El Tottenham o cómo vencer sin convencer
Los Spurs caminan por la competición abrazados a una filosofía pragmática y dentro de una espiral negativa: lesiones, el nuevo White Hart Lane, ausencia de fichajes…

Suele decirse de manera coloquial que a falta de pan buenas son tortas. Un refrán que extrapolado al fútbol y aplicado al Tottenham bien podría ser algo así como a falta de brillo buenos son resultados. Sepa el lector de antemano que esto no es un artículo para tirar por tierra la temporada de los Spurs en noviembre, sino una reflexión para tratar de entender su extraña trayectoria, marcada por diversos factores que analizaremos en las siguientes líneas. Hay que decirlo, el conjunto de Londres genera dudas, no juega demasiado bien, le cuesta un mundo generar oportunidades (que se lo digan a Harry Kane) y desespera por momentos. Sin embargo, los guarismos dicen lo contrario. Los de Mauricio Pochettino son quintos clasificados, a tan solo cinco puntos del co-liderato que comparten Manchester City y Liverpool, con 26 puntos de 30 posibles.

Antes de la derrota de este pasado lunes ante los Citizens – en el patatal que la NFL ha creado en Wembley- por 0-1, gracias a un tempranero gol de un enchufado Riyad Mahrez, el Tottenham había logrado enlazar cuatro victorias consecutivas en la competición doméstica: West Ham, Huddersfield, Brighton y Cardiff City fueron sus víctimas. Cierto es que no hablamos de equipos punteros, pero igual de verdad es que en la Premier League nadie regala nada. Todos estos encuentros tuvieron una tónica similar: dominio de las ocasiones de los Spurs pero muy poca efectividad de cara a puerta. Algo que se acaba traduciendo en triunfos no exentos de sufrimiento.  Ante los de Pep Guardiola demostraron que son una escuadra sólida, que apenas encaja (8 goles en 10 partidos) y que sabe jugar ante los grandes, pero carente de pólvora. Solo así se explica que haya pinchado en los dos enfrentamientos contra rivales directos: City y Liverpool.

Si en la liga la situación no es dramática para el Tottenham, en la Champions League es todo lo contrario. Como viene sucediendo en los últimos años, la famosa banda sonora de la competición europea amilana a los londinenses, lejos de estimularles. Echémosle un cable y digamos que comparten grupo con el Barcelona y el Inter, pero su bagaje tras tres jornadas disputadas es muy pobre porque todavía no han saboreado las mieles de la victoria. Un empate y dos derrotas que les dejan muy tocados anímicamente, con un solo punto logrado, y con la clasificación convertida en quimera. Jugar la Europa League (que no ganarla) es un botín que a priori debería considerarse como insuficiente para una entidad de este calibre.

Claves para entender la depresión del Tottenham

Toda vez que hemos contextualizado el momento actual de los Spurs toca buscar respuestas que hagan comprender por qué no terminan de carburar. Y es que todo pasa por algo. Por ejemplo, porque el líder del equipo –Kane-  solo ha conseguido ver puerta en 7 ocasiones de las 13 que se ha colocado la casaca (entre liga y Champions). Un registro que está lejos de los términos goleadores propios de uno de los mejores nueve del mundo. Que mal nos has acostumbrado, Harry. En su favor hay que decir que en ocasiones acaba los partidos convertido en un islote devorado por los centrales, y no será porque no lo intenta. Harto de que no le lleguen balones en condiciones, el disciplinado jugador británico acostumbra a bajar hasta medio campo para ofrecer soluciones a sus compañeros.

La ausencia de buenos balones al delantero nos sirve para enlazar con la siguiente clave: el mal momento de los pasadores. Algo que es consecuencia directa de las inoportunas lesiones que han sufrido hombres claves del esquema de Mauricio Pochettino como Christian Eriksen o Dele Alli. Cualquier equipo del mundo se resentiría de la ausencia de dos futbolistas con tantísimo talento en sus botas. El caso del danés preocupa más porque no termina de sentir buenas sensaciones. No está para 90 minutos, cuando juega no es el de antaño y la culpa la tiene una lesión en su abdomen que hizo temer lo peor. De hecho, su seleccionador, Age Hareide, puso a todos con el corazón en un puño al explicar la dolencia de su jugador estrella: “Christian sufre una lesión en los músculos abdominales y el Tottenham ha intentado decirnos que se trata de un problema a largo plazo. Este tipo de lesiones pueden convertirse en crónicas y creo que es lo que ellos también se temen”. Sea como fuere, parece que el talentoso centrocampista está recuperando el tono poco a poco, lo mismo que Dele, quien por cierto ha renovado este martes su contrato con la entidad hasta 2024, con un sueldo que ronda las 150.000 libras semanales.

Otro punto a tener en cuenta es la frustración que está generando a directiva, entrenador, jugadores y aficionados la demora para trasladarse al nuevo White Hart Lane. El nuevo templo Spur debería haber estado listo el pasado 15 de septiembre para enfrentarse al Liverpool, en cambio, no será hasta el 13 de enero de 2019 cuando puedan debutar allí, en una jornada que se medirán al Manchester United. La fortísima apuesta que el Tottenham ha hecho en su flamante estadio está terminando con la paciencia de todos. El tabloide ‘Mirror’ publicaba recientemente que el club ha tenido que pedir 237 millones de libras extra para terminar el campo, es decir, estamos hablando de una inversión astronómica cercana a los 637 millones.

Hablamos de unas cifras considerables y que podrían llegar a justificar la decisión de los mandatarios de no fichar en el pasado mercado de traspasos de verano. Daniel Levy entendió que el bolsillo no estaba para demasiados gastos. La ausencia de refuerzos es otro de los puntos discordantes de un equipo que camina sobre la delgada línea que separa éxito de trabajo. Pochettino ha conseguido mantener al bloque y retener a sus jugadores claves, pero seguro que no le habría hecho ascos a un par de futbolistas que complementasen la plantilla, sobre todo tras la plaga de lesiones que les ha asolado. En definitiva, están los que son y son los que están, los mismos que tienen que dar el salto cualitativo a un equipo que –de momento- vence, pero no convence. 

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