Fàbregas y el cambio en la política de fichajes del Arsenal
Los equipos que formaba Arsene Wenger en Highbury estaban construidos alrededor del poderío y la fuerza de sus centrocampistas. Sin embargo, desde el triunfo de Cesc Fàbregas, todo parece haber cambiado. Y Arsène ya no echa la vista atrás para revertir el cambio.

Proclamada como una de las proezas más grandes en el fútbol inglés, Arsène Wenger construyó en la temporada 2003/04 The Invincibles y ensalzó a los gunners como un equipo de sólida organización, fuerza en el centro del campo y, sobre todo, una inquebrantable mentalidad ganadora con líderes como Jens Lehman, Tony Adams, Patrick Vieira o Thierry Henry.

Justo un año después de aquella gesta, un joven centrocampista español llegó al primer equipo. Cesc Fàbregas debutó con el Arsenal en octubre de 2003 con solo dieciséis años en un partido de Copa de la Liga ante el Rotherham. Aunque no disputó ni un partido de liga durante la temporada de los invencibles, el curso siguiente ya jugó en la Community Shield contra el Manchester United. Poco después, la lesión del todoterreno Patrick Vieira le abrió las puertas de la titularidad y le permitió terminar de pavimentar su camino hacia el once inicial de Wenger.

A pesar de su excelente rendimiento durante sus siete temporadas con el primer equipo del Arsenal, Fàbregas plantó, a su pesar, una semilla envenenada que ha provocado más de una década de fracasos en la política de fichajes del club. Sería mezquino por mi parte darle todo el crédito de una década pobre en talento, tanto desarrollado dentro del club como fichado del exterior. Sin embargo, su inclusión en el equipo supuso un cambio que, tras siete temporadas desde su marcha, sigue teniendo consecuencias.

Jugadores como el ya mencionado Vieira, Emmanuel Petit o Gilberto Silva llegaron a formar un centro del campo cuya presencia ya ganaba partidos. Y esta era la piedra angular del gran reinado de Wenger. Ese en el que competía por todos los títulos. Vieira era un potentísimo centrocampista de larga zancada que no se arrugaba ni siquiera ante los tipos más duros de la Premier League, como su larga enemistad con Roy Keane demuestra. Silva era quizás el centrocampista brasileño menos brasileño de la historia. Contundente, agresivo, de trato de balón apenas correcto, Silva era disciplinado y fue un escudo infranqueable frente a la defensa. A pesar del éxito de este centro del campo físico y rocoso, un pequeño y talentoso centrocampista consiguió meterse en el equipo hasta llegar a ser capitán.

Las maravillosas actuaciones de Fàbregas consiguieron que el entrenador cambiara de parecer en cuanto a la confección de su medular. Wenger perdió el interés en los centrocampistas físicos, ese tipo de jugador que tanto éxito le trajo a finales de los noventa y principios de siglo, sino que comenzó a buscar medios con más juego de pies, con más control del balón. Una actitud, de hecho, replicada en menor medida por su archienemigo Sir Alex Ferguson, que pasó de medios como Roy Keane, Nicky Butt o Paul Scholes a otros como Juan Sebastián Verón o Michael Carrick.

A medida que los años pasaron y la competitividad del Arsenal fue retrocediendo en todos, o prácticamente todos, los frentes, los nuevos fichajes tenían una característica común: la técnica como su mayor virtud. Llegaron al Emirates futbolistas como Andrey Arshavin, Thomas Rosicky, Samir Nasri, Alexander Hleb, Santi Cazorla… Y la lista podría continuar. La única rara avis fue Abou Diaby, un jugador en quien Wenger siempre mantuvo la fe a pesar de las continuas lesiones que acabaron con su carrera en el Arsenal.

En contraposición con el testarudo Wenger, sus rivales tomaron nota de sus éxitos pasados y construyeron sus equipos alrededor del poderío y la fuerza. Se centraron en un mediocampo diseñado para robar el balón. El Manchester City de Roberto Mancini fue campeón con Gareth Barry y Yaya Touré en la medular, y Nigel de Jong como recambio. Y existen ejemplos más recientes, como la medular del Chelsea formada por Tiémoué Bakayoko y N'Golo Kanté, o la del Tottenham con Victor Wanyama y Eric Dier, un central reconvertido en centrocampista.

Sin embargo, ¿es el francés el único al que echarle la culpa? Por supuesto que no. Las actuaciones de Fàbregas fueron fundamentales para alcanzar la final de la Champions League de 2006 y los puestos que dan acceso a Champions League año tras año. Un logro que adquirió todavía más mérito tras la marcha de Thierry Henry en 2007.

A pesar de todo, Wenger ha hecho un esfuerzo para llenar esta vacante en la medular. El primero en llegar al primer equipo fue Francis Coquelin pero el francés aún dista mucho de ser el soldado para su centro del campo que la afición lleva años implorando. Después llegarían otros como el egipcio Mohamed Elneny y, en menor medida, Granit Xhaka. Es como si Wenger quisiera corregir años de falta de músculo en la medular coleccionando centrocampistas de choque.

Es cierto que el club se ha encontrado con restricciones financieras a causa de la construcción del Emirates y los contratos firmados a largo plazo para financiarla, con lo que las opciones para fichar grandes talentos podrían haber quedado mermadas. Pero es muy probable que el éxito de Fàbregas le convenciera acerca de ese cambio de estilo. “Ya no necesito gigantes que mediante la fuerza reduzcan al rival, sino jugadores rápidos de pies”, debió pensar el técnico alsaciano, en línea con el ejemplo del Barça de Pep Guardiola.

Lo curioso del caso es que, en los últimos tiempos, Wenger se ha pasado al extremo opuesto. En la plantilla actual sobran los centrocampistas de músculo y falta un perfil como el de Fàbregas. Ante la ausencia perenne de Santi Cazorla, Aaron Ramsey es la única opción para darle sentido a la medular del Arsenal. Lo único que permanece inalterable es el desequilibrio de una plantilla que parece encaminarse a una nueva decepción.

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