El Derby del esperpento
Volvió contra pronóstico a la Premier League después de cinco años de ausencia y la ilusión acabó olvidada entre humillaciones cada fin de semana. Recordamos al Derby County de la temporada 2007-08, que se convirtió indiscutiblemente en el peor equipo de la historia de la Premier League. Y ni por ésas su afición les dejó solos.
Por Nacho González | 02/07/2017 Derby County

Sabemos que están ahí. Detrás del atractivo escaparate de la Premier League, hay equipos que nos recuerdan que el esperpento existe con temporadas dignas de taquillazo de comedia o terror, según se mire. El Aston Villa de la campaña 2015-16 fue digno de arrancarse los ojos para no volver a ver jamás. Para muchos, el Sunderland de la 2016-17 supuso un remedio terapéutico: la vida sólo puede ir a mejor después de un partido de semejante despropósito en forma de club de fútbol. Convivimos con la amenaza de que otro equipo igual surja para redefinir lo ridículo, pero todavía nos queda una pizca de esperanza. La de saber que es casi imposible volver a tocar fondo como hizo el Derby County.

Estamos en la temporada 2007-08 de la Premier League. El Manchester United renovaba con autoridad su trono en Inglaterra con Cristiano Ronaldo como Bota de Oro de la liga. Clubes hoy defenestrados como Blackburn, Portsmouth o Wigan Athletic estaban asentados en la máxima categoría nacional. A Emmanuel Adebayor aún no se le había olvidado dar patadas a un balón –terminó la temporada con 24 goles–. En este contexto que parece tan lejano, el Derby County hizo historia al descender como colista sumando 11 puntos en 38 jornadas.

Habían pasado cinco años desde la última aparición de los Rams en Premier League y Billy Davies, su entrenador, les había devuelto a la élite con un perfil tan emocionante como peligroso: el típico club que asciende contra pronóstico tras ganar el play-off de Championship. Estos equipos revelación aterrizan en la división de oro aún con la sonrisa de su particular cuento de hadas, pero si llegan sin preparación la bofetada de realidad es de las que deja marca. En el caso del Derby, hasta una de Bud Spencer con la mano abierta habría sido más suave.

El verano en Pride Park no se dio bien. Los necesarios fichajes que debían dar el salto de calidad a la plantilla brillaron por su ausencia y el Derby se presentó en la Premier con un plantel que un año atrás se consideraba digno de mitad de tabla en segunda división. Matt Oakley, capitán, expresó antes de arrancar la temporada una frustración cada día más amarga: “Los jugadores no van a dejar sus clubes para fichar por un equipo que creen que va a descender. En todo caso, esperarán un año a ver cómo se desenvuelve el Derby”. Lo mejor que ficharon los Rams ese verano fue Rob Earnshaw, que había sido máximo goleador del Norwich City… en Championship.

A partir de entonces, si Brian Clough hubiese visto lo que hizo su amado club a más de uno le habría faltado ciudad para correr. Seis puntos sumaba el Derby a finales de noviembre tras catorce jornadas repartidas en una victoria, tres empates y diez derrotas. La crisis pudo con Davies, explotó y escupió unas declaraciones que terminaron de partir a la institución: “Este equipo no es suficientemente bueno para la Premier League, y no es una falta de respeto a los jugadores. Ellos lo saben”. Acto seguido apuntó a la directiva en lo que sería su propio tiro de gracia, asegurando que no había hablado con el presidente en tres semanas. Fue despedido ese mismo día.

Paul Jewell sustituyó a Davies y las cosas no fueron a mejor. Las seis jornadas disputadas en diciembre se saldaron con cinco partidos perdidos y uno empatado: incluso proponiéndose perder era difícil hacerlo peor. Jewell no aguantó más y decidió cortar por lo sano en el mercado de invierno. Su primera incorporación fue el delantero argentino Emanuel Villa, que llegó de los Tecos de México para resolver la falta de gol. Marcó su primer gol en febrero pero ya solo lo volvería a hacer en otro partido (en marzo contra el Fulham en el partido que selló el descenso). Además, vendió a pilares del ascenso como el capitán Oakley, Jon Macken y Steve Howard para fichar en su lugar a hombres con experiencia Premier de la talla de Robbie Savage o Danny Mills. ¿Librarse de los jugadores que habían dotado de cierto espíritu a un equipo ya de por sí sin alma? ¿Para depender de jugadores descartados por clubes de tu misma liga? ¿Qué podía salir mal?

Efectivamente, todo. Desde que entró en vigor el año 2008 hasta que concluyó la temporada, el Derby County apenas sumó cuatro puntos y terminó con un total de 11, la cifra más baja en Inglaterra desde que las victorias tienen un valor de tres puntos. El 29 de marzo ya se había confirmado matemáticamente su descenso, así que jugó hasta el 11 de mayo únicamente por preservar algo de honor. Para su desgracia, a esas alturas ya habían perdido hasta eso.

El equipo sumó 20 goles en todo el curso, cifra que hoy sigue siendo la más baja de la era Premier League, y encajó 89, tercer peor registro –lejos de los 100 que recibió el Swindon Town en la temporada 1993-1994, aunque en su caso disputaron cuatro jornadas más–. Con su descenso, los Rams se convirtieron en los primeros en perder la categoría matemáticamente en marzo. También fueron pioneros en partidos seguidos de liga sin una victoria: 32. Pero aún hay más. Tras descender, el Derby no fue capaz de ganar en sus primeras cuatro jornadas en Championship, subiendo la cifra hasta 36 y marcando un nuevo hito histórico del fútbol inglés. Por supuesto, sólo fue posible gracias a otro récord: ganar únicamente un partido en todo el curso Premier.

La del Derby County de la temporada 2007-08 es una historia curiosa, pero al fin y al cabo una historia de mierda sobre un equipo lamentable. Para sus aficionados, sin embargo, nunca dejó de ser su mierda. Los menos culpables de la hecatombe dieron una encomiable lección de apoyo a una camiseta: la capacidad de Pride Park es de 33.597 y la asistencia media durante la campaña más vergonzosa de su existencia fue de 32.432 valientes. La mejor entrada se registró en la última jornada, cuando 33.087 fieles decidieron que no había nada más importante aquella tarde que ver a sus Rams perder 0-4 ante el también descendido Reading para despedir el curso por todo lo bajo.

Aun en un año para el olvido, siempre queda ese amor incondicional, el que sólo es verdadero cuando es balompédico. Todos esos tarados que estuvieron con los suyos a pesar de tocar fondo cada fin de semana hicieron buena la célebre frase de Eduardo Galeano: “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”. Qué le iban a hacer. Eligieron a su Derby en las buenas y en las malas.

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