El día que Charlton y Stiles opacaron a Eusébio
Tras eliminar a base de sangre, sudor y lágrimas a Argentina, los ingleses se toparon en semifinales con la Portugal de Eusébio. Apenas unos meses antes, el astro portugués y sus compañeros del Benfica ya se habían enfrentado a Bobby Charlton y Nobby Stiles en la Copa de Europa.

9 de marzo de 1966. El Manchester United de Sir Matt Busby visita el Estádio da Luz para disputar el partido de vuelta de cuartos de final de la Copa de Europa ante el Benfica. Los Red Devils se plantan en Lisboa con una pírrica ventaja tras la victoria por 3-2 en Old Trafford un mes antes. Las posibilidades de avanzar a semifinales se presentan escasas. El Benfica no solo viene de conquistar consecutivamente las Copas de Europa de 1961 y 1962 sino que tiene posiblemente el mejor equipo de su historia, con Eusébio, ganador del Balón de Oro el año anterior, a la cabeza.

Sin embargo, aquella no fue la noche de Eusébio ni de ninguno de sus compañeros. Fue la noche de “El Beatle”, como bautizaría la prensa ibérica a George Best tras ser fotografiado con un sombrero mexicano cuyas gigantescas alas podían darle sombra a media plantilla del United. Aquella noche, el joven Best se presentó ante el mundo. El norirlandés flotó sobre el Estádio da Luz y guió a los ingleses hacia una improbable goleada por 1-5.

Cuatro meses habían transcurrido desde aquel memorable partido y varios de los implicados se volvían a encontrar sobre un terreno de juego. Nobby Stiles y Bobby Charlton por el bando inglés, y Mário Coluna, Antonio Simões, José Augusto, José Torres y, por supuesto, Eusébio, dispuesto a vengar en Wembley la humillante derrota sufrida en la capital portuguesa.

Pero tras la sufrida victoria ante Argentina, la concentración inglesa transmitía una confianza inquebrantable. “Aquel miércoles, por primera vez, sentimos que el país estaba detrás nuestro, los periódicos por fin parecían convencidos de que podíamos ganar la copa”, contó Bobby Moore. “Para mí, Portugal era como muchos equipos a los que nos enfrentábamos en liga con el West Ham. Creía que iba a ser un buen partido pero no duro y que, al final, nosotros nos llevaríamos la victoria”.

En la fase de grupos, Portugal había sido blanco de las críticas de aficionados y medios de comunicación por la dureza empleada para frenar a Pelé ante la complicidad pasiva del colegiado inglés George McCabe. Los portugueses vencieron por 3-1 y apearon a la canarinha, una de las favoritas al título final, de la Copa del Mundo.

En cuartos de final, a pesar de contar con una pléyade de excelentes jugadores, Portugal sufrió para derrotar a Corea del Norte. Los asiáticos, en su primera participación en un Mundial, habían vencido a Italia en la fase de grupos y solo tardaron 25 minutos en colocarse con 0-3 de ventaja ante los portugueses. Cuatro goles de Eusébio permitieron a la selección lusa dar la vuelta al marcador e imponerse finalmente por 5-3. “Tenían muchos buenos jugadores: Torres, Coluna, Augusto y ese fantástico extremo Simões”, recordaba Moore. “Su club más importante, el Benfica, estaba en un gran momento y ese era posiblemente el mejor equipo de su historia. Sin embargo, Eusebio había tenido que rescatarles ante Corea del Norte. Y Eusebio no tenía estómago para Nobby Stiles”.

Bobby Charlton marca el segundo tanto inglés (Central Press/Hulton Archive/Getty Images).

Las condiciones climatológicas también parecieron alinearse con Inglaterra en las horas previas a la disputa de la semifinal. Durante el día del partido, cayeron fuertes lluvias sobre Londres y el aire era fresco. Y Nobby Stiles se encargó de que fuera gélido para Eusébio.

Stiles, pieza clave en el engranaje orquestado por Alf Ramsey, dedicó su noche cortar el suministro de balones hacia el extremo luso. En las escasas ocasiones en que no lo logró, hostigó al jugador del Benfica cual perro de presa hambriento hasta asegurarse de que se deshacía del balón como si de una olla hirviendo se tratara. “El marcaje de Stiles a Eusebio fue lo único que evitó la derrota inglesa”, diría después Pelé.

Pero el partido no es recordado por el duelo que mantuvieron el elegante extremo portugués y el enjuto medio inglés, sino por la inconfundible calva, apenas disimulada por cuatro pelos, de Bobby Charlton. Según su hermano Jack, la inseparable pareja de Bobby Moore en el eje de la zaga, aquella noche su hermano pequeño “jugó el mejor partido de su carrera con la selección”.

A la media hora de juego, el lateral izquierdo Ray Wilson envió un balón en largo desde su campo a la espalda de la defensa portuguesa para el desmarque de ruptura de Roger Hunt. El guardameta luso, el veterano José Pereira, que había comenzado el torneo como suplente de Joaquim Carvalho, se lanzó a la desesperada a los pies de Hunt y logró repeler el balón. Pero, para su mala fortuna, se cruzó en el camino de Bobby Charlton, que avanzaba hacia el área a toda velocidad. El jugador del Manchester United golpeó el balón sobre la marcha con el interior de su pie derecho y lo envió al fondo de las mallas a pesar del intento desesperado de la defensa lusa por interceptar el balón.

El gol obligó a Portugal, la selección más goleadora del torneo, a tomar las riendas del encuentro. Los medio centros Graça y Mário Coluna se multiplicaron para detener a Charlton y permitir a su cuarteto atacante, formado íntegramente por jugadores del Benfica, asediar la portería inglesa. José Augusto y sobre todo Simões con su velocidad, causaron estragos por banda, mientras que Jack Charlton y Bobby Moore se empleaban a fondo para contrarrestar la potencia física del goleador José Torres. Para frenar a Eusébio, confiaban en la omnipresencia de Stiles.

A falta de diez minutos, Geoff Hurst, que había comenzado el torneo como delantero suplente y había relegado al banquillo a Jimmy Greaves durante su transcurso, persiguió un balón largo enviado por el lateral derecho George Cohen al que parecía haber llegado antes el defensa portugués José Carlos. Pero el gol de la victoria ante Argentina había provocado un efecto transformador sobre Hurst. El delantero del West Ham, sobrado de confianza y fe en sí mismo, acosó al defensa luso hasta imponer su físico y ganar la pugna por el balón dentro del área portuguesa. Hurst retuvo el balón en sus pies durante unos segundos que parecieron interminables. Los aficionados que abarrotaban Wembley contuvieron el aliento ante la incertidumbre por la siguiente decisión de Hurst. Pero él ya sabía desde hacía unos segundos cuál iba a ser.

El delantero del West Ham percibió por el rabillo del ojo izquierdo cómo Bobby Charlton avanzaba a toda velocidad hacia el área rival. Hurst aguardó hasta el momento preciso. Entonces cedió el balón atrás. Raso, lento. De tal forma que un jugador de la calidad de Charlton no podía fallar. Y no lo hizo. Pereira no pudo hacer nada ante su potente disparo cruzado. Con 2-0 y diez minutos por jugar, Inglaterra parecía tener atado su pase a la final.

Pero solo tres minutos después, Simões centró desde la derecha. Jack Charlton y Cohen perdieron de vista a Torres, que se erigió imponente en el segundo poste y cabeceó lejos del alcance de Gordon Banks, el guardameta del Leicester. Cuando el balón parecía colarse irremisiblemente en la portería inglesa, apareció la mano de Jack Charlton.

“Estaba decidido a impedir que fuera gol, costara lo que costara”, contó Charlton. “Ni siquiera traté de protestar, no habría tenido sentido. Fue penalti. Me sentí fatal”. Peor se habría sentido Charlton si la acción hubiera tenido lugar treinta años después, cuando esa mano intencionada le habría costado una tarjeta roja y le habría impedido participar en la final. En 1966, ni siquiera fue amonestado.

Antes del partido ante Portugal, Alf Ramsey tomó la inusitada decisión de preparar a Banks para los lanzamientos de penalti de Eusébio. Lo cual no supuso un gran esfuerzo porque el extremo portugués había lanzado muchos de ellos con su club y su selección, y las cámaras los habían captado. La conclusión fue definitiva: Eusébio solía lanzar sus penaltis con potencia con el interior de su pie derecho, a media altura y a la derecha del portero. Difícil pero no imposible de atajar para un portero de talla mundial como el guardameta de los Foxes.

Sin embargo, antes del lanzamiento, Banks observó cómo Coluna se acercaba a Eusébio para darle instrucciones. Banks imaginó que le estaba advirtiendo para que cambiara el lado al que solía enviar sus penaltis. Así que, para horror de sus compañeros, Banks decidió apostar por su lado izquierdo. Eusébio se mantuvo fiel a su rutina, disparó a media altura a la derecha de Banks y el balón acabó en el fondo de las mallas. Fue el primer gol que recibía Inglaterra en toda la Copa del Mundo.

Portugal estuvo a punto de igualar. A solo seis minutos para el final, Torres asistió de cabeza a Simões dentro del área y le dejó solo ante Banks. Cuando el gol portugués parecía una certeza, apareció de la nada la pierna de Stiles para empujar el balón hacia la línea de fondo. Y en el último minuto, Banks tuvo que desviar a córner un potente disparo de Coluna desde el borde del área. El marcador ya no se movería e Inglaterra alcanzaría la final. Eusébio se había vuelto a inclinar ante Charlton. Entre lágrimas, la estrella portuguesa felicitó a sus oponentes. Horas más tarde, fue visto esperando fuera de un cine londinense a que saliera Bobby Charlton para obsequiarle con una botella de vino portugués.

En el vestuario, Ramsey estaba exultante. Una vez reunidos todos los jugadores, pidió un momento de silencio para dirigir unas palabras. “Caballeros, no suelo hablar de jugadores individuales pero creo que estaremos todos de acuerdo en que Nobby ha protagonizado hoy una excelente actuación”. Sus compañeros le tributaron una merecida ovación.

Aquella noche, Ramsey permitió a las esposas y novias de los jugadores reunirse con ellos en el Hendon Hall Hotel. El entrenador inglés incluso invitó a todos a algunas bebidas. Pero a medianoche, cual Cenicientas, las mujeres fueron invitadas a dejar el hotel. Cuatro días más tarde, Charlton, Stiles, Jack, Moore, Banks y los demás debían enfrentarse en Wembley a la República Federal Alemana en la final de la Copa del Mundo de 1966.

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