El auténtico reto de Guardiola
El Manchester City que heredó Roberto Mancini a finales de 2009 no se asemeja en nada al club actual. Las instalaciones, los jugadores, incluso el escudo, han cambiado. Y, por supuesto, las expectativas.

Mucho se ha escrito estas semanas sobre los desafíos que aguardan a Pep Guardiola en el Manchester City. Desde luego, uno de ellos no será “convertir al City en un grande”. Esa labor ya la realizó Roberto Mancini hace un lustro.

El club cuyas riendas ha tomado el catalán no se parece en nada al que heredó el técnico italiano a finales de 2009. En ese periodo de tiempo, el club ha conquistado las mismas ligas que en sus cien años de historia anteriores. Ha ampliado su estadio. Su fútbol base goza de las mejores instalaciones del país. Ni siquiera el escudo es el mismo. En las seis temporadas anteriores a la llegada de Mancini, el City finalizó la liga en las posiciones 16ª, 8ª, 15ª, 14ª, 9ª y 10ª. Con el respaldo financiero del jeque Mansour, el transalpino fue el encargado de situar al City entre la élite. Y lo logró.

En su primer verano en el club, Mancini emprendió una restructuración integral de la plantilla. Invirtió más de 120 millones de libras netos para atraer al club a jugadores que serían fundamentales en los siguientes años: Edin Dzeko, Mario Balotelli y, sobre todo, Yaya Touré y David Silva. Los dos últimos, junto con Sergio Agüero, llegado el verano siguiente también de la mano de Mancini, confornarían la Santísima Trinidad que transformaría un club que había vivido históricamente a la sombra del gigante vecino en un grande europeo.

En su primera temporada completa, Mancini colocó al club en tercera posición en la Premier League y lo clasificó para la Champions League, requisito imprescindible para seguir creciendo y codearse con los grandes. Además, añadió la FA Cup, el primer título importante del club desde la Copa de la Liga de 1975-76, a las vitrinas del club.

Al año siguiente, Mancini superó su mayor reto: romper la hegemonía ciudadana. Tras endosarle un histórico 1-6 al Manchester United en Old Trafford ("Why always me?"), acabó conquistando la liga en el tiempo de descuento de la última jornada tras ganar al QPR por 3-2 y superar a los rivales ciudadanos por su mejor diferencia de goles. Fue el tercer título de liga en la historia del club, el primero en 44 años. Lo más difícil estaba hecho.

Cuando compró el club en septiembre de 2008, el jeque Mansour tenía muy claro que deseaba moldear su club a imagen y semejanza de la entidad que entonces era el espejo en el que la mayoría de clubes del mundo se miraban: el FC Barcelona. La nueva intención del nuevo propietario era imitar la estructura del club catalán, su apuesta por la cantera y, por supuesto, por el fútbol asociativo. Con ese fin contrató a Ferran Soriano como director general, a Txiki Begiristain como director deportivo y, finalmente, a Pep Guardiola como entrenador.

Sometido a las exigencias estéticas del dueño, Mancini fue el responsable primero de implantar un estilo de fútbol que el Manchester City acabaría abanderando en la Premier League (junto con el Arsenal de Arsène Wenger). El fútbol asociativo y ofensivo sería, sobre todo desde la temporada del agónico triunfo en la última jornada ante el QPR, la norma en el Etihad. Desde aquella 2011-12, el Manchester City ha promediado en liga un 56% de posesión y 17 disparos por partido.

El Manchester City de Roberto Mancini, Manuel Pellegrini y Pep Guardiola (Fuente: Transfermarkt y elaboración propia).

Consciente de haber logrado su misión, Mancini decidió cerrar el grifo. En su tercer verano en Manchester, solo invirtió quince millones de libras netos y el equipo se resintió. Fue su única temporada completa en el Etihad que finalizó en blanco y, a la postre, esa sequía le costó el puesto. Además de su falta de progresos en la Champions League, lastrado gravemente por el modesto ránking europeo del club, un problema que Pellegrini ya no tuvo que afrontar.

En su primer verano, Pellegrini invirtió lo que Mancini se había ahorrado el año anterior. El chileno fichó a Fernandinho, Álvaro Negredo y Stevan Jovetic entre otros por un importe neto de casi 90 millones de libras. A pesar del cuestionable rendimiento de algunos de sus fichajes, logró conquistar la cuarta liga de la historia del club. Los dos años siguientes del técnico chileno se saldaron solo con una Copa de la Liga pero un incuestionable progreso en la Champions League, donde el club alcanzó las semifinales la temporada pasada.

El gasto neto medio por temporada de Mancini fue de 63 millones de libras y el de Pellegrini ascendió a 83. Sus estadísticas de posesión, disparos a puerta y títulos son también similares. ¿Qué podemos esperar de Guardiola considerando esos antecedentes?

Considerando que el Bayern Múnich no ha bajado del 65% de posesión en los tres años de Guardiola en la Bundesliga, es de esperar que el Manchester City supere la mejor cuota de posesión de estas últimas seis temporadas, establecida por Pellegrini en su segunda temporada (59,6%). En cuanto a disparos por partido, la cosa se antoja más complicada. En ninguna de esas tres temporadas en Múnich fue Guardiola capaz de superar la espectacular cifra establecida por el Manchester City de Mancini en 2011-12 (19,4). En cuanto a títulos, el requisito mínimo es una Premier League en los próximos tres años pero, sobre todo, la Champions League. El club ha conquistado dos Premier League en las últimas cinco temporadas. Está todavía lejos de las veinte Premier League conquistadas por Sir Alex Ferguson en el Manchester United pero el nuevo reto establecido por el jeque es el máximo torneo continental. Ahí se dirimirá el éxito o fracaso de Guardiola en Inglaterra. Con un presupuesto entre 63 (Mancini) y 83 (Pellegrini) millones de libras netos por temporada, el catalán es más que capaz de lograrlo.

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