El Aston Villa y Grealish: un amor entre sonrisas y lágrimas
Jack Grealish disputó este fin de semana, posiblemente, el partido más emocionante de su carrera. Una final de Copa de la Liga que, tras el pitido del colegiado, vio derramar lágrimas del capitán sobre el césped de Wembley. Una imagen simbólica que refleja el presente y el futuro del club y de su jugador insignia. Ecos de un “adiós” vuelven a sonar en esta relación.
Jack Grealish se abraza a Dean Smith desconsolado. / Aston Villa

Como en algunas de las grandes historias de amor del mundo del cine, la de Jack Grealish y el Aston Villa parece estar cogiendo tintes dramáticos. En un último giro de guión, el mismo fin de semana ha llevado a los Villanos a perder una final y a hundirse, de nuevo, en el descenso. Las últimas líneas de esta historia resolverán un romance que parece estar conduciendo hacia su particular “Siempre nos quedará Wembley”. Los caminos de uno y otro parecen llevar a destinos demasiado distintos.

Jack Grealish recogía, esta misma temporada, el testigo de James Chester como capitán del equipo de Birmingham. A sus 24 años, y tras 18 en el club de sus amores, daba un paso al frente para competir, de nuevo, en Premier League. Una categoría que el equipo abandonó por primera vez en su historia cuatro temporadas atrás. Tres años en una Championship que veía como un histórico del fútbol mundial ocupaba un espacio que no le pertenecía. Ahí, en la segunda categoría del fútbol inglés, fue donde Grealish cambió el chip y decidió colgarse al equipo en su espalda.

Esas tres temporadas fueron, tal como Jonathan Liew afirma en The Guardian, “una curva de aprendizaje ideal: una oportunidad para perfeccionar y desarrollar su juego lejos del duro resplandor” (que es la Premier League). El momento perfecto para apartarse de los focos de la liga más mediática del mundo y, cobijado en Villa Park, su casa y con su gente, preparar lo que ha sido: uno de los regresos más destacados de un jugador a la primera división.

Levantar el trofeo de la final del Playoff de ascenso en Wembley fue una imagen que querían repetir los Villans este fin de semana. Esta vez con la Copa de la Liga como protagonista. Pese al gol de Samatta; el Kun Agüero, Rodri Hernández, Claudio Bravo y el palo evitaron el déjà vu y propiciaron una visión: Jack Grealish, tumbado en el césped llorando ante, quizás, su última oportunidad de levantar un trofeo con el equipo de toda su vida.

Jack Grealish perdió la que puede ser la última oportunidad de alzar un título con el equipo de su vida. / A. Villa
Jack Grealish perdió la que pudo ser la última oportunidad de alzar un título con el equipo de su vida. / A. Villa

La final de la Copa de la Liga aplazó la jornada 28 del Villa, que le enfrentaba al Sheffield United. Los resultados de sus rivales directos le han llevado de nuevo, aunque con un partido menos, al descenso. Con ésta, acumulan diez jornadas sumergidos en el infierno de la clasificación, nunca superando la duodécima posición. Una situación que contrasta con la de su capitán. Para muchos, el mejor jugador de esta temporada fuera del Big-6 y en una progresión ascendente y constante que, cada vez, le hace un mejor y más completo jugador.

Lejos queda aquella imagen de Grealish en Tenerife. Ahora, es un futbolista cuyo talento se ve reforzado por la pasión por su trabajo y por su madurez y dedicación completa. Según contó en The Athletic ve todo el fútbol que puede. “Cuando estoy en casa, no importa el partido que se juegue, lo miraré. Puedes preguntarme sobre cualquier jugador y sabré todo sobre él”. Eso le permite ser flexible y adaptarse a cada rival. Sin duda, su nivel ha alcanzado unas cotas que encajan con la historia de su club pero no con las aspiraciones del actual Aston Villa.

La libertad, la improvisación y el no tener miedo a arriesgar le han llevado a explotar su nivel en su retorno a la Premier League. Tal como dice Michael Cox, es un jugador que provoca que sucedan cosas y casi siempre buenas. Su versatilidad le lleva a ocupar muchas zonas del campo y, aunque la banda izquierda parece atraerle cuál imán, él decide cambiar de polo afirmando que su zona de acción favorita es el carril central. Un jugador así no escapa al deseo de los más grandes. Segrega talento por todos los poros de su cuerpo y puede hacerlo desde cualquier sector del ataque.

Grealish estaba desconsolado tras la derrota ante el Manchester City. / A.Villa
Grealish estaba desconsolado tras la derrota ante el Manchester City. / A.Villa

Las desgastadas botas de la suerte de Grealish acumulan esta temporada 7 goles, 6 asistencias y 2,3 regates por partido. Le gusta encarar y se sabe vencedor de los duelos individuales cuando él es quien posee el balón. Un jugador moderno con tintes vintage.  ¿Qué equipo no querría a un jugador así? Ya ha sonado su nombre en agendas como las de los dos clubes de Manchester, la del Liverpool y la del Tottenham. De no conseguir mantener a su actual equipo en la élite del fútbol inglés, Grealish será seducido por un proyecto mejor. El adiós se agranda en cuanto mayor es la posibilidad del descenso del Aston Villa.

Pese a que, ciertamente, la imagen mostrada ante el Manchester City deja motas de esperanza, la situación del Aston Villa es preocupante. La lucha por el descenso reúne a cinco equipos separados por 3 puntos. Esto es tranquilizador y alarmante a partes iguales, porque cualquier error puede sentenciarles. Y si los Villans se han caracterizado por algo esta temporada es por sus errores y su mala suerte sobre el campo y en la enfermería.

Y en gran parte, de su capitán depende esta gran gesta. Jack Grealish es el jugador que lidera todas las clasificaciones de su equipo. Él es quien más marca, más asiste, más pases claves provee, más toca el balón, más regatea, más minutos juega. Él es el más indispensable de un Aston Villa que está viéndose superado por la mala fortuna. El triunfo en la final disputada este pasado fin de semana hubiera sido un soplo de esperanza y confianza para lo que resta de liga y para, en consecuencia, poder retener a su jugador más preciado.

El partido ante el Manchester City era, pues, mucho más importante de lo que parecía. Ganar no solo significaba llevarse el trofeo a casa. También daba motivos a Jack Grealish para seguir, al menos una temporada más, en Villa Park. Las lágrimas del talentoso jugador inglés pueden en unos meses adquirir un significado aún mayor. Puede que la imagen sea la crónica de un doloroso y anunciado adiós.

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