El Chelsea y la lección del Leeds del 75

Las similitudes entre el Leeds United de 1975 y el Chelsea de 2012 son asombrosas. Los "blues" deberían extraer una lección del declive que sufrieron los Whites tras la final de la Copa de Europa de 1975 para evitar seguir la misma senda.

24 de abril. A pesar de quedarse con 10 jugadores en el Camp Nou, el equipo de blanco logra aguantar el resultado y clasificarse para la final de la Copa de Europa gracias a un resultado global de 3-2.
El principio de temporada había sido un desastre. La llegada de un técnico joven destinado a renovar la plantilla provocó la revuelta del núcleo duro del vestuario. Tras un breve período de tiempo al frente del equipo, fue despedido y sustituido por un técnico provisional que reavivó al equipo y logró que recuperara algo de su antigua mística.
La liga estaba ya muy lejos de su alcance, pero a base de sacrificio lograron abrirse paso hasta la final de la Copa de Europa, el trofeo que llevaban años buscando, el premio que jamás habían logrado a pesar de años de éxitos. Una final que debía enfrentarles al Bayern de Múnich. Una final que perdieron y que marcó el comienzo del fin.
Y es que no estamos hablando del Chelsea de 2012 sino del Leeds United de 1975, aunque las similitudes son asombrosas. Ambos se enfrentaron al Barcelona en semifinales y ambos se quedaron con un jugador menos en el partido de vuelta en el Camp Nou, que en ambos casos se disputó un 24 de abril. En 1975, elLeeds ganó por 2-1 en Elland Road y logró aguantar el empate a uno en el Camp Nou para acceder a la final contra el Bayern.

El núcleo duro del vestuario se resiste a aceptar el cambio

El Leeds perdió la final del 75 y acabó descendiendo en el 82

Por supuesto, existen diferencias. André Villas-Boas no tiene la personalidad explosiva de Brian Clough, y posiblemente no reunió a los jugadores del Chelsea para decirles que podían tirar todas sus medallas a la basura. Sin embargo, viendo la mejoría de algunos jugadores bajo las órdenes de Roberto Di Matteo, resulta innegable que algunos jugadores estaban en contra de Villas-Boas, al igual que sucedió durante los famosos 44 días de Clough en el Leeds.
El núcleo duro del vestuario está formado por jugadores que han crecido y han madurado juntos. Y, más importante, se sienten en el corazón del club y se niegan a aceptar los cambios. Jimmy Armfield, el técnico que sustituyó a Clough, dijo que tenía el trabajo más difícil que cualquier técnico del Leeds hubiera tenido antes, porque era él quién debía decirle a Billy Bremner, Norman Hunter y John Giles que su época había acabado. Alguien tendrá que hacer lo mismo con Terry, Cole, Cech, Lampard, Essien, Malouda y Drogba más pronto que tarde.
El Leeds acabó octavo en liga aquella temporada y deambuló por la media tabla el resto de la década de los 80 hasta acabar descendiendo en 1982. Por supuesto, mientras el dinero de Abramovich siga fluyendo, no es muy probable que el Chelsea acabe descendiendo. Pero el declive del Leeds debería representar para el Chelsea una lección que no debería olvidar.
El objetivo de nombrar a Villas-Boas era rejuvenecer la plantilla y modificar el estilo de juego. Aunque haya alcanzado la final de la Champions League, es evidente que el equipo necesita renovarse. Tal vez Villas-Boas no emprendió el cambio por la mejor vía, pero es innegable que la renovación es necesaria. Pase lo que pase en Múnich, el Chelsea deberá llevar a cabo una transformación. El ejemplo del Leeds hace tres décadas demuestra que un equipo en pleno declive puede alcanzar una final de la Copa de Europa. Pero ese éxito no puede aplazar una renovación que ya comienza a ser urgente.
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