El fútbol inglés es el proverbio

Los cambios que se plantean a día de hoy en el fútbol inglés podrían trastocar o incluso voltear la actual y tradicional identidad del balompié anglosajon. Inglaterra, como cuna del fútbol y como competición local modelo, debe preservar sus rasgos identificativos.

Por Juan Yagüe | 20/03/2016
Es necesario entender la importancia de la historia del fútbol inglés
El martes pasado, hubo un excelso enfrentamiento en los octavos de final de la UEFA Champions League. El Atlético de Madrid se clasificó en la tanda de penaltis a cuartos de final tras imponerse al PSV Eindhoven. El partido fue honorable por parte de ambos bandos. Quedó una honrosa imagen tanto del vencedor como del vencido. Sin embargo, hubo algo más reseñable en el partido. Y fue el papel del que no iba de rojiblanco ni de azul celeste. Se trató de Mark Clattenburg.
El colegiado inglés ostentó una serie de fundamentos a lo largo del partido dignos de cualquier modelo de arbitraje del fútbol británico. Permisivo, diplomático y viril. Permitiendo el contacto y fomentando el espectáculo. El juego. El ritmo. La lucha dentro de la legalidad. Alentando el contacto honesto y la garra. Ante semejante despliegue de principios en el deporte, la segmentaria secta que existe en una vertiente del periodismo español, se limitó a criticar de forma vaga e inculta el criterio de Clattenburg a la hora de dirigir el encuentro. Revelando el escaso conocimiento que existe (en un significativo número de los más destacados periodistas de España en el ámbito deportivo) sobre lo que ocurre más allá de las fronteras hispanas.
Es difícil encontrar un partido de fútbol de un rango tan trascendente a nivel mundial con una permisividad y diplomacia aceptada de una manera tan sobria y profesional por parte de los protagonistas del partido, los jugadores. Los colegiados de otros países como Italia o algunos ejemplares balcánicos continúan encallados en una actitud ruda y distante a la hora de dirigir los partidos (Paolo Tagliavento o Milorad Razic son buenos ejemplos). Buscando el respeto y el control del duelo a través de entorpecer el ritmo de partido y mostrando tarjetas amarillas a discreción.
El arbitraje es sólo uno de los rasgos identificativos que continúan latentes en Inglaterra y la Premier League. Pero hoy en día, el mundo del fútbol pervive en una situación de transición que se abre paso a espuertas. Con cambios permanentes. En las normativas, en los contratos, en los acuerdos de las federaciones, el calendario, las plantillas… Todo está sujeto a variación con asiduidad y nada queda inalterable.
En estás se halla sumergido también el panorama inglés. Ante los rumores que discurren por el continente de una liga europea, se entremezclan los cambios de calendario, el habitual reproche sobre el rendimiento de los equipos de la Premier en Europa y los resultados de cada fin de semana tanto en la competición liguera como en la FA Cup. Un pastiche de informaciones y emociones que queda en nada durante el páramo veraniego cuando todo queda reducido al mercado de fichajes, intrascendentes amistosos y tórridos entrenamientos.
Tanto la Premier League como la Football Association (FA) deberían priorizar el actual estado del fútbol inglés a día de hoy. Si el poder de la liga y el atractivo de la Copa es a día de hoy muy atractivo es por la unicidad de sus competiciones. Por las características que diferencian a sus torneos del resto del mundo.
No se debería de tocar el modelo del fútbol en Navidad. Tampoco la ordenación del calendario con una secuencia diferente entre la primera y la segunda vuelta. No es necesario retocar el matiz de los replays en el torneo copero. Los estadios siguen llenos y las audiencias se mantienen (o aumentan). Las plantillas son amplias y las oportunidades para los jugadores emergentes de cantera, reducidas viendo el poder adquisitivo que están consiguiendo los clubes a través de los sustanciosos acuerdos televisivos y consiguientes contratos con las marcas.
Inglaterra es la cuna del fútbol. El lugar que vio nacer el mayor fenómeno que existe a nivel planetario. Con sus características y matices únicos. Con la selección jugando en diversas ocasiones con las camisetas del uno al once en sus camisetas del equipo titular dejando los números menos significativos para los suplentes. Este ejemplo, como corte de mangas a la comercialización del fútbol actual, supone una batalla ganada para los aficionados y el fútbol de toda la vida. Del que siempre fue modelo el país británico.
La Premier League y la FA tienen que preservar su unicidad como modelo de fútbol. No parecerse al resto con su mediocridad y carencias. Sin parones en el calendario se han conseguido grandes triunfos en Europa. Con los replays existentes hace una, dos y tres décadas no había más lesiones que las que hay hoy. Al contrario. Con todos sus matices, el fútbol inglés está en la cima del mundo a nivel de producto. Tocar lo que mejor funciona para asimilarse al resto, no parece lo más sensato.
Hay que cuidar todos los detalles. Desde los horarios de los partidos hasta la común tipografía de las camisetas en la Premier League. Cada detalle marca la diferencia. E intentar mejorar los aspectos posibles sobre todo de cara a los aficionados. Como el precio de las entradas para los aficionados visitantes, limitadas a 30 libras a partir de la próxima temporada.
Hace escasas fechas, la universidad de Loughborough, a cargo de Nissan, patrocinador oficial de la UEFA Champions League, hizo un estudio que enunciaba que el 56% de los aficionados ingleses prefería ver el partido de su equipo a mantener relaciones sexuales. Si el fútbol inglés, quiere mantener esa pasión y esa devoción por su espectáculo, conviene no modificar mucho el panorama.
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