El síndrome de la codicia
Muchos son los aficionados que están decepcionados con su equipo en este inicio de temporada. Los aficionados de The Hawthorns con el West Bromwich Albion, los del Liverpool con la falta de fichajes en Anfield Road, los del Manchester United con la derrota en el derbi y los del Stoke City por el nefasto inicio de campaña. Una dosis de realidad no viene mal.

Llega una etapa en la vida en la que los seres humanos solemos acomodarnos. Perdemos nuestras ganas de mejorar, de aprender, de invertir en nosotros mismos. De ser mejores. No salimos de nuestra zona de confort, no nos esforzamos al máximo, ni vivimos con toda la intensidad y energía que podemos. Nos relajamos.

Ante esa falta de ambición y determinación, buscamos el progreso en otros ámbitos contextuales de nuestras vidas. Si las condiciones sociales mejoraran, yo tampoco tendría que tener el deseo de prosperar. Aunque sea a baja escala, mi situación a nivel de entorno mejoraría sin un perfeccionamiento propio. En caso de educar a mis hijos con esmero en las tareas domésticas, menos quehaceres tendré que realizar yo en el hogar. Y así con tantas otras cosas.

También nos pasa con nuestro equipo de fútbol. Si mi club me proporciona los niveles de felicidad que yo deseo semanalmente con un buen resultado (o un buen fútbol) cada sábado o domingo, probablemente no tenga que molestarme en buscar la satisfacción en otras aficiones que generan menos catarsis emocional y sensación de viveza.

Así están varios de los equipos de la Premier League. El West Bromwich Albion es un ejemplo claro. Los aficionados de The Hawthorns han protestado en las últimas semanas de manera vehemente contra el estilo ideado por su entrenador, Tony Pulis. Parece ser que, en West Midlands, aparte de voltear el resultado del Remain (liderado por Londres) a favor del Brexit, creen que tienen equipo para entrar en puestos europeos. O igual quedar en novena posición en vez de en la decimotercera llena sus egos cuán morfina para el periodo veraniego. Sinceramente, es ridículo. Los Baggies tienen plantilla para poco más que la salvación. Y parece que se han olvidado de ello. Pulis cumple con creces las expectativas de la entidad.

El problema reside aquí. El deseo de mejora para un club siempre es positivo. Y es racional el afán por seguir creciendo como entidad. Pero ante tal panorama, en diez o quince años, todos los equipos deberían ser campeones de liga según las inconformistas perspectivas de los fans. Es necesario ser realista y valorar los logros conseguidos año tras año.

Ejemplo claro de este sinsentido es el Swansea. Ascendió a la Premier League y fue mejorando paulatina e imparablemente. Se despidió a Garry Monk la pasada temporada siendo uno de los técnicos más prometedores de toda Inglaterra y conociendo la casa de los Cisnes. El equipo galés parecía haberse obnubilado con la idea de que su sitio está en la mitad superior de la tabla. Cuando por plantilla nunca ha sido su deber ni su emplazamiento.

Igual está el Liverpool. Lamentándose por la pasada final perdida de la Europa League y desolado por no poseer un lateral izquierdo de garantías en vez de congratularse por la remodelación de Anfield Road y la aquiescencia de Jurgen Klopp a la hora de firmar por el equipo de Merseyside la temporada pasada. El gigante alemán es uno de los grandes entrenadores del panorama europeo y firmó por un equipo que lleva sin ganar la liga inglesa más de veinte años. Hace falta distancia para tener perspectiva.

El Stoke City siempre empieza mal las temporadas. El pasado curso no consiguió vencer hasta la sexta jornada. Y no vendría mal recordar por Stoke-on-Trent que Jack Butland es medio equipo de los Potters. En Staffordshire parecen haber olvidado que hace  no tanto eran felices en el ventoso Staffordshire con salvar la categoría. Hay equipo para más, claro. Pero el contexto es delicado sin el capitán y líder de los Stokies. Llegarán tiempos mejores.

Más de lo mismo en el Manchester United. Tras la significativa derrota en el derbi frente al Manchester City y la ulterior caída en Rotterdam ante el Feyenoord, los aficionados empiezan a recelar de las capacidades de José Mourinho. Las temporadas duran treinta y ocho jornadas de liga y estamos en la sexta. Las notas finales llegan en junio y no en diciembre. Apenas ha habido exámenes parciales.

A pesar de ser un fútbol festivo y de divertimento para el aficionado, también impera en el fútbol inglés un escepticismo poco realista y bastante exasperante para cualquier observador ajeno a cualquier equipo de la Premier League. Conviene hacer un replanteamiento y una autocrítica para los malos momentos y situarse en el panorama actual. Para volar primero hay que correr. Y para correr primero hay que andar. Y algunos quieren volar sin empezar a andar. No quieren salir de su zona de confort. 

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