El partido que cambió el United para siempre
Tom Cross nos relata cómo vivió el partido que cambió la historia de los Red Devils y cómo la historia se podría volver a repetir con los diablos de Mourinho.

En las últimas semanas el Manchester United, con sus remontadas, me ha recordado un poco al United de los 90. De hecho, me hace pensar sobre la primera vez que me acuerdo haber visto jugar a los Red Devils en Old Trafford. Fue el famoso Manchester United vs. Sheffield Wednesday de abril 1993. Mi padre siempre me dice que ya había asistido a otros partidos en el Teatro de los Sueños, pero no me acuerdo mucho de aquellos. Solo recuerdo unos fragmentos, como el olor a cigarrillos o el sabor de Bovril durante el descanso.    

La gloria y la oscuridad

Aquella tarde soleada de abril 1993 yo tenía nueve años. Mi padre y yo íbamos a ver si el United podía acabar con una maldición que parecía quedarse para siempre – el de no poder ganar la liga. Mi padre nació en Salford y él iba al estadio cuando era joven. Tenía la enorme suerte de haber visto jugar a “La Santa Trinidad” de George Best, Bobby Charlton y Denis Law en los 60. Pero después de la gloria vendría la oscuridad. En los 70 y los 80 mi padre tenía la enorme desgracia de tener que trabajar con seguidores del Liverpool – el club que lo ganaba todo. Y a ellos les gustaba mucho recordárselo.

Incluso en los 90 y los 2000, cuando los Red Devils ganaban todo, mi padre era un fan menos optimista que yo. Yo sabía que fueron aquellos años de decepción los que le habían hecho así. Solamente en las últimas temporadas he podido entender cómo se siente. O sea, como siente ser un aficionado de fútbol normal. Sin poder celebrar títulos cada año.   

Pero bueno, volvamos a aquella tarde de la Semana Santa de 1993.

“Typical United”

Mi padre y yo estábamos en el famoso Stretford End del estadio, que realmente estaba siendo reconstruido después del informe “Taylor”, que fue escrito tras la horrible tragedia de Hillsborough en 1989. Por eso no había sillas en toda la grada. Sin embargo, me acuerdo de que el ambiente fue fenomenal antes del partido. Se podía sentir que la gente que nos rodeaba entendía lo que significaba ese partido.

En el año anterior los Red Devils habían estado en una situación parecida, con muchas posibilidades de ganar la liga. Pero el United, siendo fiel al United, lo tiró ante el Nottingham Forest. Perdió el partido 1-2 en Old Trafford y acabaría en la segunda posición en mayo, detrás del Leeds United – el gran rival (junto con el Liverpool) del United según la generación de mi padre. 

En la segunda mitad del partido contra el Sheffield Wednesday, el United perdía 0-1 y se podía oír a la gente decir cosas como “typical United.” Parecía que lo que pasó el año anterior iba a suceder otra vez. Los jugadores, decía la gente, no tenían la fuerza mental para transformar el resultado en una victoria. 

Pero no volvería a pasar. El partido contra el Wednesday cambió al United para siempre. O al menos hasta que Ferguson dimitiera en 2013. Nació aquel día la leyenda del United que seguía durante los 90 - la de no rendirse jamás. Yo estaba en el Camp Nou para La Remontada del Barça contra PSG en 2017, y el ambiente era parecido. Como si la gente supiera que no debería salir del estadio, aunque en realidad el equipo necesitaría un milagro para vencer. Ahora bien, el milagro es lo que pasó en El Camp Nou, como sucedió en Old Trafford hace 25 años.

El caos, pero con exactitud

Si hay algo que define la época del United con Alex Ferguson como Mister, es una desesperación para ganar. Como si no ganar fuera un insulto para él y para su equipo. He visto tantos partidos del United cuando el equipo perdía, pero se podía ver algo en los ojos de los jugadores y en los ojos de Fergie que te hacía creer que el United acabaría ganando. Y esa desesperación para ganar a veces parecía un auténtico caos, con un juego muy directo y con balones volando muy rápido hacia el área del rival. El caos, pero con exactitud.

Los últimos minutos de la final del Champions en el Camp Nou en 1999 es un ejemplo perfecto. Pero yo lo había visto por primera vez en Old Trafford contra el Sheffield Wednesday en abril de 1993. El héroe de aquel partido fue Steve Bruce. Tan solo quedaban unos minutos  del partido cuando llegó Bruce a un córner y dio un cabezazo que entró en la portería y que pareció un gol a cámara lenta desde donde lo vimos mi padre y yo. El grito cuando Bruce marcó aquel gol sonaba como una exhalación de puro alivio.

Luchando contra espiritus

Lo que pasó después fueron unos ocho o nueve minutos (también nació el mítico “Fergie Time” en aquel partido) de un club intentando acabar con su propia historia reciente. La batalla no solamente era contra los once jugadores del Sheffield Wednesday, sino también contra los espíritus del United en liga desde su último triunfo de 1967. Eso ayuda a explicar la reacción loca de los jugadores, del equipo técnico (especialmente el propio Ferguson y su asistente, Brian Kidd), y de todos los seguidores del United cuando, en el minuto 97’, el balón aterrizo perfectamente sobre la cabeza de Steve Bruce. Otra vez.

Y así cambiaron las fortunas del club. El United ganó el partido, ganó la liga aquel año, y más o menos seguiría ganando desde entonces. Unas veces me he preguntado qué le habría pasado al United si Bruce no hubiera estado justo allí en el sitio perfecto, en el momento perfecto. ¿Es posible que algo tan pequeño pudiera cambiar completamente la trayectoria de un club? Mi padre me decía durante los años dorados de Fergie que no sería así siempre. “El futbol es cíclico. No es posible que un equipo gane siempre.” Y cuando el propio Fergie decidió dejar el United en 2013, yo ya sabía que el United tendría que vivir al menos unos años como los demás clubes. Sin embargo, en las últimas semanas hemos visto un recuerdo de aquel United de los 90, como si el espíritu de ese equipo exitoso estuviera golpeando la pared y diciendo “así lo hacemos.”

El equipo, de nuevo, no sabe cuándo un partido está perdido. Y espero que siga así.    

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