. El puesto del veterano entrenador italiano fue ocupado por el norteamericano Bob Bradley, cuyos números fueron peores que los de su predecesor, y posteriormente por Paul Clement, quien sí consiguió mejorar ostensiblemente el juego y los resultados de los Swans, hasta el punto de alcanzar una salvación que se había complicado sobremanera.

La campaña anterior, el Sunderland cesó a Dick Advocaat tras ocho encuentros, tres puntos y la sensación de ser, de largo, el peor equipo de toda la Premier League. Para evitar un naufragio que empezaba a fraguarse confiaron en uno de los marineros más experimentados: Sam Allardyce, que tiró de oficio y pragmatismo para llevar a los Black Cats a la orilla sanos y salvos.

Dos años antes, en la 2013-14, el propio Sunderland ya había prescindido de los servicios del polémico Paolo di Canio tras cinco jornadas. Una rebelión de los futbolistas, unida a un deficiente inicio del curso (un empate y cuatro derrotas) desembocaron en la salida del romano de la entidad norteña. Para sacar al equipo del fondo de la tabla llegó Gustavo Poyet, que cumplió con creces y llevó al equipo al decimocuarto puesto, así como a la final de la Copa de la Liga. Ese mismo año, el Crystal Palace destituyó a Ian Holloway tras ocho partidos y un escaso botín de tres puntos. En este caso, los Eagles se aferraron a Tony Pulis, que evidentemente solucionó el entuerto con suma facilidad: cuando llegó al club londinense, este ocupaba la última posición de la tabla; cuando finalizó la temporada, era undécimo. Old classic Pulis.

La siguiente campaña en la que hubo destituciones en el primer tramo de la competición fue la 2008-09. Ese año, Alan Curbishley (West Ham) y Kevin Keagan (Newcastle) dejaron el cargo después de tres jornadas en el mando, pero no pertenecen al grupo al que nos estamos refiriendo porque ambos dimitieron. El que sí fue destituido esa temporada fue Juande Ramos, cesado por Daniel Levy tras un inicio paupérrimo (ocho partidos: dos empates, seis derrotas) que había provocado que los Spurs cayesen a puestos de descenso. Otro clásico del fútbol británico, Harry Redknapp, devolvió al equipo a la mitad de la tabla.

Fuente: Elaboración propia.

En la temporada anterior (2007-08), José Mourinho dejó el banquillo del Chelsea tras seis partidos disputados debido a divergencias con la directiva, por lo que no es un caso similar a los que estamos tratando (el equipo iba sexto). Tres jornadas después, en la novena, Sammy Lee y el Bolton Wanderers acordaron rescindir el contrato del técnico inglés. Los Trotters, por aquel entonces penúltimos, se acabaron salvando bajo la dirección de Gary Megson.

En la 2004-05, como señalamos al inicio, se produjo el caso más reciente de club que descendió tras prescindir de su técnico en las primeras jornadas. Y de hecho, las circunstancias fueron bastante especiales: fue el Southampton, que destituyó a Paul Sturrock tras dos partidos (una victoria y un empate), por motivos extradeportivos. Ese mismo año, el Newcastle cesó a Sir Bobby Robson tras cuatro encuentros, si bien Graeme Souness no tuvo problemas en ayudar a las Urracas a alcanzar la permanencia.

La campaña previa, el Tottenham echó a su entrenador, Glenn Hoddle, tras sumar cuatro puntos en las seis primeras jornadas. David Pleat se hizo cargo de los londinenses, que finalizaron decimocuartos.

En la 2002-03, el Sunderland descendió a Championship después de haber destituido a Peter Reid tras la disputa de la jornada nueve, en una decisión que, a la postre, se evidenció como nefasta. Con el técnico de Lancashire, los Black Cats habían sumado un total de ocho puntos (una cifra que, realmente, no era escandalosamente mala). En los 29 partidos disputados posteriormente, con Howard Wilkinson y Mick McCarthy, el equipo solo consiguió once más, lo que se tradujo en un descenso que se certificó con varias jornadas de antelación.

La temporada anterior, la 2001-2002, fueron tres los equipos que cesaron a su entrenador en los compases iniciales del campeonato: el Derby County (Jim Smith, jornada 7), el Leicester City (Peter Taylor, jornada 8) y el Southampton (Stuart Gray, jornada 9). De los tres, solo los Saints pudieron esquivar el descenso, por lo que ni los Rams ni los Foxes estuvieron especialmente acertados en su ímpetu por resolver su mal inicio de campaña.

Los casos anteriores, menos frecuentes, respondieron más a enfrentamientos con otros miembros del organigrama de la entidad que a malas dinámicas deportivas. En la 2000-01 el Chelsea cesó a Gianluca Vialli debido al descontento de sus jugadores, en la 1996-97 el Arsenal se deshizo de Bruce Rioch (último técnico de los Gunners antes de la llegada del sempiterno Arsène Wenger) en pleno mes de agosto por discusiones sobre los fichajes y una guerra entre el entrenador e Ian Wright, y esa misma temporada el Leeds United destituyó a Howard Wilkinson tras de una sonrojante derrota como local ante el Manchester United (0-4) en la quinta jornada.

La primera destitución a principios de temporada de la historia de la Premier League tiene como protagonista a un entrenador del que ya hemos hablado aquí: Peter Reid. En la 1993-94, el por aquel entonces técnico del Manchester City, abandonó el equipo después de cuatro partidos en los que apenas había sido capaz de sumar un punto.

De este modo, podemos concluir que, a pesar de que modificar una pieza tan fundamental como es el entrenador en los instantes iniciales de temporada evidencia poca confianza en el proyecto, mayoritariamente ha servido para sacar del pozo a los clubes que se encontraban inmersos en puestos de descenso, especialmente en los casos más recientes. También podemos percatarnos de que, en líneas generales, cuando los clubes se ven con el agua al cuello tienden a buscar el pragmatismo: entrenadores experimentados, con un marcado carácter británico, poco brillantes pero altamente eficaces. Y estos devuelven la confianza con creces.

Por último, es necesario destacar un dato que, pese a que no deja de ser anecdótico, es indefectiblemente histórico: Frank de Boer es el primer entrenador de la Premier League que es destituido de un equipo con cero puntos en el casillero.

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