Entre la belleza y la salvación
¿Puede un equipo que lucha por la permanencia permitirse jugar bonito? El debate está encima de la mesa y los Cottagers son el ejemplo más reciente.

El Fulham FC juega como nunca y pierde como siempre. Una frase que en Craven Cottage parecen haber asimilado como si de un estigma se tratase. Y es que al sudoeste de Londres las aguas bajan un tanto revueltas tras la contundente derrota por 4-2 ante el Cardiff City. Un pinchazo que supuso la caída a posiciones de descenso al equipo de Slaviša Jokanović, en detrimento del conjunto de Gales. Transcurridas nueve jornadas, se podría decir que es lo más cerca que han estado de tocar fondo porque a, a priori, no es un puesto acorde para el recién ascendido de las cinco grandes ligas que más dinero ha gastado este año en refuerzos.

Las dudas han llegado a orillas del Támesis y han reabierto el debate sobre si el juego vistoso que propone el técnico serbio es efectivo para lograr los objetivos del club. Nadie desconfía de que el Fulham es uno de esos equipos que gusta (y mucho) por su buen trato de balón, su alto dominio del esférico y la gran cantidad de ocasiones que genera, pero menos certezas hay acerca de si es lo que verdaderamente necesitan. De hecho, hay ocasiones en las que se ha comparado a los de Hammersmith con el mismísimo City de Pep Guardiola o con el FC Barcelona, al que por cierto ha superado en guarismos en algún que otro encuentro.

Para entender la fuente de inspiración de Jokanovic basta con leer sus palabras cuando le preguntan por su espejo balompédico: "Radomir Antic es una persona muy importante para mí porque era mi vecino en Madrid y en su casa pasé un montón de días. También fue ‘mi entrenador’. Teníamos muchas charlas de fútbol, conversando, y todas las personas saben que entrenó al Real Madrid, Barça y Atlético, algo que nunca nadie ha hecho”. Unas declaraciones que dan habida cuenta de la gran influencia que ejerce su compatriota en su manera de entender este deporte.

Se hace complicado ser demasiado crítico y duro con el entrenador responsable de devolver al Fulham a la élite del balompié británico, pero hay determinados sectores de la afición, así como algunos tabloides, que sugieren la posibilidad de un cambio de estilo. ¿Deben los Cottagers apostar por un juego algo menos coral, pero quizás más práctico, en detrimento de un fútbol más vistoso? La pregunta está en las calles londinenses y es la misma que años atrás se hicieron otros equipos. ¿El fin justifica los medios? La historia reciente ha dejado más ejemplos de que un buen trato de balón no siempre está reñido con el éxito.

Si se hace el ejercicio de retrotraerse unos cuantos años atrás, hay conjuntos británicos que han sufrido un síndrome parecido. El Wigan comenzó a desplegar en 2010 un juego absolutamente brillante de la mano del español Roberto Martínez. ‘Bob’ siempre ha creído en ese juego de asociación, pese a que actualmente en Bélgica prefiere aprovechar la tremenda velocidad al espacio de los Eden Hazard, Dries Mertens y compañía. Los Latics entraron dentro del top ten de equipos con más posesión, pero no terminaron de familiarizarse con este concepto y consumaron su descenso de categoría en 2013.

La traición se paga

No es que nos pongamos dramáticos ni hiperbolicemos, es una realidad. La historia nos ha demostrado que cuando los equipos acuciados por la necesidad cambian su manera de jugar, acaban por traicionarse a sí mismos y obtienen el final que querrían haber evitado a toda costa: el descenso de categoría. Le pasó al propio Fulham en 2012, entrenado por Mark Hughes. Otro caso es el del Swansea. Los ‘cisnes’ mordieron el duro polvo de regresar a la Championship este mismo año tras renunciar al estilo asociativo-ofensivo y después de varios años luchando por implantarlo. Southampton o Blackpool pueden decir lo mismo. La renuncia a un ideario futbolístico determinado acarrea un descenso. ¿Estamos ante una tendencia en este sentido?

Mucha posesión y remate pero poco resultado

De vuelta a la idiosincrasia actual del Fulham, conviene mencionar su momento de mayor lucidez el pasado 26 de agosto ante el Burnley. Aquel partido finalizó con un 4-2, con doblete de Aleksandar Mitrovic, otro gol de Andrè Schürrle y la portación del todoterreno Jean Michaël Seri. Precisamente, los tres únicos hombres de toda la plantilla que han visto puerta esta campaña y también llamados a ser líderes de un proyecto que vive sus horas más bajas. Fueron cuatro pero pudieron ser al menos el doble porque los Cottagers dispararon 25 veces, doce de ellas a puerta, acaparando hasta un 64% de posesión.  

No corren buenos tiempos, pero la cara de la moneda la tienen en la Capital One Cup, donde siguen vivos y con la mirada en la próxima semana, cuando pasarán un durísimo examen ante el Manchester City en el Etihad. Seguro que el partido no llega en el mejor momento para el Fulham, pero también se presenta como una oportunidad para todos de reivindicarse: la plantilla podría justificar las altas expectativas que despertaron en verano, cuando el dueño de la entidad, el empresario paquistaní Shahid Khan destinó 109 millones en fichajes. “Somos un club ambicioso”, decía el mandatario. Unas palabras que a punto de finalizar octubre no se han visto aún reflejadas en el verde y que se podrían explicar con el desacierto en las dos áreas. La zaga del Fulham está lejos de ser una de las más sólidas del campeonato y eso se traduce en ser la más goleada, con 25 tantos encajados en 9 jornadas.

El diario ‘Mirror’ ha apuntado en las últimas fechas que la directiva del Fulham le ha dado un ultimátum a Jokanovic, extensible a los dos próximos partidos de Premier League. El primero, a todas luces vital ante el Bournemouth en su estadio y con el aliento de los 25.000 espectadores que abarrotarán las gradas de uno de los campos con más encanto y mística de Inglaterra; el segundo, ante el correoso Huddersfield, rival directo por la salvación. La pelota está en el tejado del técnico, pero también de esos 11 jugadores que tan buen trato le dan. ¿Habrá reacción en Craven Cottage este sábado o incurrirán en esa peligrosa tendencia de cambiar de estilo?

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