El City entra en una nueva dimensión
El implacable Manchester City de Pep Guardiola sufrió su primer revés de la temporada en Glasgow. El superlativo Celtic de Brendan Rodgers les presentó el reto más difícil que se han encontrado en lo que llevan de campaña para acabar protagonizando un empate (3-3) memorable.

En Celtic Park conocieron una nueva dimensión en este partido. El Celtic en este siglo se ha forjado una gran reputación como uno de los equipos más complicados a los que visitar en Champions League. Pero por diferentes motivos a los que expuso en esta velada. Durante los últimos años se habían caracterizado por ser un equipo capaz de defender como pocos. Ante el exequipo de Pep Guardiola precisamente, en noviembre de 2013, llevaron a cabo en su momento una machada histórica. Con un increíble 11% de posesión y cinco disparos a puerta vencieron en aquella ocasión por 2-1 al Barcelona, uno de los conjuntos más temibles del mundo. Ese fue el gran paradigma de las noches europeas de aquel Celtic. Sin embargo, este es un nuevo Celtic de la mano de Brendan Rodgers. Recibiendo al Manchester City (en el que era el primer Rodgers contra Guardiola de la historia), hicieron gala de una nueva dimensión en Celtic Park desplegando un juego ofensivo y de presión alta con el que a punto estuvieron de derrocar a unos Citizens que prácticamente no han mostrado fisuras desde la llegada a su banquillo del técnico catalán.

El partido arrancó con el acelerador pisado a fondo. Y el Celtic capitalizó sobre este hecho cuando apenas se habían superado los dos minutos de juego. En una falta en campo rival explotaron la apuesta del City por defender este tipo de acciones con sus jugadores muy adelantados. Scott Sinclair, ante el que fue su equipo, lanzó la falta encontrando a un James Forrest en carrera y que de primeras envió el balón hacia el área pequeña, donde remató en primera instancia el israelí Nir Bitton y, en segunda, en posición de leve fuera de juego, un Moussa Dembélé que hizo subir el primer tanto al luminoso al no poder percibir el asistente su posición antirreglamentaria. En cualquier caso, no habían pasado ni tres minutos, y los verde y blanco lograban asestar su primer golpe de una noche que no decaería. Lejos de dar un paso atrás, el Celtic continuó con el plan de ruta marcado por su técnico. Plantándole cara al todopoderoso Manchester City como prácticamente nadie ha hecho en estos primeros meses de su nueva era, se vio una preciosa lucha de poder de poder que se mantendría durante gran parte de la contienda. La cual el City parecía encauzar a su favor con el empate a los 11 minutos de juego tras un desajuste en la retaguardia local que permitió a Fernandinho igualar.

Siguió sin amedrentarse el Celtic que, nueve minutos más tarde, en lo que estaba siendo un duelo sencillamente vibrante, dio con su segundo gol. Tras una fantástica jugada, el lateral izquierdo Keiran Tierney culminó con un disparo que pegó en un Raheem Sterling tratando de frenarle pero que vio cómo su desvío desembocaba en una nueva desventaja, para alegría del respetable en un Celtic Park al que acudieron a presenciar el partido dos leyendas de la música como Rod Stewart y Noel Gallagher, aficionado el primeros de los locales y el segundo de los visitantes. Estas dos presencias no hicieron más que añadir brillo a un encuentro brillante por sí mismo que dio un nuevo giro con el empate a dos de los ingleses. Un David Silva extremadamente atento logró robarle el balón al capitán local Scott Brown en su propio campo para así orquestar la propulsión de sus compañeros hacia el área local y asistir el canario con gran acierto a un excelente Sterling que no perdonó la igualada, resarciéndose de su fallo anterior. En el cuarto hora restante de la primera parte, los Sky Blues fueron ganando dominio de forma paulatina hasta ejercer su control característico sobre el rival. La reanudación tras el paso por vestuarios redirigió no obstante el rumbo.

El descanso le vino como agua de mayo al Celtic. Con los niveles de energía realzados nuevamente, dieron con un gol que pocos esperaban. Cuando la dirección del partido parecía encaminada hacia los intereses visitantes, los Bhoys se volvieron a adelantar. Justo rebasado el minuto 46, un centro de Tierney desde el costado izquierdo, que no fue apropiadamente despejado por un Aleksandr Kolarov que (pese a su pase de gol a Fernandinho) no tuvo su noche, fue cazado por un abrumador Dembélé que se dio la vuelta sobre sí mismo para marcar un auténtico golazo. Provocando de esta manera la explosión una vez más de una afición celta que estaba subida en una nube, disfrutando de la exuberante actuación de los suyos. Pero sentenciar a este Manchester City no es algo ni mucho menos sencillo. Estos resurgieron para marcar, por mediación Nolito tras una gran acción combinativa, el empate a tres. El poder a poder que había marcado el partido se fue diluyendo a medida de que el Celtic perdía fuelle. Los chicos de Brendan Rodgers lo habían dejado todo sobre el campo. Aun así, resistieron de manera magnífica ante las acometidas finales del semifinalista de la pasada edición de la Liga de Campeones. El árbitro italiano Niccola Rizzolli acabó señalando el final de un gran partido que quedará para el recuerdo como una noche de fútbol europeo, sobre todo en Celtic Park.

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