El peor invierno del siglo XX
El Boxing Day de 1962 no será recordado por las constantes nevadas que azotaron Inglaterra ni por sus partidos de fútbol. Será recordado porque fue el día en que acabó la carrera de un letal delantero que acabó convirtiéndose en el entrenador más mítico de la historia del fútbol inglés.

Minuto 30. 0-0. Un pase hacia el interior del área. Mi ojo fijo en el balón todo el tiempo. Nunca me distraigo en circunstancias así. Siento una oportunidad de marcar otro gol. El veintinueve. De repente han apagado la luz. El portero del Bury, Chris Harker, también fue a disputar la pelota y su hombro chocó con mi rodilla derecha. No le vi. El balón había quedado suelto. Intento levantarme instintivamente para marcar. Pero no puedo. Empiezo a arrastrarme. Bob Stokoe, uno de los centrales rivales, grita al árbitro: “Está haciendo teatro”. Pero Kevin Howley le contesta “Este chaval no lo hace”.

Aquel chaval era Brian Clough, uno de los delanteros británicos más prolíficos de la historia, que narraba así la lesión que acabaría con su brillante carrera deportiva como futbolista. Y aquel pase hacia el corazón del área detuvo el bombeo del órgano homónimo de los miles de espectadores que atendieron al encuentro entre el Bury y el Sunderland. Era el típico día en el que las gaviotas vuelan hacia atrás para evitar que sus ojos se inunden, en palabras del propio Clough, que definía las situaciones con la misma precisión con la que encaraba el arco. Era el peor invierno del siglo XX. Era el Boxing Day.

Aquel fue un invierno gélido en Inglaterra. Hasta el 16 de marzo no se pudo jugar una ronda completa de partidos. Para entonces, más de 400 encuentros habían sido aplazados. La temporada no se pudo completar hasta finales de mayo. Aquel Boxing Day de 1962, las constantes nevadas habían dejado el terreno de juego en un estado peligroso. Pero con 42.000 personas en Roker Park, el colegiado no tuvo el valor de suspender un partido más. Así fue cómo, la combinación de la climatología adversa, un árbitro temeroso y la mala fortuna acabó con la carrera de Brian Clough a los 27 años.

Una terrorífica lesión en un Sunderland-Bury de 1962 acabó con la carrera de Brian Clough como jugador.

Un joven norirlandés recuerda derramar algunas lágrimas aquel día: “Todavía puedo verle. Pero nunca le llamo para pedirle consejo como entrenador porque sé que me diría que yo me he metido en este lío así que yo debo salir de él”. Nueve inviernos más tarde, formaría parte de uno de los mejores equipos de las Islas levantando dos Copas de Europa, una liga inglesa, una Supercopa de Europa y dos Copas de la Liga. Y le entrenaría Brian Clough. Ese joven norirlandés era Martin O’Neill.

El 26 de diciembre, día de San Esteban, conocido popularmente en Reino Unido como Boxing Day, recuerda al primer mártir del cristianismo. Como si de un homenaje crístico se tratara, aquel inhóspito invierno del 62 murió un jugador defendiendo una causa que transcendía su propia existencia: el fútbol. Y nacieron dos de los entrenadores más laureados de las islas británicas. 

Brian Clough en el vestuario del Nottingham Forest con sus jugadores, incluido Martin O'Neill (sentado, segundo desde la derecha) (Evening Standard/Getty Images).
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