Glenn Murray, del cabo del miedo a la Premier League
Con tres goles en las dos últimas jornadas de Premier League, Glenn Murray se ha convertido en uno de los hombres del momento a sus 34 años. Un nómada del fútbol que por fin goza de su oportunidad tras años de arduo trabajo.

Cape Fear es una región costera de Carolina del Norte que, sin embargo, es más famosa por el cine que por sus bondades turísticas. En 1962, Robert Mitchum y Gregory Peck protagonizaron la película del mismo título (traducida como “El cabo del miedo” en España) que sería posteriormente reversionada en 1992 con Robert De Niro y Nick Nolte en los papeles protagonistas. Es precisamente en este rincón de Estados Unidos donde Glenn Murray emprendió su largo y arduo periplo.

Nacido en Maryport, una pequeña localidad de Cumbria, al norte de Inglaterra, Murray probó fortuna siendo adolescente en el Carlisle, el club profesional más cercano a su lugar de origen, pero fue rechazado. Así que dio con sus huesos en los Workington Reds, un club aficionado donde sus sueños de convertirse en futbolista profesional parecieron desvanecerse. Sin embargo, el azar se alió con Murray.

En Cumbria, el jugador conoció a Jimmy Irving, que dirigía un equipo local. Resultó que el hermano de Irving, David, un exjugador del Everton en la década de los 70, estaba dirigiendo un equipo en la United Soccer League, el segundo escalafón del fútbol norteamericano por debajo de la MLS. Así que Jimmy le sugirió a Murray que probara fortuna en Estados Unidos junto a su hermano. “Estaba trabajando como albañil poniendo yeso, así que, en términos futbolísticos, no me fui para salvar mi carrera porque no tenía ninguna carrera que rescatar”, recuerda Murray. Fue así como el inglés acabó en los Wilmington Hammerheads, en la ciudad más poblada de la región de Cape Fear.

Tuve que escoger entre quedarme en casa y pasar mis días trabajando en algo que no me gustaba o hacer las maletas y probar suerte”, afirma Murray. “No tenía nada que perder y resultó ser una forma excelente de crecer, aprender sobre la vida y aprender sobre el fútbol”. Murray disfrutó de su estancia en el “cabo del miedo”. Junto a Murray, David Irving se trajo a otros futbolistas ingleses. Todos ellos compartían el mismo piso y la misma rutina: levantarse temprano para entrenar hasta que el calor era asfixiante y pasar las tardes en la playa.

La experiencia americana no hizo otra cosa que alimentar la ambición de Murray de triunfar en el fútbol profesional inglés. Su oportunidad llegó cuando el Sunderland viajó a Estados Unidos de gira de pretemporada y Murray fue elegido para formar parte del equipo de estrellas de la liga que iba a enfrentarse a los Black Cats, entonces en segunda división. Murray anotó dos goles y el entrenador Mick McCarthy le invitó a volver a Inglaterra para realizar una prueba.

Aunque la cosa no salió bien, Mick me preguntó a si podía llamar a alguien para encontrarme equipo y le dije que me encantaría tener otra oportunidad en el Carlisle”, recuerda Murray. “Estaban interesados pero no me dijeron nada en más de dos meses. Estaba fuera de forma y comenzaba a desesperarme cuando de repente llamaron para jugar un partido con los reservas al día siguiente. Pensé que las iba a pasar canutas pero por suerte marqué y el entrenador, Paul Simpson, me dio una oportunidad”.

Llegó al Carlisle a mitad de la temporada 2004-05 pero rápidamente se hizo un hueco en el equipo y acabó logrando el ascenso a League Two, la primera categoría profesional del fútbol inglés. El año siguiente siguió siendo importante y colaboró en el segundo ascenso consecutivo del club. Sin embargo, tras un solo partido en League One, fue cedido de nuevo a League Two, primero al Stockport County y posteriormente al Rochdale, que acabaría fichándole de forma permanente. Sus buenas actuaciones en el equipo de la zona metropolitana de Mánchester despertaron el interés del Brighton & Hove Albion, que le dio la oportunidad en League One que el Carlisle le había negado.

Su crecimiento en la costa sur fue exponencial. Hasta explotar definitivamente en la temporada 2010-11, en que sus 22 goles fueron fundamentales para que el Brighton de Gus Poyet finalizara la temporada en primera posición y sellara su ascenso a Championship. Y, sin embargo, Murray no se quedó para celebrarlo. Una vez acabado su contrato, hizo las maletas para irse, nada menos que al Crystal Palace, el acérrimo rival del Brighton. Gus Poyet decidió que la prioridad del club era el fichaje de Craig Mackail-Smith, no retener a Murray. “Solo he cambiado de club cuando no me han querido. La experiencia me ha enseñado que, cuando tu tiempo se ha acabado, te tienes que ir”.

El azar quiso que el 27 de septiembre de aquel año, el Crystal Palace visitara al Brighton en su flamante nuevo estadio, el AMEX Stadium, donde todavía no conocía la derrota. Mackail-Smith adelantó a las gaviotas pero el Palace remontó con goles de Wilfried Zaha, Darren Ambrose y… Glenn Murray. La reacción de un aficionado local ante el gol, inmortalizada en un vídeo de YouTube, convirtió a Murray en una leyenda del Palace de la noche a la mañana y, de paso, le dio un apodo: Glenn “For fuck’s sake” Murray.

Tras marcar solo seis goles en su primera temporada con el Palace en Championship, Murray volvió a superarse. Sus 30 goles en liga permitieron al Palace acceder al play-off de ascenso. Su rival en semifinales, como no podía ser de otro modo, fue el Brighton. Una eliminatoria agridulce para Murray. Aunque el Palace accedió a la final, en el partido de ida en Selhurst Park, Murray sufrió una grave lesión de rodilla que le mantuvo ocho meses fuera de los terrenos de juego. El Palace venció en la final al Watford por 1-0 y accedió a la Premier League pero Murray tuvo que verlo por televisión mientras se recuperaba de su grave lesión.

Cuando volvió, en febrero de 2014, el equipo estaba luchando por la salvación bajo la batuta de Tony Pulis y Murray sufrió para acomodarse en el equipo. Así que la temporada siguiente fue cedido al Reading de segunda división hasta final de año. Cuando Alan Pardew tomó las riendas del Palace en enero de 2015, lo primero que hizo fue recuperar a Murray para la causa. Su respuesta fueron siete goles en los doce partidos de liga que jugó entre febrero y mayo. Murray demostró al mundo, pero sobre todo a sí mismo, que tenía la calidad para jugar en la Premier League.

Tras una infructuosa cesión al Bournemouth en 2015-16 (solo tres goles en liga más otros dos en las copas domésticas), el Palace le cedió al Brighton, lo cual suponía regresar a segunda división y dar un nuevo paso atrás en su carrera, como ya le había sucedido con el Carlisle. Cinco años después de abandonar la costa sur por la puerta de atrás, Murray regresó a las gaviotas. A pesar de sus temores iniciales, el tiempo había borrado el rencor por su marcha al eterno rival entre los aficionados, que le recibieron de nuevo con los brazos abiertos.

En Brighton, a diferencia de Bournemouth, encontró un equipo confeccionado a su imagen y semejanza. “Necesito jugadores que me suministren balones”, reconoce. “Nunca seré uno de esos jugadores que se va de tres defensas y la clava por la escuadra desde 30 metros, ese no soy yo”. En Brighton halló esas condiciones y sus 23 goles fueron determinantes para lograr el ascenso la temporada pasada.

A sus 34 años, Murray ha logrado cinco ascensos (a todas las categorías profesionales inglesas: a League Two y League One con el Carlisle, a Championship y Premier League con el Brighton, y también a Premier con el Palace). Ha marcado goles en las seis primeras divisiones del fútbol inglés. Y espera seguir haciéndolo en Premier League, como hizo por partida doble ante el West Ham hace dos semanas y como hizo ante el Southampton la pasada. En el partido contra los Hammers, Murray se exhibió ante casi 57.000 espectadores. Lejos quedan los tiempos en que jugaba ante 3500 en Carolina del Norte. El camino ha sido largo. Pero la recompensa ha sido proporcional.

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