El pinchazo del Leicester y los dolores de cabeza del pasado
A principio de temporada, quedar 5° era un resultado magnífico para el Leicester. Después de 38 jornadas, puede llegar a ser decepcionante. Y hay 3 partidos en el comienzo de la competición que adelantaron lo que estaba por venir con la pandemia.
James Maddison. / Leicester City

 

Hay cosas que, cuando se observan con perspectiva, cambian drásticamente nuestra percepción de las cosas. El futuro, nuestro presente, nos permite entender las incidencias reales del pasado, nuestro otro presente. Lo que parece importante se diluye por el camino, y lo que resulta una nimiedad imperceptible por el ojo común, se convierte en una astilla que se clava en las terminaciones nerviosas y mortifica sin parar. Caminar, incluso si se hace sobre los más suaves materiales del mundo, se torna en una experiencia desperdiciada por esa pequeña molestia que ha crecido hasta hacer imposible el continuar con tus objetivos. Y en ningún lugar se conoce mejor este sentimiento que en Leicester

Si el fútbol no se hubiese visto interferido por una pandemia mundial, si hubiese visto como seguía su curso establecido, hay muchas cosas que no habríamos podido ver, o que ya habrían acontecido. El Manchester United liderado -dominando- por Pogba y Fernandes, no existiría. El Liverpool habría tenido una impresionante celebración en Anfield con su gente en las gradas, a la altura de lo logrado. Los Three Lions no podrían haber contado con su mejor jugador -Harry Kane- en la Eurocopoa. Y el Leicester sería ya equipo de Champions League. Tendría un caché de Champions League. 

El pasado, y todo lo que habiera sucedido en el fondo del baúl de los recuerdos, sería olvidado como una molesta y perturbadora pesadilla. Pero no es así. El Leicester ha sufrido mucho tras la cuarentena, y han perdido el lugar que supuestamente les pertenecía. La mayor razón de esto es, por supuesto, el parón y su posterior momento de forma. Han conseguido 9 puntos de 27 posibles, mientras el Manchester United y el Chelsea, respectivamente, se han ido a 21 y a 18. Y no sorprende que los Red Devils y los Blues hayan acabando superando a los Foxes, robándole su sitio en la próxima Champions. Antes de la cuarentena, los de Brendan Rodgers estaban 5 puntos por encima de los londinenses y 8 por encima de los de Manchester. Es más, estaban a más distancia de la Europa League que del segundo puesto del Manchester City. 

Pero quedarse en este razonamiento, utilizar simplemente el mal momento de forma post-confinamiento, con sus graves dificultades para generar goles, ocasiones o incluso defender ante equipos, en teoría, inferiores, es no indagar más allá. Se debe coger asiento en el Delorean, y viajar a las primeras jornadas del campeonato. Cuando el Leicester empató dos encuentros, perdió otro, y ya dejó muestras de lo que le acabaría costando la clasificación a la Champions. Revisar esos errores que, en cualquier otra situación, no tendrían mucha importancia. Pero que han alcanzado una relevancia que debe ser estudiada. 

En el primer partido del curso, el Leicester recibía a los Wolves, en un encuentro que prometía emoción a raudales. Y acabó siendo todo lo contrario. Entre los dos equipos sumaron un total de 3 disparos a puerta. Ya fue muy preocupante la efectividad del Leicester, que colocó entre los tres palos un lanzamiento de los 17 que intentó. La friolera de un 6%. Además, tuvo el 69% de la posesión, 12 córners, y aún así, más del 80% de sus disparos vinieron de fuera del área. En cambio, los Wolves únicamente intentaron un 38% de sus tiros desde lejos. Una constante que se repetiría toda la campaña. Y que el Chelsea también tuvo ante sus ojos. 

A la semana siguiente, volvieron a empatar, esta vez 1 a 1. Y aunque se mereció más el Chelsea, pues los xG -goles esperados- del Leicester fueron de 1.3 en contra y 0.7 a favor, consiguieron sacar un empate. Pero siguió marcando un patrón. Y es que su rival se adelantó en los primeros diez minutos del partido -ya llegaremos a ello más tarde-. Volvieron a tener muy poco acierto de cara a puerta, con 4 tiros de 13. Y, una vez más, lanzaron mucho, demasiado quizá, desde lejos. Mientras el anfitrión de Stamford Bridge dividió sus intentos con un 64% de sus tiros siendo dentro del área, los visitantes lo repartieron a partes iguales, 50-50. Y no les surtió efecto. 

Ante el Manchester United, un mes después de aquel partido ante los Wolves y con 3 victorias acumuladas entre liga y Copa, cayeron por la mínima. Con un gol de penalti en el minuto 8 de Rashford, cometido por Çağlar Söyüncü -de los más señalados tras la pandemia-, el United se adelantó. Y dándole el balón al Leicester -43 a 57% de posesión-, y dejando que el resto siguiera su camino, consiguió los 3 puntos. Los de Vardy y Maddison volvieron a fallar mucho desde lejos, logrando que solamente un 33% de sus intentos acabara en la portería, repelido. De estos tiros, el 67% fue nuevamente desde fuera del área. 

En definitiva, los problemas del Leicester City han sido eminentemente tres. Su sorprendente falta de concentración en el comienzo y final de los partidos. Tal y como lo certifica que hayan recibido gol en los 10 primeros y/o últimos minutos de los partidos en 10 de los 20 partidos en que han empatado o perdido. La cantidad de veces que disparan tratando de encontrar la portería rival sin éxito. Y lo lejos que lo hacen. Y James Maddison -al que le encanta intentarlo desde la distancia- es uno de los causantes de esto. Pues nadie duda de que sea un jugador fantástico, pero tampoco se pueden negar sus defectos sin pulir. 

Y es que ante Wolves, Chelsea y United, la zona que más destacó por la procedencia de los tiros, fue donde más tiempo pasó Maddison en el césped. Ante los de Nuno y los de Solskjaer, el centro del campo -aunque pueda parecer habitual- destacó por encima de lo normal con más del 60% de los tiros, cuando suele rondar el 50%. Y lo que define la incidencia del futbolista en las decisiones de su equipo, es que ante el Chelsea efectuaron el 33% de sus lanzamientos desde el flanco izquierdo. Curiosamente, donde más tiempo estuvo James Maddison. Un brillante jugador, una estrella del futuro, pero que debe arreglar algunos detalles del presente. Al igual que el Leicester debió haber hecho en su momento, pues de nada sirve lamentarse de lo ya ocurrido. Una temporada muy larga, sí, pero en la que no consiguieron parchear los pinchazos que iban sufriendo.

Comentarios
Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información