El pequeño mago olvida su peor truco
Anthony Knockaert renunció por completo al Leicester cuando su entrenador empezó a renunciar a él. Por culpa de eso, no fue parte del conjunto de jugadores que llevó a cabo "la hazaña". Pero quién sabe si con él ahí las fichas de dominó hubiesen caído de la misma manera. Ahora es quizás la mayor estrella que jamás han presenciado en Brighton, con quienes tendrá otra oportunidad en la élite.

12 de mayo de 2013. No habrá otro día en la carrera de Anthony Knockaert como aquel. Esa era la fecha en la que el camino estaba destinado a iluminarse de nuevo. Una temporada con picos y valles para el Leicester City y que terminó en una decepción que hasta ese día parecían haber esquivado y que se maximizó como nadie pudo imaginar que lo haría. Porque una cosa es perder. Y otra es perder como lo hicieron Knockaert y el Leicester. Aquel día se disputaba la vuelta de su semifinal del play-off de ascenso. Se enfrentaban al Watford después de ganarles en el partido de ida, en casa, por 1-0. El Leicester no era el favorito, pues había terminado la campaña en sexto lugar mientras que el Watford lo había hecho en tercera posición. Pero, tras ganar el primer partido, la ilusión se disparó en Leicester. Sin embargo, en Watford las cosas parecieron volver a su cauce cuando Matej Vydra igualó la eliminatoria. Pero, cuatro minutos después, David Nugent volvió a adelantar al Leicester. En la segunda parte, Vydra volvió a marcar, condenando al partido a la prórroga puesto que no existe norma de valor doble de los goles en campo contrario en estos play-offs de ascenso.

Y entonces llegó el descuento. En el minuto 95, el árbitro señaló un penalti a favor del Leicester. Knockaert, el jugador más talentoso de un equipo que ese día tenía a Harry Kane, Jamie Vardy y Danny Drinkwater en el banquillo, es el encargado de lanzar. Están a once metros de clasificarse para la final. Entonces sucede una de las jugadas más increíbles de la historia del fútbol inglés. Knockaert dispara por el centro. Manuel Almunia se interpone en la trayectoria del balón, que queda muerto en el área pequeña. Knockaert remata de nuevo pero Almunia detiene también su segundo remate desde el suelo. Inmediatamente aparece Marco Cassetti para despejar el balón hacia campo contrario. Ante un Leicester en estado de shock, el Watford transporta el esférico hasta los metros finales en cuestión de segundos y Troy Deeney termina reventando la portería con el gol de su vida. El gol desata la más completa de las locuras en lo que se ha terminado convirtiendo en una las secuencias más icónicas de la historia del fútbol profesional. El Watford gana por 3-1 un partido que parecía destinado al 2-2 segundos antes. Nadie lo puede creer. Comenzando por los jugadores del Leicester, con Anthony Knockaert a la cabeza. Está completamente desolado, devastado. Con la mirada perdida observa uno de los momentos más bellos y horribles vividos en un campo de juego. Un momento cruel como pocos nos ha deparado la historia del fútbol inglés. Le tocó sufrirlo en sus carnes a Anthony Knockaert. Pero hoy, hoy sonríe.

Aunque no lo hace ni con el Leicester ni como campeón de la Premier League. Ni tampoco es esta su primera redención de lo que pasó aquel día. Aquel primer alivio se produjo solo un año más tarde, en 2014, cuando ascendió como una de las mayores estrellas de un Leicester que fue campeón y que batió la marca de los cien puntos en una temporada, uno de los cinco equipos en conseguirlo en toda la historia de la segunda división inglesa. Habían llegado a la Premier League y el primer mes en la élite fue fulgurante para ellos, con victorias sonadas como el 5-3 ante el Manchester United. Pero, sorprendentemente, no tardaron en diluirse hasta acabar anclados a una última posición que parecían predestinados a ocupar hasta el último día. Y esa mala racha se cobró sus víctimas. Knockaert fue uno de los principales señalados. Jugó tan sólo nueve partidos en toda la temporada y ninguno después de enero. A pesar de que mantiene que su relación con Nigel Pearson, el entrenador entonces, era buena, su estela cayó en desgracia. Pearson no le consideró lo suficientemente apto para seguir siendo uno de los líderes del equipo, ahora en la élite. Ese sería su final en Leicester. Aunque él no se arrepiente de que así fuera.

Uno de los motivos puede que se empezase a fraguar meses antes del ascenso, cuando el equipo fichó a otro talentoso extremo que responde al nombre de Riyad Mahrez. Él y Knockaert formaron un dúo temible en el ascenso, pero acabaron descubriendo que la posición idónea para ambos era la banda derecha. Knockaert perdió la partida y sin esperanzas de que Pearson volviese a confiar en él tras conseguir el equipo, sin su participación activa, una milagrosa salvación. Rechazó un nuevo contrato por cuatro temporadas que le ofreció el club e hizo las maletas. Porque hay que recordar que cuando él toma esa decisión todavía no se había producido el famoso incidente en Tailandia que le costó el puesto a Nigel Pearson. Quién sabe si con Claudio Ranieri hubiese sido otra historia. Quién sabe si hubiesen ganado la liga con Knockaert. Y la realidad es que jamás lo sabremos. Knockaert se marchó a un sitio que nadie podía imaginar. Su infructuosa temporada en la Premier League con el Leicester se devaluase hasta tocar mínimos. Sin embargo, sorprendió que nadie en Inglaterra se acordase de sus magníficos dos primeros años en el país e intentase hacerse con sus servicios.

Con tan sólo 24 años y una cicatriz en su currículum, se marchó al Standard de Lieja belga. Tres años después de abandonar el Guingamp francés, regresaba al continente con la clara misión de recordar a todo el mundo lo bueno que era. Porque Knockaert seguía siendo aquel pequeño extremo habilidoso que maravilló en sus inicios en Leicester, aunque pocos lo recordaran. Arrasó a quien se le puso por delante en Bélgica y en enero estaba de vuelta en Inglaterra. El Brighton se anticipó a la ola de equipos que le tenían subrayado en rojo en su agenda y logró ficharle. Un Brighton que estaba sumergido en una temporada sensacional. Sin Knockaert habían logrado llegar invictos hasta la 22ª jornada de la temporada. Con él esperaban sellar ese ascenso. No obstante, y a pesar del sensacional desempeño del futbolista francés, no lo lograron. Se quedaron a las puertas con un empate en Middlesbrough. Y días después otra vez, cayendo fundidos en Sheffield; y teniendo una montaña demasiado grande que escalar en el partido de vuelta de esa semifinal del play-off contra el Wednesday. Se convirtieron en el equipo que más puntos (88) había sumado jamás en segunda división sin coronarse con el ascenso directo. Tampoco lo hicieron a través del play-off. Pero muchos eran conscientes de que aquello no era más que el principio. En Brighton estaba pasando algo especial.

En verano, a Knockaert y al resto del equipo se le sumaron dos piezas que resultarían claves: el central Shane Duffy y el goleador Glenn Murray. Éste último se ha convertido en el mayor de los complementos ofensivos para el exjugador del Leicester. Desde el principio se situaron a la cabeza en Championship y nadie les ha bajado de ahí. Eran demasiado buenos para que nadie les bajara. El equipo y Knockaert lograron sobreponerse hasta al fallecimiento de su padre, una nueva tragedia familiar para el francés. Tras debutar con el primer equipo del Guingamp se enteró de que había fallecido su hermano. Este pasado mes de noviembre también dejó este mundo la persona que se lo comunicó: su padre. Knockaert se perdió por ello el partido del Brighton contra el Bristol City. Pero aún sin él, ganaron, y todo el equipo le dedicó la victoria. La cohesión de los jugadores como grupo humano quedó de manifiesto nuevamente cuando el equipo al completo acompañó a Knockaert al funeral.

Sobre el terreno de juego, nada ni nadie ha podido con ellos. Knockaert, con su el rostro de su padre ahora tatuado en su pectoral izquierdo, ha firmado exibiciones una detrás de otra siendo parte de un conjunto de fubolistas que siempre le ha acompañado. El equipo ha encadenado partidos memorables hasta que el ascenso se convirtió en realidad. "El pequeño mago francés" es el apodo del jugador más especial que quizás haya visto Brighton. Liderados por él, nombrado mejor jugador de la liga (15 goles y 8 asistencias en 43 partidos), nunca han estado tan preparados para alzarse con ese ascenso que ya es suyo. Knockaert es uno de los mejores jugadores que jamás han jugado en la segunda división de Inglaterra y la próxima temporada llega la gran oportunidad del Brighton y de Knockaert en la Premier League. Lo han perseguido durante mucho tiempo y ya está aquí. La celebración fue épica, a la altura de lo que habían conseguido. Knockaert liderando la fiesta, camiseta ausente y llevando a cabo un selfie colosal. Después del partido, él y sus compañeros fueron coreados por los aficionados del equipo en el tren al que se subieron hacia el centro de la ciudad. En Brighton está pasando algo especial con un equipo que está dejando huella y con un Knockaert que al fin sonríe.

Knockaert se toma un selfie con Jiri Skalak en el AMEX Stadium tras sellar el ascenso a la Premier League (Dan Istitene/Getty Images).
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