El segundo mejor de segunda
No te dejes engañar por este titular. A pesar de que pueda insinuar lo contrario, no se trata de un “segundón”. El jugador del que vamos a hablar a continuación es muy, muy bueno. Su nombre es Conor Hourihane y lleva cuatro temporadas consecutivas siendo el mejor jugador de su equipo y uno de los mejores de la liga. Ahora le ficha el Aston Villa para situarle como un pilar del proyecto.

Anthony Knockaert es la única razón que separa a Conor Hourihane del estatus de mejor jugador del año en segunda división. Llevo días meditando cómo decir que Hourihane me parece un jugadorazo desde hace más de cuatro años sin sonar demasiado ventajista. Hace más de cuatro años, cuando jugaba en cuarta división, no tenía la certeza de que se convertiría en un futbolista que podría jugar en un equipo de media tabla de la Premier League. Empecé a verle jugar cuando llegó al Plymouth en cuarta. No creo que dejé constancia entonces de lo bueno que me parecía pero sí en su siguiente equipo: el Barnsley. Le incluí en sus dos temporadas con ellos en tercera división en el once ideal de la liga (y probablemente lo vuelva a hacer en esta). El proceso para regresar al lugar de donde procedía continuaba. Porque ya había estado en la Premier League.

Pero Hourihane no estaba preparado. Ascendió en las categorías inferiores del Sunderland. Tenía todo el potencial del mundo pero no era su momento. El Sunderland, aun así, era consciente de su potencial y quiso renovarle. Pero él decidió fichar en 2010, con 19 años, por el equipo al que entrenaba un compatriota suyo, uno de sus ídolos: Roy Keane. El equipo era el Ipswich Town de segunda división. Sin embargo, seguía sin ser el momento para Hourihane. Él mismo reconoció después que no estaba preparado. Keane, además, fue despedido por el Ipswich meses más tarde. Y Hourihane acabó saliendo cuando finalizó su contrato en verano de 2012. Tampoco quien estaba al cargo en ese momento, Paul Jewell, valoró su potencial, no para ser necesariamente una estrella, pero sí para mejorar a un Ipswich deplorable en los primeros meses de esa primera campaña sin Hourihane. Él tomó entonces la que a posteriori ha demostrado ser la mejor decisión posible: fichar por el Plymouth Argyle de cuarta división. Un club que se estaba recuperando de una hecatombe financiera y deportiva que les mandó en solo dos años de segunda a cuarta.

Hourihane con el Plymouth en un duelo de Copa ante el Port Vale (Matt Cardy/Getty Images).

Era una oportunidad de oro, ya que las expectativas no eran altas, aquello era un solar sobre el que reconstruir. Hourihane fue el pilar. El faro que guio la reconstrucción. Se hizo con la titularidad desde el primer momento y entonces fue cuando yo empecé a verle jugar. Era claramente mejor que el resto. Sin embargo, cuando eres medio centro, como es su caso, no es igual de sencillo que tu inmensamente superior calidad sea tan visible como cuando eres un delantero, en cuyo caso tus cifras pueden ser lo suficientemente altas como para que no sea necesario mirar más allá. Con Hourihane muchas veces tenías que ver los partidos enteros. Pero te dabas cuenta de que era muy bueno. Pasó dos años con el Plymouth y en el segundo llegaron a rozar el play-off de ascenso. Habían renacido. Pero entonces llamó a la puerta alguien que se había fijado en Hourihane. El Plymouth no había logrado subir a una categoría, tercera, adonde sí acababa de caer el Barnsley. Un Barnsley que, en menor medida, necesitaba lo mismo que necesitaba el Plymouth dos años atrás: reconstruir.

Hourihane fichó por el Barnsley. Siendo ya un jugador que había reavivado y catapultado su progresión. Impactó con una fuerza atronadora y empecé a escribir un artículo sobre el tema que, por unas cosas y otras, no llegué a completar. Acababa de llegar de una división por debajo y ya era la estrella. Completó una temporada sobresaliente (13 goles y 14 asistencias en 46 partidos de liga) que no desembocó en el ascenso a segunda división porque no todo el equipo estaba preparado para conseguirlo. El Barnsley no ganó la liga, no logró el ascenso, pero se ganó ese verano el hecho de retener a Hourihane durante una temporada más. Nadie se había fijado en él o quien lo hizo desestimó su capacidad. Puede que esos últimos se sintieran reconfortados cuando el Barnsley se hundió la temporada siguiente. El equipo estaba último con la Navidad a la vuelta de la esquina. Hourihane, sin estar posiblemente a su mejor nivel posible, seguía siendo el mejor en un equipo que inexplicablemente se había sumergido en el fango. Pero tocaron fondo y resurgieron de manera absolutamente espectacular. Empezaron a ganar partidos y más partidos. Aunque perdieron a su entrenador, Lee Johnson, que se salvó por los pelos del despido previamente y que cuando empezaron a ir para arriba se fue al Bristol City de segunda.

Hourihane celebrando con el Barnsley (Clive Mason/Getty Images).

Pero Hourihane y el equipo demostraron que no le necesitaban. Siguieron ganando. Ganaron en Wembley el Football League Trophy, un torneo de Copa que hasta esta temporada sólo jugaban los equipos de tercera y cuarta división. Y sólo sería el preludio de lo que llegaría semanas después. En la última jornada se aseguraron el último puesto del play-off de ascenso. Habían generado una inercia tan brutal que se llevaron por delante al favorito para ganar el play-off en las semifinales y al segundo favorito en la final. Habían resurgido de una manera brutal desde el último puesto en diciembre hasta ascender en mayo. Y Hourihane era uno de los mayores responsables. Marcó 10 goles y dio 12 asistencias en 41 partidos de liga. Hubo más pretendientes por ficharle esta vez. Pero nadie parecía darse cuenta todavía del jugadorazo que era. Le querían el Wigan y otros equipos medios de segunda, pero no el Aston Villa o semejantes. Yo pensé en aquel momento que equipos como el Bournemouth, por ejemplo, deberían estudiar su fichaje. Nivel tenía para jugar en la Premier League. Pero nada, continuó en el Barnsley, siendo uno de los principales favoritos a bajar de nuevo a tercera.

Pero Hourihane y el Barnsley demostraron no ser flor de un día. Era una categoría superior pero les daba igual. Con un desparpajo sin igual desde el primer día empezaron a cautivar en el escalafón de plata del fútbol inglés. Y como quien no quiere la cosa se han convertido en candidatos a luchar por entrar en el play-off de ascenso a la élite. Hourihane se ha consagrado como el jugadorazo que ya era, sólo que ahora, otra vez, en un nivel superior. Sólo la presencia de un sensacional Anthony Knockaert, que es el mayor pilar sobre el que se cimienta el hasta hace poco líder de la liga, el Brighton, impide que Hourihane sea considerado, al menos por mí, como el mejor del torneo. El Barnsley se ha convertido en un equipo muy ilusionante gracias a su capitán y a otras perlas a las que había juntado. Pero, al fin y al cabo, es un club pequeño en cuanto a poder financiero en una liga llena de tiburones hambrientos por ese ascenso.

Con Hourihane ya iba a ser muy complicado entrar en el play-off, sin él casi imposible. Pero tanto para el jugador como para el club era demasiado difícil rechazar al Aston Villa, sobre todo porque él acababa contrato este verano. El Aston Villa no sólo ficha al segundo mejor futbolista de la liga esta temporada, sino que lo hace debilitando a quien podía ser un rival directo por entrar en el play-off. De quien también ha fichado a su lateral derecho titular, el prometedor James Bree, de 19 años. Hourihane ha logrado en lo que llevamos de temporada marcar 6 goles y dar 12 asistencias en 27 partidos ligueros. Ha atacado y defendido como el que más en un equipo en el que es difícil comprender realmente el brutal punto de influencia que tenía. El equipo se sostenía sobre un jugador insaciablemente tenaz, que baja a defender y sube a atacar abarcando mucho terreno, que tiene un gran manejo del esférico, una buena capacidad de organización y de recuperación, una notable creatividad y un sensacional golpeo de balón. El Aston Villa y su entrenador Steve Bruce saben que fichan a alguien excepcional. Que puede que no tenga unas dotes técnicas de otro mundo y que quizás tenga características parecidas a las de muchos. Pero la clave y lo que le diferencia del resto es que él lo hace mejor. Y el Aston Villa, lo sabe.

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