El Bournemouth, un club modesto exigido a rendir entre los grandes
Al equipo de Eddie Howe ya no se le trata como al pequeño de la familia. Su creciente nivel temporada tras temporada hace que el actual bajón deportivo que vive el equipo no se pueda juzgar de manera tan benévola como antaño.
Callum Wilson Bournemouth

Las circunstancias de la actual Premier League, junto al creciente nivel que se le pide al Bournemouth, crean un cóctel de exigencia que mete presión al club a estas alturas de temporada. Los Cherries han demostrado desde que llegaron a la élite del fútbol inglés estar sobradamente preparados para confirmar su presencia en la competición año tras año. Nadie duda de las parcelas deportivas, de gestión y del personal, pero la mala dinámica del equipo estas últimas semanas han creado un clima de incertidumbre que hacía años que no se asomaba por el Vitality Stadium.

En los últimos diez años el Bournemouth solo ha hecho que crecer. De pelear por no descender en League Two a ser un fijo en Premier League. El equipo no tiene techo. Todo por ganar, nada a perder. La exigencia se rige por su día a día y por lo que muestran sobre el verde semana tras semana. Pero cuando demuestras poder estar a la altura todo contexto pierde sentido. Hace ya tiempo que a los aficionados del fútbol inglés se nos ha olvidado de dónde vienen y quiénes son y, en muy poco tiempo, han pasado a estar cara a cara con los grandes e históricos clubes del fútbol inglés.

La derrota ante el Liverpool no es, para nada, la gota que colma el vaso. Ahora mismo, los de Jürgen Klopp no son la mejor vara de medir para conocer el nivel de sus rivales. Pero sí que es cierto que tirando la mirada atrás esta derrota se convierte en la quinta consecutiva. Los de Eddie Howe llevan desde el 2 de noviembre, en la victoria ante el Manchester United, sin conseguir un solo punto. Es más, a partir del 20 de setiembre, en el 1-3 conseguido en casa del Southampton, los Cherries solo han sumado seis puntos. Dos meses y medio de sequía que sitúan al Bournemouth en una complicada tesitura. Tal y como confesó el propio Howe a The Athletic: “La sensación que se desprende es la peor desde que soy entrenador del Bournemouth”.


El Bournemouth encadena cinco derrotas consecutivas y solo ha sumado seis puntos desde la séptima jornada.

La temporada pasada la situación era totalmente distinta, aunque los números no acompañen esta afirmación. El equipo había logrado 23 puntos ante los 16 actuales, sumando 3 victorias más y con un balance de goles de 25 a favor y 26 en contra, frente a los 18 conseguidos y los 24 recibidos en la actual temporada. Los datos, en 16 jornadas, no se alejan en demasía en este año de diferencia. Pero la exigente temporada que se está viviendo sitúa al equipo de Howe diez posiciones más abajo. De la quinta a la decimoquinta. De estar a 13 puntos del descenso a tan sólo uno. Y no solo de contextos y de alturas se alimenta esta situación.

Sobre el césped, el Bournemouth ha dejado de ser aquel equipo alegre y atrevido que semana tras semana disfrutábamos en el anterior curso. Este vive de estados anímicos y de contextos de partido. Ya no son ellos los que deciden cómo afrontarán los minutos, sino que es el propio partido y el rival los que dictan qué Bournemouth nos vamos a encontrar. Siempre podemos atisbar trazas de aquel equipo, pero no con la continuidad y la esencia con la que nos tenían (mal) acostumbrados. Y esto, precisamente, les acaba llevando a la derrota en partidos clave. Los Cherries no han conseguido ganar ante rivales directos: Crystal Palace, Newcastle, Watford, Norwich, West Ham.

Las piezas sobre las que funcionaba el engranaje parecen estar desengrasadas, oxidadas o, incluso, desencajadas. La importancia de nombres como Lewis Cook, Ryan Fraser y Callum Wilson que, hace apenas un año llevaban en volandas deportiva y anímicamente al equipo, hoy se presentan como una versión translúcida de lo que eran. Junto a Aké, que sigue rindiendo a un gran nivel, estos eran los que permitían el juego que proponía su técnico. A Cook le ha comido la tostada Phillip Billing, de perfil más defensivo, y solo ha disputado cinco partidos como titular. Fraser, con sus problemas contractuales fue apartado del once pese a ser clave (caso muy similar al de Eriksen con el Tottenham) y Callum Wilson echa mucho de menos su asociación con el escocés. Entre ambos se repartían el 38% de los goles de su equipo (datos de WhoScored) siendo muchas veces el otro su asistente.

El equipo de Howe echa de menos el nivel prestado la temporada pasada por jugadores como Lewis Cook, Callum Wilson o Ryan Fraser. / Getty Images
El equipo de Howe echa de menos el nivel prestado la temporada pasada por jugadores como Lewis Cook, Callum Wilson o Ryan Fraser. / Getty Images

Las buenas noticias vienen de la mano de otros. Aaron Ramsdale, Diego Rico o Harry Wilson están rindiendo a muy bien nivel y sostienen al equipo. Este último parece mantener un vínculo emocional con su club de origen, el Liverpool. Como los Reds, su estado de forma es excepcional y su contribución en ataque se traduce en muy buenas cifras. Es el máximo goleador del equipo con seis goles y ha dejado boquiabierto al mundo con su perfección en el tiro de faltas directo. La diferencia ya no reside en la calidad de los jugadores o en cómo estos se asocian con sus compañeros. La intensidad, la valentía y la ambición escasea respecto al Bournemouth 2018/2019. Ante el Palace, con los eagles con diez, solo fueron capaces de lanzar a puerta seis veces en 70 minutos.

Para colmo, actualmente el equipo cuenta con nueve lesionados: Steve Cook, Adam Smith, Charlie Daniels, David Brooks, Joshua King, Lloyd Kelly y Junior Stanislas. Algunos de ellos, piezas fundamentales en el juego que quiere impartir el equipo y que iniciaron con muy buen nivel la presente temporada. Con el equipo despedazado y con jugadores que siguen sin arrancar como Dominic Solanke, que en su año de estancia en Bournemouth sigue sin producir goles (tan solo una asistencia en todo el 2019), el conjunto navega a la deriva sin ideas nuevas y sin cambios previstos.

Eddie Howe sigue siendo, pese a las dudas, el pilar fundamental de este grupo. Ante el despido de técnicos de clubes teóricamente superiores como Everton, Arsenal o Tottenham, el nombre del inglés sobrevoló las posibilidades de reemplazo. Sigue bien considerado por la prensa y por los aficionados a la Premier y ha demostrado su valía en exprimir y redescubrir jóvenes –y no tan jóvenes– futbolistas. Sus ideas son frescas pero quizás el proyecto, con siete años de antigüedad ha llegado a su cota más alta. Howe es, tras Gareth Ainsworth del Wycombe, el técnico más longevo del fútbol inglés.

La última victoria del Bournemouth fue ante el United y este fin de semana los Cherries se enfrentan al Chelsea. Precisamente esta semana, hace cuatro años, se convertían en el primer equipo recién ascendido en vencer a estos dos clubes en una misma temporada, según informa Opta Joe. Esta situación nos da, sin duda, una lección. Como en la vida, en el fútbol la exigencia va directamente en consonancia a tus acciones y méritos sin tener en cuenta lo pequeño que seas.

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