El espíritu de Solskjaer
Cuando todo parecía perdido en el Manchester United, el espíritu de Solskjaer apareció en el Parque de los Príncipes para que su equipo sellase una remontada histórica ante el París Saint Germain.

Se estaba rondando el final del partido. El Manchester United ya había hecho lo más difícil al igualar la final de la Champions League ante el Bayern de Munich. Entonces, cuando todo parecía acabado y que el partido se encaminaba a la prórroga, el United forzó un córner. En el Camp Nou se podía respirar la tensión. El balón empezó a volar. Miedo. Todos los presentes sabían que con ese balón se acababa todo. Es más, ese balón ponía en juego toda una temporada. Teddy Sheringam, que momentos antes ya había igualado el partido, fue el primero en impactar la pelota, prolongando el balón hacia el segundo palo. Más miedo. Ole Gunnar Solskjaer no llevaba ni un cuarto en el campo, pero entendió mejor que nadie lo que estaba pasando. Estiró la pierna, casi sin querer, provocando un estallido de júbilo entre sus aficionados. El United había remontado esa final y aquel delantero noruego ya era historia del club. Quién le iba a decir al bueno de Solskjaer iba a ser, casi veinte años después, el artífice de una nueva remontada. Eso sí, esta vez no haría falta que saliese del banquillo.

El Manchester United viajaba a París con la sensación de haber cumplido ya su participación en la Champions League. Entre tanto lio con José Mourinho, estar en octavos de final eran casi un regalo. Tras la mejoría provocada con la llegada de Solskjaer al banquillo del United, el poderoso Paris Saint Germain -ese equipo que siempre es favorito para reinar en Europa pero que nunca lo consigue- le propinó a los Red Devils en Old Trafford un golpe de realidad con un contundente 0-2 que dejaba la eliminatoria vista para sentencia. Para más inri, los ingleses llegaban con 10 bajas al partido. Y no eran bajas sin importancia, no. Faltaban los jugadores que habían hecho volar al United, faltaban los Paul Pogba, Anthony Martial y Ander Herrera. Todo seguía (casi) igual, o eso creíamos todos.

Si en aquella Barcelona de mayo de finales de siglo en la que Solskjaer forjó su leyenda hacia un tiempo mucho más agradable, en el Parque de los Príncipes no le esperaba una atmósfera tan mediterránea. París a principios de marzo es fría, pero cuando echa el balón a rodar, el empuje de los incansables aficionados del PSG hace que ese trozo de la ciudad sea un infierno. Pese a ese angustioso clima, los muchachos de Solskjaer se aprovecharon, por medio de Romelu Lukaku, de la falsa confianza con la que salieron los parisinos. Un clamoroso fallo de Thilo Kehrer fue aprovechado por el belga para poner el 1-0 en el marcador.

Había un ligero optimismo en el banquillo de los Red Devils, pero el infierno parisino se encargó de borrar todo atisbo de esperanza. Los minutos siguientes al gol fueron una exhibición del equipo de Thomas Tuchel, que de tanto apretar al United consiguió empatar el encuentro gracias a un tanto de Juan Bernat. Por las bandas el PSG se estaba llevando el partido. Un déjà vu de lo que fue la ida, en la que el técnico germano venció la batalla en la pizarra ante el Solskjaer. Pese a ello, el noruego no es de los que cae dos veces con la misma piedra.

Tras la lesión de Eric Bailly (y con este, ya son 11 los ausentes en el United), el entrenador noruego movió a su equipo, pasando del 5-3-2 con el que inició el partido a un académico 4-4-2, buscando anular ese juego exterior del PSG que tanto daño hacía a los suyos. Las oportunidades seguían cayendo del lado parisino, pero no era la sangría que estaba teniendo su equipo en la retaguardia. Con un PSG más contenido, Marcus Rashford, en uno de los pocos balones que tuvo en la primera parte, probó fortuna desde lejos con su portentoso disparo, buscando que el azar se aliase con él. Y esta vez, la Diosa Fortuna le sonrió. El potente chut no lo consiguió repeler Gigi Buffon, dejando el balón muerto para Lukaku, que anotaría el segundo gol del partido y de su cuenta particular. Con el pitido del árbitro que ponía final a la primera parte, saltaba la sorpresa: el United había sobrevivido al asedio del PSG. Y con nota.

Lukaku está volviendo a la titularidad a base de goles. (Shaun Botterill/Getty Images)

La segunda parte fue más de lo mismo. El conjunto local no paraba de apretar para cerrar la eliminatoria, pero el gol que mataría las esperanzas del United no llegaba. Aun así, no parecía que el electrónico se fuese a mover más. Es cierto que existía ese run-run en la grada debido al temor de que un gol en contra dejaba fuera al PSG, pero es que a los Red Devils se les estaba acabando la gasolina y los recambios no daban ningún tipo de esperanza. Solskjaer miraba al banquillo, ese lugar del que tantas veces había salido para salvar a su equipo, pero no veía más que juveniles que ocupaban el lugar de los lesionados- Esta vez, no había ningún asesino con cara de niño para rescatar al United.

El tiempo se acababa y el resultado seguía igual. El United sabía que aún le quedaba una bala para darle la vuelta a la eliminatoria. Entonces, un disparo de Diogo Dalot impactó en el brazo de Presnel Kimpembe. Damir Skomina, árbitro del encuentro, no vio la infracción y recibió el aviso de sus compañeros del VAR. Tensión en París. Ese pequeño infierno que es el Parque de los Príncipes se heló al momento. Tras ver la repetición unas cuantas veces, el colegiado ya tenía la decisión tomada. Penalti, era penalti. Bendito invento el VAR cuando se utiliza bien. El balón se colocó en el punto fatídico. Rashford estaba ante la oportunidad de su vida. Ese crío salido de la cantera del United estaba a punto de cumplir ese sueño de la infancia de emular a cierto delantero noruego en Barcelona. Y como su mentor, no falló. La explosión de júbilo en aquella Barcelona de mayo se emuló casi 20 años después en una fría noche de París. Se había vuelto a consumar el milagro.

En Europa no vale con jugar mejor rival, pesando más el escudo en este juego tan enrevesado que tanto amamos. Y si hablamos de tener escudo, el United tiene bastante y el PSG aún no tiene tanto. Este milagro solo se puede explicar a través de las leyendas que han forjado la historia del club. Leyendas entre las que, por cierto, se ha colado Rashford. Quién sabe si recordaremos esto cuando, dentro de 20 años, el inglés entrene al United y protagonice otro milagro desde el banquillo. Mientras, aquel asesino con cara de niño que ahora peina canas, ha vuelto a demostrar que con poco hace mucho. Salió menos de 15 minutos a Barcelona y ganó la final, y ahora lleva menos de 15 partidos como entrenador del United y ya ha cambiado toda una temporada. “Este club es así, esto es lo que hacemos. Esto es el Manchester United”, comentaba Solskjaer al acabar el partido. Déjame decirte, querido Ole, que si esto de obrar milagros es el United, tú representas -casi- mejor que nadie lo que es este equipo.

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