Harry Kane y su fabuloso don de la oportunidad
El capitán de Inglaterra mete en la Final Four de la Nations League a su selección con un gol agónico ante la combativa Croacia y tras siete partidos sin ver puerta.

Había muchas escopetas cargadas, metafóricamente hablando, preparadas para fusilar a la Inglaterra de Gareth Southgate, pero su selección ha vuelto a demostrar que sigue quemando etapas en su crecimiento y que quiere ser uno de los combinados a tener en cuenta de cara a las futuras citas en el horizonte. Necesitaban ganar a Croacia en el último partido de la Uefa Nations League para lograr su clasificación a la Final Four, y lo hicieron (2-1), pero no exentos de sufrimiento y lejos de hacer un encuentro brillante. Un gol de Harry Kane (el primero en esta competición) en las postrimerías del choque hizo posible el objetivo británico.

Gareth Southgate dispuso un dibujo esperado: Jordan Pickford; Kyle Walker, John Stones, Joe Gomez, Ben Chilwell; Eric Dier, Fabian Delph, Ross Barkley; Marcus Rashford, Raheem Sterling y Harry Kane. Un once que garantizaba físico, velocidad y creación, aunque la última se quedó olvidada en el vestuario. Barkley tenía la responsabilidad de llevar la manija en el centro del campo y por sus botas debía haber pasado la combinación y mejores jugadas, pero no fue así. Menos mal que donde no llegó la habilidad creadora del jugador del Chelsea sí que lo hicieron Sterling y Rashford. En realidad, ambos llegan a donde nadie más puede. Su velocidad al espacio fue un continuo quebradero de cabeza para los croatas y tuvieron a Luka Modric más pendiente de achicar agua que de elaborar fútbol, algo que refleja a la perfección el sufrimiento del cuadro ajerezado en la primera media hora de partido.

Los Three Lions arrancaron con una puesta en escena muy prometedora, las mejores ocasiones eran para ellos y pasaban por las botas de sus dos hombres de banda. Arrancadas explosivas, movimientos verticales que rompían líneas defensivas, un Kane que una vez más flotaba entre sus marcadores y se asociaba de espaldas para favorecer las carreras al espacio de Rashford y del ‘ratoncito’ Sterling. Así llegaron tres ocasiones desaprovechadas por los ingleses y bien desbaratadas por Nikola Kalinic. Inglaterra dominaba pero no lo materializaba y Wembley suspiraba porque no lo acabasen pagando. Los de Zlatko Dalić respiraron a partir del minuto 30, cuando pudieron tener más el balón, si bien es cierto que en este sentido acusaron mucho la baja de Ivan Rakitic. Al descanso se llegó con 0-0 y  con todo por decidir.

Las siete vidas de Croacia

La segunda mitad empezó como la primera. Inglaterra carecía de elaboración, Delph y Barkley estaban apagados y Rashford se echó el equipo a la espalda con arrancadas que a veces eran una quimera. El jugador del United lo intentó mucho, pero no siempre bien; con él siempre queda la duda de hasta cuándo va a ser proyecto de futuro para convertirse en realidad. Quizá deba tomar mejores decisiones y también mejorar su eficacia de cara a puerta.

Las buenas sensaciones duraron once minutos, los mismos que tardó Croacia en volver a demostrarle al mundo su capacidad innata para sobrevivir en el alambre. Un balón suelto en el corazón del área llegó a los pies de Andrej Kamaric, que, tras tres recortes y una pasividad pasmosa de los centrales ingleses, alojó el balón en el interior de la portería. 0-1 e Inglaterra a remar una vez más. Dicen que lo poco es mucho y el caso de los balcánicos es un buen ejemplo.

Tras el tanto croata, los de Southgate entraron en una especie de colapso mezclado con impotencia. El técnico buscó la solución en sus problemas dando entrada a Dele Alli en lugar del inoperante Barkley. Tampoco mejoró demasiado la elaboración y Croacia seguía haciendo daño al contraataque sin ser un conjunto con futbolistas veloces. Hacía falta algo más para conseguir esos dos tantos que dieran la clasificación y los dos últimos cartuchos agotados desde el banquillo fueron Jesse Lingard y Jadon Sancho. Sin embargo, nada mejoraba sus prestaciones.

Nunca duden de Harry Kane

Pero los clásicos nunca fallan e Inglaterra encontró el premio del 1-1 en una jugada ruda, un saque de banda largo de Joe Gomez que no acertó a despejar Tin Jedvaj y que llegó a Kane, cuyo disparo cayó rechazado en los pies de Lingard para batir a placer al portero. Era el minuto 77 y los trece minutos restantes prometían ser un correcalles. Los locales se espolearon con el aliento de Wembley y con el coraje típico. Hasta que emergió la figura del ariete del Tottenham, que merece un punto y aparte.

Kane llegaba al trascendental partido de hoy tras siete encuentros consecutivos sin perforar las redes (desde octavos de final del Mundial ante Colombia) y, aunque se pueda negar, había cierto runrún en torno a sus prestaciones en Inglaterra. En su favor hay que decir que hace un trabajo muy ingrato y que a menudo tiene que buscarse la vida él solo, pero es tan bueno que sabe hacerlo de manera brillante. El londinense aprovechó la torpeza de Croacia de regalar una falta lateral a los ingleses en los minutos finales a sabiendas del tremendo rédito que los chicos de Southgate le sacan a este tipo de jugadas. El buen centro de Chilwell desde la izquierda encontró la punta de la bota de un Kane que marcó cuando más se le necesitaba y que se sacudió la presión y las ligeras críticas que tenía encima. Inglaterra jugará la Final Four el próximo mes de junio en Portugal, con justicia o sin ella.

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