La cicatriz que salvó una carrera
Los errores son algo común, algo con lo que hay convivir para conseguir aprender y mejorar. Hay quienes borrarían los errores en su pasado, pero la gran mayoría prefiere no tocarlos, ya que son una muestra de cómo no hacer las cosas. Uno de los que prefiere no olvidarse de sus fallos para aprender de ellos es André Gray, actual jugador del Watford, ya que su mayor error le provocó una cicatriz que le mostró el camino a la élite.

André Gray es uno de esos jugadores a los que les llegó la fama tarde y tienen un pasado marcado por los errores. Uno de esos proyectos de futbolista que parecían destinados a vagar por las divisiones inferiores del fútbol inglés mientras se ganaba su sueldo con un trabajo ajeno a darle patadas al balón. En definitiva, una carrera similar a la de ese tipo con pinta de pandillero que juega en el Leicester y que ganó una Premier League hace un par de temporadas, pero sin un final tan dulce pese a haber llegado a la meta.

El delantero del Watford nació hace casi 27 años en Wolverhampton, ciudad que hoy celebra un ascenso tan merecido como polémico. Desde su más tierna infancia, el destino le mostró a Gray que el camino fácil no sería para él. Su madre tuvo que criarle prácticamente sola, teniendo como único apoyo paternal a su abuelo, que le animó a jugar al fútbol, viendo en él el talento necesario para llegar lejos. En ese ambiente tan difícil, el destino quiso complicar más la situación. El abuelo de Gray falleció cuando este tenía 13 años, justo cuando salió de la academia de los Wolves y parecía destinado a transitar por el fútbol aficionado.

A su mal momento en lo deportivo y lo personal se le sumó una decisión que le acabaría marcando. Gray y sus amigos se hicieron pandilleros en su adolescencia, haciendo que la dureza y el conflicto se normalizasen en la vida del actual delantero del Watford mientras intentaba seguir jugando al fútbol sin pena ni gloria como juvenil. Entonces, en la Navidad de 2011, una pelea a la salida de un bar fue el mejor regalo que podía haber recibido Gray.

Una puñalada en la cara recibida en ese altercado hizo que el inglés reflexionase al día siguiente. “Pudo ser bastante peor. Me hizo reflexionar sobre el rumbo que estaba tomando mi vida”, afirmaba Gray en una entrevista que concedió en 2015 a The Telegraph. Esa puñalada, con el tiempo, se convirtió en una gran cicatriz que acompaña al inglés desde entonces. Una marca que, al fin y al cabo, le enseñó cuales eran los errores que estaba cometiendo en su vida y cuál era el camino a seguir, el que ya le marcó su abuelo años atrás. El fútbol sería su vía de escape.

La cicatriz de Gray lleva siendo su compañera de viaje dese 2011 (Stu Forster/Getty Images).

Su nivel desde su incidente navideño aumentó exponencialmente. El Luton Town de quinta división fue el equipo que le permitió redimirse y empezar un camino hacía lo más alto del fútbol inglés. La meta era difícil, pero no imposible. Y si no, que le pregunten a ejemplos recientes como Rickie Lambert, Charlie Austin o Jamie Vardy, con el que se enfrentó cuando este jugaba en el Fleetwood Town.

El rendimiento del inglés fue en aumento, mejorando sus números y su impacto en el juego del equipo en cada temporada, consiguiendo en su último curso con el Luton Town la impresionante cifra de 30 goles y 13 asistencias en 44 partidos. En 2014, con un Gray exultante que acababa de cumplir 23 años, el Brentford se fijó en él para reforzar su delantera tras su ascenso a Championship, pagando medio millón de libras por sus servicios. El destino por fin tuvo recompensa para un Gray que ya era profesional.

Su primera temporada en Championship no dejó indiferente a nadie. El tipo de la cicatriz en la cara consiguió anotar en su año de debut 16 goles y ocho asistencias en 45 partidos. Además, a nivel colectivo, el Brentford consiguió un meritorio quinto puesto que le permitió clasificarse para los play-offs, quedándose cerca de jugarse en Wembley un ascenso que acabó consiguiendo el Norwich City.

André Gray chutando ante el Millwall en Championship (Jordan Mansfield/Getty Images).

El Burnley de Sean Dyche acababa de descender y necesitaba reforzarse para volver a la Premier League cuanto antes. La marcha de Danny Ings al Liverpool hizo que el equipo se quedase huérfano en la delantera, por lo que los Clarets decidieron que el jugador que ocuparía ese vacío en la delantera sería Gray previo pago de más de 10 millones de libras al Brentford. El inglés  venía mostrando un rendimiento ascendente en las últimas temporadas, así que rodeado de un equipo más potente no iba a ser menos.

Posiblemente, la temporada 2015/2016 fue la mejor de la carrera de Gray. Mientras que su equipo conseguía ascender a la Premier con autoridad, sus 23 goles y ocho asistencias le hicieron ser nombrado como máximo goleador de la Championship y mejor jugador de la temporada. El momento había llegado y su abuelo tenía razón. La élite del fútbol inglés le esperaba.

La temporada pasada empezó con el Burnley haciéndose fuerte en Turf Moor, consiguiendo una meritoria victoria ante el Liverpool en la que Gray fue clave, ya que anotó un gol y dio una asistencia. Cuando empezaba a darse a conocer, salieron a la luz unos tweets homofóbicos que escribió hace unos años, en su época de pandillero. Sus errores del pasado le iban a repercutir en su presente, ya que la FA le suspendió durante cuatro partidos como castigo. El tipo de la cicatriz estaba en el punto de mira y no precisamente por sus méritos futbolísticos.

Gray había nadado mucho para acabar muriendo en la orilla. Era momento de agachar la cabeza, disculparse y hacer lo mismo que le sacó del agujero años atrás: meter goles. Tras unos meses de sequía, el inglés rompió su mala racha goleadora anotando un gol en el último minuto ante el Middlesbrough y pasando a la historia del Burnley al ser el primer Claret en 40 años que anotaba un hat-trick en la Premier League.

André Gray celebrando su hat-trick ante el Sunderland (Jan Kruger/Getty Images).

El Burnley aquella temporada consiguió salvarse con cierta comodidad, gracias en parte a los buenos números de Gray en su año de debut en Premier (nueve goles y tres asistencias en 32 partidos). El Watford llamó a su puerta con un proyecto ilusionante, aterrizando así en Vicarage Road. Pese a que el equipo empezó bien con Marco Silva en el banquillo y Gray parecía que podía ser importante, el Everton se interesó en Silva, provocando que este realizase un hito sin precedentes en el fútbol. El técnico portugués se hizo la cama a sí mismo, haciendo que el equipo empezase a mostrar un mal rendimiento para que le despidiesen. Finalmente consiguió forzar su despido, dejando a los Hornets y a Gray a la deriva, estando prácticamente de vacaciones desde entonces.

Pese a que no ha jugado demasiado en los últimos meses, este delantero con la cara marcada ya ha llegado a la meta de su carrera particular. “Me arrepiento de muchas cosas que hice. Ahora soy una persona totalmente diferente”, explicaba Gray en una entrevista concedida a The Guardian en 2017. Incluso por encima de haber conseguido levantar una carrera que parecía destinada a transitar entre campos de barro los domingos, quizás este sea su mayor logro: conseguir detectar sus errores y solucionarlos antes de que fuese demasiado tarde.

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