El día que los Three Degrees apalearon al racismo
Esta semana ha fallecido Cyrille Regis a los 59 años a causa de un infarto. Junto a Laurie Cunningham y Brendon Batson formó los Three Degrees, un trío de futbolistas de color que desafío al orden establecido y rompió todas las barreras racistas de la época.

Cuando el West Brom visitó Old Trafford en enero de 1978 se encontró un equipo herido. El Manchester United acababa de sucumbir por 3-0 ante el Bolton y días antes, en Boxing Day, había caído por 3-0 en Anfield ante su acérrimo rival, el Liverpool. Así que el West Brom fue recibido como la víctima propicia para enderezar el rumbo. Los aficionados del club de Mánchester se frotaban las manos en anticipación. En su lugar, el United se encontró con un equipo inspirado liderado por tres tipos de color que ahondó todavía más en la crisis de los Red Devils. De paso, ambos protagonizaron uno de los mejores partidos de la historia de la primera división inglesa.

En 1978, el West Brom se convirtió en el primer club británico en alinear al mismo tiempo a tres jugadores de color. Laurie Cunningham, Cyrille Regis y Brendon Batson fueron apodados como los Three Degrees en referencia a otro trío de color, en este caso formado por tres mujeres que formaron uno de los grupos de soul más reputados de la historia de la música.

El United echó toda la carne en el asador desde el pitido inicial. Brian Greenhoff abrió el marcador con una volea espectacular desde el borde del área. Pero los Three Degrees no tardarían en poner las cosas en su lugar, espoleados por los constantes abucheos desde la grada de Old Trafford cada vez que el cuero entraba en contacto con sus botas.

El fútbol inglés de aquella época no contaba con las barreras de la corrección política de nuestros días. “Cuando bajábamos del autobús en los partidos como visitante, el Frente National [partido racista de extrema derecha] nos estaba esperando”, recuerda Batson. “En aquellos días, no teníamos seguridad y teníamos que correr hasta el estadio. Cuando llegábamos a la entrada, había escupitajos en mi chaqueta o en la camiseta de Cyrille. Así era entonces. No recuerdo hacer grandes dramas y llorar por eso. Lidiábamos con eso, no era precisamente algo nuevo para nosotros”.

Con 1-0 en contra, Cunningham se aisló de los abucheos que resonaban en el estadio para filtrar un pase para que Tony Brown pusiera el tanto del empate para el West Brom. Los goles se sucedieron sin solución de continuidad en la primera parte. Cunningham se deshizo de medio equipo rival hasta ceder a Regis al borde del área. Su compañero cedió de tacón a Len Cantello, que puso el 1-2. Antes de acabar la primera parte, el United tuvo tiempo de remontar el duelo con goles de Gordon McQueen y Sammy McIlroy. Pero al borde del descanso, Brown puso el 3-3 con el que los equipos regresaron al vestuario.

“Desde que llegué a Inglaterra [con nueve años desde la isla caribeña de Granada], me acostumbré a que hubiera gente que me insultará desde los coches o en el metro de Londres”, recuerda Batson. Tanto Batson como Regis y Cunningham recibían toneladas de cartas con insultos o amenazas de muerte. En especial el último a causa de su relación pública con Nicky Brown, una chica blanca. Pero también sus compañeros recibían cartas al respecto. Como Bryan Robson, que recuerda recibir misivas preguntándole cómo podía soportar jugar con futbolistas negros. Uno de los más insistentes era un aficionado del Everton, que escribía cada vez que el West Brom debía jugar en Goodison Park. En sus cartas a Ron Atkinson, el técnico de los Baggies, le exigía que no seleccionara a sus “monos” para el partido.

Si Cunningham había sido una pesadilla en la primera parte para el United, el protagonista de la segunda fue Regis. Al igual que Batson, Regis también nació cerca de las aguas caribeñas, en la Guayana francesa, y no se mudó a Londres hasta los cinco años. Tras acabar la escuela, Regis se formó como electricista y así se ganó la vida hasta que fichó por el West Brom con 19 años tras haber destacado en el fútbol aficionado. Aquella segunda parte en Old Trafford fueron posiblemente los 45 minutos más inspirados de toda su larga carrera. Primero, Greenhoff despejó sobre la línea un potente cabezazo del jugador del West Brom. Luego, Gary Bailey repelió un disparo desde 30 metros. Acto seguido, Regis regaló el 3-4 a Cunningham. Y redondeó unos 45 minutos antológicos con el 3-5 definitivo. Al día siguiente, el titular del Observer lo resumió a la perfección: “Avalancha en la nieve”. Una avalancha negra.

Aquella temporada, el West Brom finalizó en tercera posición. Su trabajo en el West Brom permitió a Atkinson ser nombrado entrenador del Manchester United. Cunningham acabó fichando por el Real Madrid. Y en Madrid sería donde hallaría su muerte años después al volante de su coche una húmeda madrugada. Un infarto se ha llevado a Regis a los 59 años esta semana. Ellos fueron, respectivamente, el segundo y el tercer jugador de color en enfundarse la camiseta inglesa tras el pionero Viv Anderson. Su talento fue fundamental en la lucha contra el racismo en el fútbol inglés.

A finales de septiembre de 1978, el West Brom visitó al Chelsea en Stamford Bridge. Los aficionados del club londinense tenían una fama ganada a pulso como unos de los más virulentos del país. Especialmente cuando había jugadores de color implicados. Lord Herman Ouseley, presidente de la asociación contra el racismo Kick It Out recuerda esta historia: “Yo no era aficionado del Chelsea pero mi hermanastro tenía un abono de temporada y me llevó al campo. Ir al fútbol siendo negro en aquel entonces no era una experiencia agradable, tenías que mantener la cabeza gacha y controlar tus impulsos. Al principio del partido, les lanzaron piezas de fruta a los tres jugadores de color del West Brom. Cada vez que tocaban el balón, el volumen de los abucheos era atronador. A los veinte minutos, Laurie penetró en la defensa del Chelsea y Cyrille marcó. Los aficionados a mi alrededor estaban furiosos. Se levantaron y los insultos se convirtieron en una cacofonía. Poco después, Laurie volvió a romper la defensa rival y dio otro gol. Los aficionados locales estaban lívidos. Pero entonces, uno de esos gorilas sentado delante de mí se giró hacia otro y le dijo: “Oye, el negro es jodidamente bueno, ¿no?”. Fue un momento de inspiración para mí. Me dije que, contra todo pronóstico, puedes hacer cambiar de opinión a la gente a través del talento y la perseverancia”. Eso fue lo que hicieron Cunningham, Batson y Regis: usar sus dotes para el fútbol para cambiar la sociedad para siempre.

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