Guardiola tiene un nuevo guante
Al Manchester City le faltaba un mediocentro para completar su plantilla y a Guardiola un pivote que fuese su extensión en el terreno de juego. Y, por suerte, ambas partes ya tienen lo que necesitaban: Rodrigo Hernández es el nuevo jugador del City.
La visera de la gorra protege los ojos de los rayos de sol, en unas infinitas e irregulares llanuras donde solo se escucha un viento caluroso y el silencio es ensordecedor. Pep Guardiola tiende a refugiarse en el golf para desconectar de su vida como entrenador, para olvidar la rutina. Unas deportivas, unos pantalones ajustados y un polo de color claro para celebrar la llegada del verano. Y la gorra, claro. En la mano izquierda, un impoluto guante blanco nuevo. Para domar la distancia con un driver o la puntilla final con un putter. Para el desplazamiento en largo y también en corto, Guardiola tiene en su nuevo guante a Rodrigo Hernández.
 
A priori, parece un movimiento de mercado impecable. No entra en ninguna previsión duda alguna sobre la relación entre el nuevo fichaje y el Manchester City. Solo sorprende que la figura de un mediocentro haya llegado, debido a las exigencias de Guardiola, tan tarde. Sin embargo, Fernandinho le permitió a los Cityzen un par de veranos para pensar qué futbolista se adaptaba más a la idea del entrenador. En las dos primeras temporadas del técnico en el club ya se preveían bastantes cambios. Pero Fernandinho se negó a abandonar y terminó convirtiéndose en el termómetro del equipo. No llegó al extremo de tener el peso estructural del binomio Jorginho-Maurizio Sarri, pero cuando el mediocentro ha estado bien, su entorno lo ha notado. Y cuando no, también. 
 
Hace no muchos años, el Manchester City se presentaba por la Premier League con el dúo Fernando-Fernandinho. Nos dijeron que el bueno, como pasa siempre, era el que terminaba en inho. Un inho pinta mucho mejor que un nombre cualquiera, aunque no le hayamos visto jugar en la vida, seguro que tiene algo especial. Cuando Guardiola llegó al City le ofrecieron una tabula rasa para construir a su gusto. Plano de arquitecto en una mano y un lápiz en la otra, dibujó el equipo que quería. Desde los porteros hasta los extremos, pasando por los centrales o los interiores. Pero nunca fichó a un mediocentro, una posición clave para desarrollar su plan de juego.
 
El entrenador catalán se encontró una plantilla que necesitaba un cambio generacional. Lejos quedan aquellos laterales que se alternaban los partidos de Premier y Champions League. Ni rastro ya de Pablo Zabaleta, Bacary Sagna, Gael Clichy o Aleksander Kolarov. A base de talonario, pero con una clara directriz, la plantilla ganó en calidad y juventud. También se prolonga con Rodrigo. El mediocentro era un golfista entre jugadores de rugby. El Atlético de Madrid del Cholo Simeone siempre destacó por la naturalidad con la que grandes jugadores bajaban al barro y peleaban de tú a tú: tanto futbolistas que lo llevaban en la sangre, los Diego Godín o Diego Costa, como jugadores más finos -casi contraculturales pero incluso sucedáneos-, como Antoine Griezmann, Koke Resurrección o Saúl Ñíguez. Rodrigo pertenecía, sin duda alguna, al segundo grupo. 
Rodri en su presentación con el Manchester City (LINDSEY PARNABY/AFP/Getty Images).
Guardiola ha ido variando el rol de varios jugadores para potenciar su capacidad y su relación con el juego, cambios que pueden entenderse como evoluciones. Kevin De Bruyne fue uno de los casos más evidentes la temporada 2017/18. De ser un jugador de tendencias cercanas al área rival, pasó a ser un constructor del juego, cerca de Fernandinho, en la base de la jugada. Caso opuesto al de David Silva, que se acercó al balcón del área para ser cómplice del último pase. Durante el último año, el apogeo futbolístico de Bernardo Silva le permitió a Guardiola observar nuevos horizontes. Jugó enganchado a la banda para tirar diagonales, como ya lo hizo en Mónaco. Pero también en posiciones interiores. Y en todas estuvo magnífico. No obstante, Rodri no debería alejarse demasiado de lo que es hoy día: un magnífico mediocentro creador. El clásico pivote, capaz de desenvolverse en el paradigma Cityzen. El cuerpo técnico Skyblue solo tenía ojos para el ex del Atleti cuando Jorginho decidió seguir a su mentor a Londres.
 
Rodri es el futbolista ideal para ajustarse y mandar en la Premier League. Ese líder silencioso que no solo toma la decisión acertada, sino la mejor. Sin embargo, uno de los aspectos que hace más peculiares a la competición británica es la dificultad de adaptarse a su ecosistema. Sin balón, el mediocentro se encontrará ante situaciones menos controladas que en La Liga. Un ritmo distinto, las famosas segundas jugadas que mataron al Manchester City en el primer año de Guardiola, matices diferentes. Aun con los laterales jugando por dentro para cerrar heridas que aún no se han producido. El fútbol no es una ciencia exacta. Que le pregunten a Fabinho cómo pasó los primeros meses en Anfield. Con balón, sin embargo, Rodri será un valor añadido constante.
 
La camiseta por dentro del pantalón, con un 16 a la espalda que un día lució un tal Sergio Busquets. Rodri ahora jugará entre golfistas: Polos color pastel, pantalones largos impecables, sin arrugas, una gorra para observar hacia delante. Entre la élite, no para mezclarse sino para destacar. El círculo es perfecto y el Manchester City se hace todavía más temible. Guardiola ya tiene nuevo guante.
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