Jürgen Klopp, un tipo normal

Suenan carcajadas estridentes en la ciudad del Mersey. Proceden de Melwood, ese campo dónde entrena un equipo que quiere volver a ser grande, el Liverpool FC. Un hombre de cabello rubio, que grita instrucciones técnicas con acento alemán y con gafas dirige el entrenamiento: ni más ni menos que Jürgen Klopp. The normal one.

Por Sergio Gordillo | 26/11/2015 Jürgen Klopp
Jürgen Klopp
Para empezar, uno de los factores que diferencia al técnico Red de otros entrenadores son sin duda sus estudios y cómo aplica ese conocimiento al fútbol. Jürgen estudió Ciencias del Deporte, lo que le permitió empaparse de un modo de funcionar científico. Así, guiarse por la propia experiencia como jugador puede ser acertado en algunos momentos, pero aplicar el método científico a los entrenamientos y a la competición le permite optimizar su trabajo. Un ejemplo de dicho método puede encontrarse en la importancia que el alemán otorga al análisis de los partidos, que graba en DVD para ver en su despacho, como hacía en Dortmund. Allí, Klopp ve las jugadas una y otra vez hasta comprender por qué ese fallo defensivo condujo a un gol en contra o por qué las instrucciones tácticas dadas a un determinado jugador tuvieron éxito ante el rival.

Para Klopp, el azar es una molestia que hay que reducir al mínimo

La Footbonaut es un ejemplo del enfoque científico del alemán

Jürgen es un entrenador metódico, rozando esa obsesividad tan característica de algunos de los mejores entrenadores del mundo en la actualidad (como Pep Guardiola o Rafa Benítez), un entrenador que no apagará la televisión hasta haber comprendido cada detalle del partido hasta su mínima expresión. Esta obsesión por los aspectos más insignificantes, que bien manejada, beneficia su trabajo. ¿Por qué? Porque utiliza una forma de evaluar el rendimiento de sus jugadores objetiva. Así, sus jugadores comprenden por qué juegan o por qué no, por qué ante este rival hay que jugar de una determinada manera, o por qué en estas situaciones hay que sacar el balón con cierta rapidez. Control, control y control, todo en base a criterios objetivos. Para el alemán, el azar es una especie de molestia que hay que buscar reducir al máximo. Este empeño produce efectos psicológicos muy positivos en la plantilla, ya que sienten que el entrenador controla todas las variables que pueden llevar el equipo al éxito, las variables que les pueden hacer mejorar como jugadores y como equipo, y confían en él. Creen en él. Ciegamente. Lo cual les hace mejorar su rendimiento, porque no hay ni un atisbo de duda. Simplemente, guiándose por las instrucciones de Klopp, conseguirán sus objetivos, simplemente han de prestar atención y desarrollar con maestría las instrucciones impartidas por el director de orquesta, para componer sinfonías como la interpretada en Manchester el pasado sábado: 1-4. Ya lo dijo el alemán: “Tenemos que pasar de ser escépticos a ser creyentes”. Y las creencias, tanto de la plantilla como de la afición, comienzan a ser un faro de luz y de esperanza, que se concretan en una frase, que ya puebla pancartas de Anfield: "We believe".
Otro ejemplo del carácter científico del alemán es la Footbonaut. Jürgen Klopp entiende que en el siglo XXI el fútbol puede ser enriquecido por la tecnología y por eso en Dortmund equipó a las instalaciones de entrenamiento del Borussia con dicha máquina. La Footbonaut opera con 72 rectángulos que se iluminan para indicar al jugador hacia dónde tiene que dirigir el balón. Con ella se pueden entrenar pases, tiros… Y dicha máquina mide las distintas variables involucradas en el gesto técnico: velocidad de reacción, porcentaje de aciertos, etc. Además, se puede grabar la sesión de entrenamiento. Por tanto, con la Footbonaut estamos aplicando una evaluación objetiva del rendimiento al entrenamiento, motivando al jugador con los datos objetivos hacia la superación a sí mismo y haciendo dinámicos en cierto modo los entrenamientos de ensayo repetitivo, es decir, aquellos dirigidos a perfeccionar conductas ya aprendidas (por ejemplo, pases con el exterior, tiros etc.). De nuevo, control, control y control. Nada queda al azar.

Por otro lado, la filosofía de Klopp facilita este alto rendimiento de sus jugadores. Ya lo dijo nada más llegar a Liverpool: “Quiero ver diversión en los ojos de mis jugadores. Deseo que abran su pecho, corran, y luchen y chuten. Que defiendan juntos y ataquen juntos como en su mejor sueño”. Es relevante que en ningún momento dijera que quería ganar títulos. Que jamás se los marcase como meta. Klopp entiende que el éxito o el fracaso simplemente son dos impostores a los que hay que tratar con indiferencia, como decía el escritor británico Rudyard Kipling. Lo importante es que Klopp sabe que hay un éxito que no engaña. Y ese éxito son las conductas sobre el campo que hacen que su equipo pueda bailar con el balón frente al rival, el aprendizaje y crecimiento de sus jugadores, sus esfuerzos para poder mantener la presión alta tan típica de los equipos del alemán. Ese es el éxito.

El objetivo no es ganar títulos. Es divertirse, aprender y crecer

Su estado de ánimo es una montaña rusa y le hace cometer errores

Porque cuando los engranajes funcionan bien, ya no hablamos de Coutinho, Lallana o Firmino, hablamos ya de un equipo. Y sólo como equipo, sólo con un crecimiento exponencial de sus jugadores y de su juego colectivo, sólo así, el Liverpool podrá este año aspirar a plazas de Champions League, sólo así el Liverpool podrá llegar algún día a reverdecer viejos laureles europeos. El técnico Red lo sabe. El éxito no radica en decir a sus jugadores: “Hay que ganar el próximo partido”. El éxito es divertirse, aprender, crecer y utilizar los partidos para progresar como equipo y como personas, para saciar el ansia competitiva que todo jugador de fútbol tiene y que la afición reclama. Los resultados están ahí, pero no son lo más importante. Klopp es muy consciente de ello. Y precisamente por eso, por haber eliminado parcialmente esa exigencia respecto a los resultados que sí tenía el Liverpool de Rodgers, su equipo comienza a carburar, sin miedo al error, en libertad, con optimismo. Así, este es otro de los aspectos que el alemán maneja con maestría.
Además, hablamos de un tipo normal. Un hombre de Stuttgart cercano, que sabe que sus jugadores han de ser amigos suyos, pero que él no puede ser su amigo. No el mejor, al menos. Un hombre bromista, que utiliza el humor para fomentar un buen clima de trabajo, lo cual a su vez facilita que mejore la cohesión grupal. Un tipo carismático, enérgico, ese hombre que podrías encontrarte cualquier noche en un pub de Liverpool viendo un partido de fútbol-y que seguramente lo haría- si no fuera un famoso entrenador del deporte rey. Un tipo que se acepta, con todo lo que ello implica. La aceptación total implica el no dejarse llevar por el miedo, el afrontar las situaciones según van surgiendo. Algo tremendamente útil, algo que transmite a sus jugadores y que sin duda ejerce efectos positivos sobre ellos. Las emociones se transmiten parcialmente. La confianza, también.
No obstante, la perfección no existe. Klopp es apasionado. Ser apasionado está muy bien. El problema es que Jürgen es demasiado apasionado. Y probablemente, eso afecte a su rendimiento como entrenador en la competición. Su estado de ánimo durante un partido es como una montaña rusa: del cabreo al éxtasis, del enfado a las celebraciones desmesuradas. Y, con mucha seguridad, eso le lleve a hacer cambios sin el debido análisis, a protestar al árbitro y a llevarse tarjetas fácilmente evitables. Sin duda, un aspecto que nuestro alemán debería mejorar si quiere dar un salto adelante como entrenador, si quiere subir otro escalón en la élite.
De forma global, no obstante, podemos observar que Klopp hace un manejo psicológico de su equipo muy inteligente. Quizás eso explique en gran medida porque otros entrenadores con conocimientos técnico-tácticos muy similares a los suyos no hayan llegado a su nivel. Podríamos decir que el técnico Red es un entrenador de la nueva escuela, de esos que aplican el método científico al fútbol, de esos que creen en la tecnología aplicada al deporte rey. Podríamos decir que es un tipo normal, ese con el que te tomarías unas cervezas en un pub, un tipo al que le gusta vivir. Quizás ahí radique la clave de su éxito.
Sergio Gordillo es Psicólogo General Sanitario y está cursando actualmente el Máster de Psicología de la Actividad Física y del Deporte por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) así como el Máster de Psicología de las Organizaciones y del Trabajo por la Universidad de Sevilla (US).
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