Diversión en verano (II): Inglaterra en semifinales, fichar una columna vertebral y el anuncio de una camiseta
No habían jugado de forma especialmente reseñable y, aun así, Inglaterra salió golpeando desde el minuto uno ante su más difícil rival para acceder a semifinales. En el mercado de fichajes, sigue sin despegar la actividad. Aunque no para el Stoke, que en un día fichó cinco jugadores. Y otro más al día siguiente. Al igual que el Arsenal presentó su siguiente camiseta. Una “súper producción” en la cual salían Aubameyang y Lacazette desayunando y Özil y Kolasinac en el barbero.
Inglaterra ganó a Noruega para pasar a semifinales

Bienvenidos a la segunda edición de la nueva columna de Ander Iturralde en La Media Inglesa titulada "Diversión en verano".

Empezó Inglaterra el Mundial femenino de fútbol ganando pero sin terminar de convencer ante Escocia. Siguieron ante una Argentina rocosa y con una imbatible Vanina Correa bajo palos. Al final, las inglesas encontraron el camino a un uno a cero. Pero siendo de una de las favoritas a ganar, o por lo menos a estar entre las cuatro mejores cuando el torneo alcanzase esas profundidades, ni esos dos primeros resultados ni la victoria con la que completaron el pleno en la fase de grupos, ante Japón, ejemplificaron una exclamación que dijiese que estaban aquí para llevárselo todo. La lectura alternativa, al igual que válida, era que ni siquiera tuvieron que brillar para ganar tres partidos con relativa tranquilidad. Las cosas mejorarían y al mismo tiempo no lo harían en absoluto con su duelo de octavos. Conciéndoles un generoso beneficio de la duda, se puede concluir que la selección de Camerún llegó a este partido consumida por la presión, pero lo cierto es que fueron arrasadas por un nivel abrumador de desquicio propio, el cual permitió a Inglaterra ganar gracias a haber mantenido simplemente la compostura.

Con un codazo que debió haber supuesto una expulsión y no una mera cartulina amarilla se comenzó a marcar una tendencia que no hizo más que empeorar. Una cesión a la portero convertida en gol por Ingleterra, un gol mal invalidado por fuera de juego y revertido, por tanto, a válido a través del VAR. Fue aquí donde el desquicio camerunés hizo a sus jugadoras negarse a reanudar la acción, pues consideraban injusto que dicho gol fuese subido al marcador. En la segunda parte, por no mejorar no mejoró ni el juego de Inglaterra, pero un tres a cero final les metió en cuartos. Phil Neville, también consumido en cierto modo por el tono de ansiedad del partido, acabó columpiándose probablemente un grado o dos de más en sus declaraciones inmeditamente posteriores. Es cierto en que la conducta de las camerunesas fue una de esas cosas que nunca has visto por la escificidad del tipo de aberración en sí, pero ello no lo convierte necesariamente en la peor conducta jamás plasmada sobre un terreno de juego. Phil Neville, sin ir más lejos, fue compañero de Roy Keane y Eric Cantoná, por el amor de Dios.

Volviendo, en todo caso, al Mundial de Francia, Inglaterra había pasado la engañosa prueba de Camerún pero detrás de una imagen plagada de dudas. ¿Podría desenvolverse con efectivdad en un partido “normal” y ante un selección mucho más complicada como la noruega? Y tanto que si podrían. De un plumazo y con urgencia las dudas comenzaron a disiparse con el primero de los tantos (al minuto de tres de partido) y terminaron de hacerlo con un brillante 0-3 en el luminoso del Stade Océane de Le Havre ante Noruega. Entre medias, Ellen White, la equivalente de Harry Kane en la selección femenina por su enorme contundencia pero también por un cierto parecido facial, se lució. Como también lo hizo la genial banda derecha del equipo, conformado por la lateral Lucy Bronze y la extrema Nikita Parris. La primera marcó el último de los tres goles, mientras que su nueva compañera en el Olympique de Lyon, estuvo cerca de convertir los tres goles en cuatro antes de que Noruega detuviese el penalti que lo hubiese supuesto. Desmanteladas las nórdicas y una Inglaterra que hasta en defensa mostró más capacidades de salvación de las anteriomente mostradas. Es al final, en la zaga, donde Phil Neville considera que tienen a alguien merecedora del Balón de Oro y esa es la ya mencionada Bronze.

Lucy Bronze
Lucy Bronze es la mejor lateral del mundo (Richard Heathcote/Getty Images)

Mientras que la selección pasó a pasárselo maravillosamente en el partido de cuartos tras las inquietudes iniciales, probablemente no llegaron a disfrutar de tanta diversión (ese concepto que ilustra a esta columna estival) como de la que se disfruta en el anuncio de la camiseta para la próxima temporada del Arsenal. No estaba pleando, pero se filtró para la anticipada admiración de casi todo el mundo. No generaba el Arsenal esa clase de positiva unanimidad desde... bueno, ehm... nunca. Con la consumación final de la marcha Wenger quizás. Tiende a dar la impresión de que una nueva camiseta, sea la que sea, es mucho más probable que no guste a que, por el contrario, lo haga. Hay algo ciertamente confuso y, sobre todo, inextricable a la hora de poner el dedo sobre qué hace a una camiseta ser buena o bonita. Al final, quieras que no, la belleza yace en el ojo de quien la observa. Sin embargo, hay algo en esta camiseta del Arsenal que parece generar consenso: esas rallas de Adidas, combinadas con esos tonos rojos y blancos utilizados... Y para rematar, el anuncio, como buen anuncio, no tiene nada que ver con la camiseta en sí más allá de tener a los jugadores con ella puesta.

Empiezan en una barbería hipster: gente hablando al fondo sobre cómo están emocionados por la nueva temporada del Arsenal (ay, esa inocencia...), y acto seguido el barbero pregunta, “¿cómo te ves?”, a Mesut Özil. Le quita la capa, y de forma simultánea, Özil dice que se ve bien y se revela la camiseta. Después, Pierre-Emerick Aubameyang y Alexandre Lacazette, aparecen desayunando en un sitio que sugeriese ser un sitio en el norte de Londres (un concepto, el del “norte de Londres” en el que hacen mella durante todo el vídeo) llamado “Arsenal cafe”. Las fotos del sitio que uno encuentra en internet no provocan la certeza de que el sitio en el que están grabando el anuncio sea realmente el mismo, pero obviemos esos detalles. Laca le menciona a Auba cómo hoy tienen un partido importante, y el gabonés responde sobre el mismo con un confiante “por supuesto amigo, está ahí para llevárnoslo”. Hace acto se presencia, entre medias y después, una de las caras más reconcibles de la historia del club: Ian Wright, hablando sobre cómo “londinense no se nace, se hace”. Aparece más tarde el popular actor Idris Elba para dar todavía más caché al asunto. Y más cosas siguen pasando, como Tony Adams hablando en chino en la televisión del barbería mencionada, y lo más desconcertante de todo: en la barbería con Özil, Kolasinac hablando en jerga de rapero. Un equipo como Dios manda posiblemente no podrán confeccionar, pero... ¿anuncios? Madre mía, no podían haber molado más con este anuncio y esta camiseta, una realmente sublime. Que no empiece nunca la temporada.

 

 

Lo mismo deben pensar en Newcastle. El Arsenal por lo menos se ha esforzado con el anuncio. En cambio, el Newcastle United no. No se molesta en hacer nada de nada. ¿El odio, la animadversión, la rabia más desfrenada que puede llegar a provocar un equipo de fútbol? Por un lado es complatamente comprensible; ese sentimiento ahora latente en la ciudad. Por otro, al final también es sólo fútbol. Lo cual, sin embargo, no resta interés o fascinación al intrincado asunto. El cual, en parte, comenzó con uno de sus característicos bandazos, a través del cual el equipo acabó con un Steve McClaren. Se interesaron por él en el Newcastle cuando le iba bien en el Derby County y acabaron con él después de irle mal. Pero de alguna forma, meses después y con el equipo patinando al igual que hizo el Derby entre el interés inicial del Newcastle y la consumación final del mismo, lograron hacerse con los servicios de Rafa Benítez.

Un campeón de la Champions League en Newcastle. En este Newcastle. En su newsletter semanal, Rory Smith, del New York Times, recordaba una ocasión en la que se había reunido en Liverpool con Benítez, poco después de su despido del Real Madrid y poco antes de su contratación en Newcastle. Reseñaba Rory cómo Benítez le había expresado su interés por volver a entrenar en Ingleterra y lo más pronto posible. Comentando qué posibilidades podrían materializarse como tal, surgió el nombre del Southampton. No obstante, Rafa ya entonces, antes incluso de abrirse el puesto, tenía una cierta fijación en Newcastle. Acabó llegando ahí y reponiéndose al primer revés del descenso para terminar dejando una huella que es prácticamente imborrable. Pero, a pesar de las montañas de buenas intenciones, desde el primer día, nunca hubo una sensación de que esto iba a tener mimbres para resistir.

Benítez lo intentó, llegó tan lejos como se veía motivado ante el auto-sabotaje de un club en total discordancia con el entorno que le da la vida. Pocas veces en la historia del fútbol inglés ha dolido tanto la marcha de un entrenador como la Benítez en Newcastle. En un club que llena habitualmente su estadio, de alguna forma, el balón está ahora en el tejado del ente que forma la afición. En Blackpool, por ejemplo, la mayoría de aficionados fueron consequentes con sus requisitos y deseos, dejando de arrojar dinero sobre un club indigno. Cuando, finalmente, fue anunciada que el Blackpool sería vendido, volvieron para llenar el estadio. El Newcastle está ahora en este impás que, irremediablemente, es complicado de gestionar. Y no hay fecha de caducidad sobre esta situación. Cada uno tendrá que tomar sus propias decisiones. Quejarse hasta la saciedad no va a hacer nada, como tampoco protestas de no entrar al campo hasta el minuto once (los años que lleva Mike Ashley de dueño) o de una “marcha” desde el bar más cercano hasta el estadio. Como señalaba el brillante Barry Glendenning en The Guardian, lo único que lo convierte en una “marcha” es que van un poco más ordenados y enfadados del bar al estadio que de normal. Desde la iniciativa AshleyOut.com han propuesto hacer un boicot al club de no comprar sus productos y no acudir al estadio a ver los partidos. Si hay algo que puede tener efecto, es eso. No hay mucho más que hacer por ahora y los lamentos no van a servir.


Después fichar a cinco jugadores en un mismo día, una columna vertebral entera, en las veinticuatro horas posteriores añadieron al sexto; la guinda del pastel, la joya de la corona... ¡Stephen Ward! Lateral izquierdo irlandés de 33 años. Con edad, cara y cuerpo de jugar en el Stoke, como bien señalaba George en Twitter. Antes de él, se cubrieron en salud de portería fichando a Adam Davies del Barnsley (ante la probable marcha de Jack Butland a algún equipo de la Premier League); Liam Lindsey, central y también del recién ascendido a la categoría Barnsley; Jordan Cousins, medio centro/interior del ni mucho menos recién ascendido a ningún sitio QPR; Nick Powell, el “nuevo Scholes” de una época y que ha logrado rehabilitar su carrera, del Wigan; y Lee Gregory, delantero-armario de 30 años que nunca ha jugado a un nivel mayor del Stoke al que llega. Después de quemarse una y otra vez en los últimos años, es comprensible que se dejen de fichajes glamurosos. Esto quizás sea una sobre-correción, pero por lo menos lo están intentando. Lo del Cardiff quizás ni siquiera calfique como intento. Tres jugadores, dos de equipos de tercera división (Curtis Nelson, central del Oxford, y Will Vaulks, centrocampista del Rotherham) y otro de cuarta (Joe Day, portero del Newport). Y ninguno de ellos es una lo que se conoce como una estrella en potencia. Pero oye, para salvar la categoría y no encadenar dos descensos como el Sunderland, van preparados. Tampoco es cuestión de darle caviar a Neil Warnock para nada.

Por su parte, el fichaje definitivo de Andre Gomes parece confimar que el Everton, como mínimo, no quedará por debajo del décimo puesto en la tormenta que podría venirse el año que viene con equipos potencialmente subiendo y bajando en esa zona de la tabla. Potencialemente, claro. Jay Dasilva, uno del grupo de los perpetuamente cedidos del Chelsea, se marcha definitivamente al Bristol City tras un buen año (de... ¡Correcto! ¡Una cesión!) con ellos. A empezar, por fin, su vida como futbolista. También han añadido a Daniel Bentley, un buen portero del Brentford. A la capital, aunque al Milwall no al Brentford, han mandado desde el Bristol City a su portero suplente: Frank Fielding, que tan bueno no es (incluso se podría quitar el “tan” si estuviésemos siendo crueles). Pero en Millwall no es siempre necesario ser buen jugador.

Para acabar, el Nottingham Forest, fichó a uno de esos extremos erráticos como si no hubiese un mañana, Sammy Ameobi, procedente del recién descendido Bolton. No sabemos si fue por eso, pero unos días después, este pasado viernes por la mañana para más señas, Martin O'Neill fue despedido de su cargo de entrenador. No sabemos si el fichaje de Ameobi (quien presumiblemente hubiese empezado a ser titular con O'Neill por delante del mucho mejor -a pesar de no ser del agrado del técnico irlandés- Joao Carvalho) contribuyó a ello. Lo que sí parece haber contruibuido son las múltiples quejas de los jugadores que ya estaban y la marcha unos días antes de Roy Keane de su puesto de asistente. Ocho años después, se ve que quiere retomar su carrera como primer entrenador. Quizás si hubiese esperado unos días ya lo sería. En cualquier caso, a diferencia del West Brom, que venía de tirarse tres meses buscanso entrenador, el Nottingham Forest anunció a su nuevo entrenador, Salim Lamouchi, catorce minutos después de anunciar el despido de O'Neill. Con esto, por lo menos intentan aparentar ser un club que sabe lo que hace. Como Manchester United creía saber lo que hacía, y es que ayer, 30 de junio, se acabó finalmente el contrato inicial de David Moyes de seis años de duración. Cuánto hemos vivido en todo este tiempo.

El Tyne Bridge de Newcastle
La noche cae sobre Newcastle (Stu Forster/Getty Images)
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