El descenso más largo del mundo
Este sábado, el Sunderland perdió 0-1 ante el Bournemouth y confirmó un descenso que llevaba prácticamente una década fraguándose.

Para cuando Stuart Attwell decretó el final del partido, las gradas del Stadium of Light hacía rato que las gradas se había comenzado a vaciar de los cada vez menos aficionados del Sunderland suficientemente ilusos o aburridos como para seguir acudiendo a los partidos del peor equipo de la Premier League. La derrota de los Black Cats por 0-1 ante el Bournemouth selló el descenso del equipo a segunda división a falta de tres jornadas. Un fracaso que, no por anunciado, deja de ser chocante. Estamos hablando de un histórico aquí.

Desde que se integró en la primera división en 1890-91, el Sunderland no abandonó la élite hasta 1959. Desde entonces, el equipo del norte alternó etapas en las dos primeras divisiones (y una única temporada en tercera, 1987-88) hasta ascender en 2007 a la Premier League, una era que se ha prolongado durante diez temporadas y que acabó este sábado.

Si esto fuera un tribunal y tuviéramos que señalar un culpable, todos los dedos apuntarían en la misma dirección: la de Ellis Short, un empresario estadounidense de origen irlandés que hizo su fortuna manejando fondos de inversión desde su sede de Londres. A finales de 2008, Short asumió el control del Sunderland, que por entonces había finalizado su primera temporada de vuelta en la Premier League en una respetable decimoquinta posición.

Estos casi diez años de Short en Sunderland han estado presididos por el estancamiento del club a nivel deportivo, la falta de inversión, el desfile sin fin de entrenadores con un perfil cada vez más dudoso y algún que otro lamentable incidente extradeportivo. En estos diez años del Sunderland en la Premier League, su mejor posición fue la décima posición de 2010-11 y su posición media es 15º. Este descenso no ha sido precisamente una sorpresa.

Esta temporada, la inversión neta del club ha ascendido a 13 millones de libras. En 2014-15, ese gasto neto superó por poco los diez millones. La temporada anterior a esa, fueron menos de diez. Solo el curso pasado, con Sam Allardyce en el banquillo y la necesidad acuciante de reforzar la plantilla en enero, el club realizó un esfuerzo financiero (más de 45 millones de libras). Los dos mejores jugadores del equipo esta temporada han sido un portero de 23 años y un delantero centro de 34. Jordan Pickford y Jermain Defoe son los únicos futbolistas que han dado la cara en una plantilla repleta de cedidos (Javier Manquillo, Adnan Januzaj, Jason Denayer), futbolistas rechazados por otros clubes (Fabio Borini, Bryan Oviedo, Victor Anichebe), jugadores exprimiendo sus últimos años en el fútbol profesional (Darron Gibson, John O’Shea, Steven Pienaar, Joleon Lescott) o jugadores que, simplemente, no dan la talla (Lee Cattermole, Papy Djilobodji). Los pocos aprovechables (Didier N’Dong, Whabi Khazri, Lamine Koné) se han visto engullidos por un club sumido en el caos.

En la era Short, ningún entrenador del Sunderland ha alcanzado los cien partidos. Un par de meses después de llegar, despidió a Roy Keane, el responsable del ascenso a la Premier League. Hasta final de temporada confió en el escocés Ricky Sbragia, que ganó 13 de los 26 partidos que dirigió y abandonó el banquillo. Llegó Steve Bruce, que aguantó casi dos años y 98 partidos, lo que le convierte en el técnico más longevo de esta etapa reciente del club. Le sustituyó Martin O’Neill, que enderezó el rumbo aquella temporada pero no logró acabar la siguiente. Con la llegada de Paolo Di Canio, el club entró definitivamente en barrena. El polémico italiano salvó al club pero fue despedido nada más comenzar el curso siguiente tras haber dirigido en total 13 partidos de Premier League. Su sustituto, Gus Poyet, siguió el círculo vicioso de sus predecesores: salvó al club en su primera temporada pero fue despedido en la recta final de la siguiente. En esta ocasión fue Dick Advocaat el salvador antes de ser despedido al poco de comenzar la siguiente temporada. Turno para Sam Allardyce, que no esperó a que le echaran tras salvar al club y se marchó a dirigir a la selección inglesa. El despropósito llegó a su culmen con David Moyes, llegado apenas un par de semanas antes de empezar la liga.

Este desastre deportivo también ha vivido sus desagradables capítulos fuera del terreno de juego. La gestión del club del asunto Adam Johnson manchó su reputación de forma indeleble. Sabedor de que su futbolista había mantenido relaciones con una menor, optó por mantenerle en su plantilla durante meses, hasta que la justicia emitió su veredicto: seis años de cárcel. Una gestión especialmente chocante considerando que la directora general del club en la época era una mujer, Margaret Byrne, cuyas decisiones acabaron costándole el puesto.

Hace un año, el gran rival del Sunderland, el Newcastle, emprendió este mismo viaje de bajada. Mike Ashley, el dueño del club, decidió mantener a su entrenador, Rafa Benítez, y a la mayoría de la plantilla, a los que sumó varias piezas clave. Esas decisiones han permitido a las urracas regresar a la Premier League solo un año después. El Sunderland y Ellis Short debería seguir ese ejemplo si desea regresar a la élite en breve. Pero eso significaría transformar radicalmente la forma en que el club ha hecho las cosas durante la última década.

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