El orgullo pasará por la valentía
Inglaterra ganó frente a Túnez pero dejó un sabor de boca conocido: un equipo que se queda a medio camino entre lo que puede ser y lo que es. Sin embargo, si los Three Lions quieren aspirar a volver a ser grandes y a dejar a los fantasmas del pasado atrás, deberán usar la valentía como el ingrediente esencial en su renacer como selección.

Inglaterra y los mundiales. Los mundiales e Inglaterra. De pequeños siempre nos dicen que cambiar el orden de los factores no altera el producto, que lo mismo da sumar uno más tres, que sumar dos más dos, pues todo acaba siendo cuatro. Sin embargo, parecía que Inglaterra viajaba a este Mundial de Rusia dejando atrás la lógica numérica que le había regido durante tantos años y buscando poner fin a una larga y traumática era de fútbol internacional que había minado su espíritu.

Después de menos de una semana de Mundial, los ingleses ya habían tenido pruebas fehacientes de que la copa dorada podía por fin volver a casa, o al menos así de optimistas se han mostrado en redes desde que la competición diera el pistoletazo de salida el pasado jueves. La ganadora había pinchado con una sorprendente y pasional México, Argentina y Brasil no pudieron pasar del empate frente a selecciones que los expertos no dejan de calificar como inferiores, pero que fueron de todo menos eso precisamente, y España y Portugal se repartieron los puntos en un apasionante duelo.

Las pruebas de que este Mundial había dejado las estadísticas de lado era una buena señal para una Inglaterra a la que éstas nunca le favorecen. Parecía que la lógica aplastante estaba dando paso a la sorpresa, un elemento al que los ingleses prefieren siempre aferrarse si ello conlleva tener más probabilidad de llegar más lejos. Los Three Lions se estrenaban contra una Túnez que había demostrado saber organizarse y complicar las cosas al rival, mientras que los ingleses contaban con no fallar para poder poner, de una vez por todas, una seria candidatura a ganar el Mundial encima de la mesa.

Un gol tempranero de Harry Kane, que capitaneaba a la selección, giró el guión del partido a los diez minutos. Parecía que Inglaterra podía dominar y hacer daño a Túnez, pero acabó siendo lo que es siempre, un equipo sin ideas, fallón y nervioso, un equipo que se queda siempre a medio camino entre lo que es y lo que puede llegar a ser. Los tunecinos consiguieron empatar por medio de un penalti cometido por Kyle Walker e Inglaterra volvió a tener un dejà vu de esos que consiguen desequilibrar a la zaga con total éxito. Parecía que las antiguas pesadillas tocaban otra vez la puerta y que los ingleses volvían a fallar cuando las expectativas estaban en alza. Un empate contra Túnez no era suficiente y volvería a traer dudas a una selección que busca, precisamente, quitarse esos fantasmas de encima. Ocasión, tras ocasión, tras ocasión, Inglaterra estaba encontrando muchas complicaciones para conseguir que el balón traspasara la línea de gol. Sin embargo, el hombre del partido volvió a anotar en el 90 y eliminó todo tipo de preocupación de la afición inglesa. Al menos por el momento.

A pesar de la victoria tardía, Inglaterra mostró una imagen muy similar a la que lleva enseñando desde hace ya varios años: un equipo con talento, pero con las ideas justas y los planes escasos. El empate les dejó un tanto congelados, y mientras que veían cómo el balón se resistía a entrar, los movimientos en el banquillo fueron prácticamente inexistentes hasta bien entrada la segunda parte. Apostar todo a que Kane tenga un buen día y marque todo lo que pase por su posición es una fe ciega demasiado arriesgada para una Inglaterra que parece jugar con miedo a dar dos pasos hacia atrás mientras avanza uno hacia delante. Si los Three Lions quieren aspirar a algo deberán creer en sus posibilidades, algo que no siempre hacen, y deberán arriesgar más. El problema surge cuando su miedo a perder es tan grande que se olvidan de ser valientes: los mundiales no se ganan siendo conservador, o al menos desde el punto de vista de la escritora.

Sin embargo, sí que hay algo diferente en esta Inglaterra con respecto a las anteriores, y no me refiero a Harry Kane. Parece tener más espíritu y más lucha. Son un grupo de jóvenes que han visto a su equipo en televisión desde que eran pequeños, han observado con sus propios ojos las desilusiones pasadas y no quieren repetir la gesta de sus anteriores. Saben, en gran medida, que eso va a depender de ellos, y el gol del minuto 90 de Kane demuestra que esta generación no busca fallar, sino escribir un nuevo capítulo en la historia.

Aunque la victoria contra Túnez no es razón para creer en algo más grande y solo un loco de remate apostaría por este caballo, Inglaterra deberá salir con todo sin miedo a lo que pueda ocurrir en el encuentro para evitar seguir acumulando decepciones a una afición que lleva décadas de sequía mundialista. Deberá ser más precisa, más letal y más avispada. Deberá creer en que algo se puede construir y deberá ser fuerte psicológicamente si lo que busca es levantar la copa. 

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