Fàbregas se reencuentra a sí mismo
El centrocampista catalán selló un récord individual en la victoria ante el Middlesbrough. De esos que quedan registrados en tinta indeleble en los libros. Llega en el mejor momento para él: es la guinda del pastel que supone su particular remontada.

El récord de asistencias en una temporada de Premier League lo ostenta Thierry Henry con 20. A un pase de gol se quedó Cesc Fàbregas en su temporada de debut en el Chelsea. Dos años después, rompe un récord que llega en el momento justo, un golpe sobre la mesa, una reivindicación de su resurgir.

Conseguir 10 o más asistencias en Premier League a lo largo de seis temporadas quizás no sea solo cuestión de excesiva genialidad sino de continuidad, de persistencia: no es una tarea fácil, ni rápida. Y de no ser por la lesión de ligamentos sufrida en la temporada 2008-09, probablemente hablaríamos de siete temporadas llegando a la decena de asistencias.

Sobre el rendimiento de los Blues desde la llegada de Antonio Conte ya hemos escrito largo y tendido en esta casa y N'Golo Kanté cubre hasta nuestros artículos, pero desde que publicásemos hace dos años un anuncio de búsqueda en Youtube, no hemos vuelto a dedicarle nada más en profundidad al de Arenys del Mar. Pero la situación vuelve a requerir análisis.

En su regreso a Inglaterra allá por 2014 mostró un nivel de maestro, de director de orquesta. Pero en la segunda vuelta de esa meteórica temporada 2014-15, la metáfora perfecta para describir a Cesc pudo ser la de un azucarillo que se deshace en el café: de la misma manera desapareció el mediocentro catalán.

Llegó la trigésimo quinta jornada y el Chelsea se proclamó campeón dejando sensaciones cada vez más amargas. Fàbregas se quedó sin ideas y el equipo sin rumbo, a la deriva, como un barco sin timonel. Las consecuencias fueron patentes después de que las nubes del éxito se disipasen: el Chelsea fue una mala sombra durante la temporada 2015-16. La única palabra válida es mediocre.

En este marco llegó Antonio Conte: con un Chelsea desorientado y a medio gas, guiado de forma errática. Meses después fue N'Golo Kanté quien hizo las maletas hacia Stamford Bridge. Cesc Fàbregas empezó la temporada siendo protagonista de hipotéticos traspasos y la escasa participación en las combinaciones de Conte no hizo sino alimentar los rumores.

Una lesión en el muslo lo apartó del equipo durante un mes entre octubre y noviembre, coincidiendo con el éxito del 3-4-3 de Conte, quedando relegado a partidos con el equipo sub-23 para recuperar la forma. El 3 de diciembre firmó su regreso al once titular ante el Manchester City, logrando una asistencia para Diego Costa. Ello le otorgó un voto de confianza del técnico italiano y pudo acumular otras tres titularidades y dos entradas desde el banquillo en el mes de diciembre, tradicionalmente agotador.

Su desempeño, de tres asistencias y un gol, no consiguió desestabilizar la sólida dupla formada por Nemanja Matic y N'Golo Kanté, volviendo a aparecer su nombre en las portadas de los periódicos durante el mercado invernal. No obstante, pisar el césped en todos los partidos que el Chelsea ha disputado desde su regreso en diciembre era un indicador de que había esperanzas y Fàbregas no tiró la toalla, le introdujesen en el mediocentro o como extremo.

El despliegue de habilidades en su siguiente titularidad a finales de febrero terminó de convencer a Antonio Conte: un gol y una asistencia ante el Swansea certificaron que la calidad no e había movido de lugar y la consecuencia han sido cinco titularidades en los dos últimos meses. Hasta en la inesperada derrota contra el Crystal Palace pudo mostrar su manejo del balón.

Hay un matiz que escapa a lo expuesto hasta ahora, y es que esta nueva dinámica puede beneficiar no sólo al equipo, sino al propio Fàbregas: entrar como suplente y disputar menos minutos han permitido a Cesc generar unas cifras globales peores, pero engañosas: son mucho mejores si las miramos por cada 90 minutos de juego. Un menor esfuerzo físico acumulado ha permitido al 4 del Chelsea estar más fresco, física y mentalmente. Puede ser más agresivo en defensa y correr más sobre el campo.

En el reciente partido contra el Middlesbrough pudimos ver la mejor versión de Cesc Fàbregas, la de un pasador imaginativo, hábil y cómplice de cualquier atacante. Un par de asistencias para Diego Costa y Nemanja Matic le sirvieron para batir el récord ya mencionado.

En su actuación destacaron dos de sus facetas características como son el toque rápido en corto y los pases largos al espacio. Jugando como pivote derecho, se pudo ver una lluvia de balones que tenían como destino la espalda de la defensa, buscando la banda izquierda en la mayoría de ocasiones. Allí aparecían tanto Marcos Alonso como Diego Costa al dejarse caer al costado.

No renunció a regalar pases cuando más tarde volvió a ocupar la posición de extremo, como había sucedido antes esta misma temporada. Al restar menos metros hasta la portería, menor es el espacio, y los balones a la espalda de la defensa más complicados. El recurso para Fàbregas en este caso es la compenetración con sus compañeros, pases rápidos, precisos, en el momento exacto, como en su asistencia a Nemanja Matic.

Tanto los balones a la espalda de la defensa (especialmente en espacios reducidos) como los pases rápidos requieren una elevada sincronización entre asistente y receptor, a fin de evitar el fuera de juego o la pérdida del balón. Muchas veces no hay tiempo para armar el disparo o controlar el balón con tranquilidad por parte del receptor. Ello nos lleva a analizar quiénes han sido los receptores preferidos en sus tres años en el Chelsea.

 
 

Diego Costa encabeza la clasificación. El mejor aliado posible para Cesc es un jugador con olfato de gol y un rápido control. Estas cualidades las tiene también Eden Hazard, que cuando no caía hacia posiciones de segundo delantero recibió numerosas asistencias de Fàbregas.

También genera muchas ocasiones para jugadores como John Terry y Gary Cahill, grandes cabeceadores de libres directos o saques de esquina, así como Pedro y Willian, hábiles extremos con buen golpeo.

En definitiva, Cesc vuelve a ser el de antes, si no mejor, y aún le queda para rato. Una máquina precisa de generar ocasiones de gol. Igual por accidente, pero Fàbregas y Conte han encontrado la respuesta a una ecuación complicada de identificar, forjando una relación cada vez más estrecha. ¿El premio? Algo que ningún otro jugador del Chelsea puede aportar.

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