El pragmatismo de Ramsey
Alf Ramsey tardó diez años en desarrollar las innovaciones tácticas que acabarían desembocando en el campeonato del mundo de 1966. Del W-M pasó al 4-2-4 inspirado en el Brasil de 1958 y de ahí al 4-1-3-2 que le permitió hallar el equilibrio que le permitió conquistar el trofeo.

Sobre el césped de Wembley, Bobby Moore cede el recuperado trofeo Jules Rimet a Alf Ramsey, su entrenador. Este, casi avergonzado por usurpar parte del protagonismo a sus jugadores, levanta la copa un instante y se la devuelve a su capitán para que emprenda la vuelta de honor al campo. Ramsey contiene su euforia. Y no debe ser sencillo. Sabe que el proceso para acabar conquistando la Copa del Mundo comenzó antes, mucho antes. Tanto como diez años.

Agosto de 1955. Ramsey toma las riendas del Ipswich, por entonces un equipo de tercera división. En su debut, pierde por 2-0 ante el Torquay United. Aunque los resultados no tardarían en mejorar, no fue hasta diciembre de ese año cuando Ramsey efectuaría el cambio táctico que acabaría desembocando en el triunfo de Wembley.

Tres semanas antes de que Ramsey tomara las riendas del Ipswich, su predecesor, Scott Duncan, fichó al escocés Jimmy Leadbetter por 1.750 libras procedente del Brighton & Hove Albion. Leadbetter era un jugador inteligente y habilidoso pero con una carencia importante para ser un “inside forward” (los media puntas que se posicionaban por tres de los tres delanteros en el sistema WM de la época): era más lento que el “Only you” de The Platters, estrenada ese mismo año.

En los primeros cuatro meses de Ramsey, Leadbetter solo disputó un partido. Hasta que, antes de Año Nuevo, Ramsey le pidió que jugara como extremo izquierdo. El escocés se mostró debutativo. Para los cánones de la época, no era suficientemente veloz para ocupar esa posición. Pero el plan de Ramsey no era utilizarle para desbordar por banda y centrar. Era muy diferente.

Ramsey ordenó a Leadbetter que retrocediera su posición para recibir pases de la defensa. Eso generó una disyuntiva para el lateral encargado de marcarle. O bien le seguía hasta zona de nadie, muy lejos de su teórica posición defensiva, o bien le dejaba solo. En el primer caso, el delantero centro Ted Phillips dispondría de más espacio para recibir y encarar portería. En el segundo, Leadbetter dispondría de espacio necesario para recibir, girar y llevar el balón hasta la portería rival. El invento de Ramsey fue un éxito y el Ipswich logró el ascenso en 1957.

Para acabar de plasmar su plan, Ramsey fichó al delantero Ray Crawford del Portsmouth y al extremo derecho Roy Stephenson del Leicester. Con ellos, pudo alinear un 4-2-4 parecido al sistema utilizado por Brasil en 1958, con la diferencia de que en el caso del Ipswich era el extremo izquierdo Leadbetter quien retrocedía para recoger el balón de la línea defensiva. El Ipswich volvió a ascender en 1961 y, para sorpresa de propios y extraños, conquistó el título de primera división la temporada siguiente a pesar de haber invertido solo 30.000 libras en fichajes. El Tottenham se gastó 99.999 en fichar a Jimmy Greaves del AC Milan.

La temporada siguiente, sin embargo, las cosas se complicaron para Ramsey y su Ipswich. Los rivales habían tomado buena nota de los movimientos de Leadbetter. En la Charity Shield, Bill Nicholson, entrenador del Tottenham, ordenó a sus centrales que se encargaran de marcar a los dos delanteros mientras que los carrileros se ocupaban de los extremos. Los Spurs derrotaron al Ipswich por 5-1. Para octubre, cuando Ramsey fue nombrado seleccionador inglés, el Ipswich había ganado solo dos de sus quince partidos.

Ramsey exigió a la federación control absoluto sobre la táctica. Hasta entonces, un panel de expertos escogía la alineación y el entrenador solo se encargaba de aplicarla. Ramsey era consciente de que, bajo ese esquema, no podría innovar o experimentar nuevas soluciones. Tras un tira y afloja con los mandamases federativos, el entrenador impuso sus razones.

Alf Ramsey y su asistente Harold Shepherdson (derecha) durante una sesión de entrenamiento en 1966 (Don Morley/Allsport/Getty Images).

En mayo de 1964, Ramsey emprendió una gira por América con la selección que resultaría crucial desde el punto de vista táctico. Tras golear a Estados Unidos por 10-0 en Nueva York (una pequeña venganza para Ramsey, que estaba sobre el césped cuando los estadounidenses derrotaron a Inglaterra por 1-0 en el Mundial de Brasil 1950), Inglaterra jugó un cuadrangular con Brasil, Portugal y Argentina. Tras caer 5-1 ante Brasil víctimas del cansancio y empatar con Portugal, el equipo de Ramsey se enfrentó a los argentinos, a los que les bastaba un empate para proclamarse campeones. Argentina se encerró, sacrificó un centrocampista para defender con más elementos y acabó ganando 1-0 tras marcar en un contraataque. Ramsey tomó buena nota: el sistema es más importante que los jugadores.

Hasta entonces, Inglaterra había jugado un 4-2-4 abierto, con Bobby Charlton y Peter Thompson en las bandas, y Jimmy Greaves y Johnny Byrne en punta. Ninguno de los cuatro estaba acostumbrado a sacrificarse en defensa. Tampoco los medios, George Eastham (un media punta reconvertido) y Gordon Milne, eran precisamente perros de caza. Ramsey se dio cuenta de que el 4-2-4 era óptimo cuando su equipo tenía el balón pero dificultaba mucho recuperarlo cuando lo perdía.

Aquí es donde entra en acción Nobby Stiles. Ramsey identificó al sacrificado centrocampista del Manchester United como el hombre idóneo para equilibrar el equipo. El problema es que su inclusión trasladaba toda la carga creativa en un solo hombre, su compañero en el centro del campo. La solución se le presentó a Ramsey en un partido amistoso contra la selección inglesa sub-23  en febrero de 1965.

Ramsey introdujo a Bryan Douglas, Johnny Byrne y George Eastham en el centro del campo (seis jugadores, incluidos Moore o Thompson, no estaban disponibles por compromisos de Copa), y los mayores despedazaron a los jóvenes. Aquel día nacieron los “wingless wonders”, las maravillas sin extremos. Para Ramsey, tener dos extremos pegados en banda equivalía a defender con nueve jugadores. Y ese era un lujo que no podía permitirse en una Copa del Mundo. Así fue como dio con la solución: el 4-1-3-2.

A continuación, Ramsey se centró en encontrar a los hombres idóneos para su innovador sistema. Jack Charlton, el hermano de Bobby, entró en el eje de la defensa junto al capitán Moore. Stiles fue el encargado de proteger a la defensa desde su posición como pivote posicional. Por delante de Nobby, una línea de tres en la que los jóvenes Alan Ball (21 años) y Martin Peters (23) flanqueaban a Bobby Charlton. Y arriba, Roger Hunt y Jimmy Greaves.

El sistema probó ser un éxito. La victoria contra Argentina en cuartos de final por 1-0 fue la prueba palpable de que Ramsey había aprendido la lección dos años antes. En semifinales, Stiles fue clave para frenar a Eusebio, la indudable estrella portuguesa. En la final, la libertad de los tres interiores para avanzar fue decisiva. Peters marcó el segundo gol inglés mientras que Ball centró el balón para el polémico 3-2 de Hurst (sustituto del lesionado Greaves a partir de cuartos de final) en la prórroga.

Ramsey era un tipo pragmático. En el eterno debate futbolístico entre estética y resultados, Ramsey jamás escondió su bando. “Me pagan para ganar partidos, eso es todo”, afirmó en una ocasión. Cuando dejó de ganarlos, su posición se volvió insostenible. Como el periodista escocés Hugh McIlvanney escribió tras la derrota por 1-3 ante Alemania Occidental en 1972, “el fútbol timorato y aburrido era apenas soportable cuando propiciaba victorias, ahora que provoca derrotas solo puede haber una consecuencia”. Esa fue el despido de Ramsey tras no lograr clasificar a la selección para el Mundial de 1974. 

El 4-2-4 de Alemania Occidental contra el 4-1-3-2 de Inglaterra en la final del Mundial 66.
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