En lugar de criticar, deberíamos aprender del Colonia
Más de 20.000 aficionados del Colonia tomaron el Emirates con motivo del partido de su equipo ante el Arsenal. En lugar de criticarles, la Premier League podría aprender alguna lección de ellos.

La prensa inglesa, tan reticente a criticar los excesos propios como a denostar los ajenos, se apresuró este jueves a culpar a los aficionados del Colonia de los desórdenes producidos en el Emirates antes del partido de Europa League entre su equipo y el Arsenal.

Lo cierto es que, a pesar del comportamiento incívico de algunos aficionados aislados, amplificado en las redes sociales como suele suceder en estos casos, la noche transcurrió sin incidentes a pesar de los agoreros presagios de algunos observadores. Aunque el Arsenal solo proporcionó 2900 entradas a los aficionados rivales, más de 20.000 hinchas del Colonia se presentaron en Londres para ver a su equipo. La amplia mayoría adquirió entradas a través de la web del Arsenal como si fueran aficionados de los Gunners y la consecuencia fue que el Emirates pareció este jueves un estadio de la Bundesliga. Y nos permitió comprobar lo que nos estamos perdiendo.

Pero antes de entrar en eso, conviene explicar de dónde viene el Colonia. La ciudad, la cuarta más grande del país y la más poblada del estado de Renania del Norte-Westfalia, está loca por el fútbol. Por eso, cuando en 2011 el equipo descendió a segunda división, la ciudad se sumió en la decepción. A pesar de eso, más de 40.000 aficionados de media siguieron acudiendo cada semana al RheinEnergieStadion, hasta que en 2014 el equipo recuperó su lugar en la primera división. La visita a un grande europeo como el Arsenal representaba para estos aficionados el final de un arduo camino. Para ellos era como una final de Copa. En Londres, contra el Arsenal, en un majestuoso escenario como el Emirates… Los aficionados del Colonia hicieron locuras para estar ahí, desde ataviarse con camisetas del Arsenal para poder acceder al estadio (el Arsenal advirtió que no dejaría entrar a aficionados rivales en las zonas locales) hasta colocarse un salvapantallas con el escudo del Arsenal en el móvil para poderlo mostrar a los agentes de seguridad en caso de duda.

Dentro del estadio, la presencia de aficionados del Colonia fue mayoritaria. Coparon todos los rincones del estadio y se mezclaron con los aficionados locales. No se produjeron incidentes porque, a diferencia de lo que ocurre en la Premier League, donde existe una férrea segregación de aficiones, en la Bundesliga es común que las aficiones estén juntas. Pero esa lección de convivencia pacífica no fue ni la única ni la más importante de la noche.

Desde hace más de una década, los estadios de la Premier League padecen una acusada gentrificación. Este término originario del inglés se utiliza para describir la transformación de un área urbana deteriorada tradicional y normalmente obrera en una zona ocupada por clases sociales con mayor capacidad económica. El efecto más perverso de la gentrificación es que los nuevos ocupantes de esa zona echan a los antiguos habitantes a través del aumento de los precios del alquiler. Exactamente eso es lo que ha sucedido en los estadios de la Premier League con efectos igualmente perversos.

El fútbol es un deporte históricamente ligado a las clases obreras. Su popularización a finales del siglo XVIII está unido a que las fábricas dieron descanso a sus empleados el fin de semana, lo que les permitió gozar de tiempo libre para poder acudir a los estadios. Y esa unión entre clase obrera y fútbol se ha mantenido durante más de un siglo. Pero con el advenimiento de la Premier League y, sobre todo, la transformación de la imagen del fútbol de un deporte de bárbaros en un deporte aceptado para las clases pudientes, arrancó el proceso de gentrificación en los estadios. En este sentido, el papel de la selección inglesa en el Mundial de 1990 y la publicación de “Fever pitch” de Nick Hornby fueron eventos trascendentales.

Las entradas para los partidos de la Premier League han subido exponencialmente durante este siglo hasta alcanzar cotas tan elevadas que el fútbol de primera división en Inglaterra se ha convertido en un entretenimiento de lujo. Hoy, ver un partido de la Premier League es más caro que ver una obra de teatro en el West End londinense.

Eso ha provocado que el perfil del aficionado presente en las gradas haya cambiado drásticamente. Cada vez hay menos jóvenes y menos representantes de las clases obreras. Eso ha provocado indefectiblemente que la atmósfera en los estadios se resienta. El silencio se ha adueñado de los estadios ingleses, al menos en la élite. Hace un par de años, el Manchester United encargó un estudio sobre la acústica de Old Trafford para tratar de mejorar el ambiente. Los aficionados suelen mofarse del Arsenal por la falta de ambiente en el Emirates. Y podríamos seguir citando ejemplos.

Por eso es refrescante ver a todos esos aficionados alemanes darle vida al Emirates. Pasar noventa minutos de pie, cantando, animando, celebrando. Su equipo perdió 3-1 pero el ambiente fue electrizante. En lugar de denostar su actitud, deberíamos aprender de ellos. La Premier League es la liga más popular del mundo. Es un entretenimiento bien diseñado, seguro, espectacular. Pero en cuestión de ambiente en los estadios, podría aprender una o dos cosas de los equipos de la Bundesliga.

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