La desconcertante situación del matrimonio Everton-Marco Silva
La sombra de la duda está sobre Marco Silva desde, incluso, la temporada pasada pero, en estas primeras jornadas de Premier League, está más oscura que nunca. ¿Puede el Everton seguir confiando en su trabajo?
Marco Silva celebrando la victoria ante el West Ham. / Getty Images

Os voy a ser sincero. Esta es la segunda vez que empiezo este artículo. Parecía buena idea hablar de Marco Silva y su futuro en el Everton este fin de semana. Todo apuntaba a que una derrota le podría alejar del banquillo de Goodison Park. Había polémica y existía la posibilidad de que su despido alimentara más mis palabras. Justo acaba de terminar el Everton-West Ham United con la merecidísima victoria local por dos goles a cero. Y, automáticamente, acabo de hacer un: “Seleccionar todo - Suprimir”. Al fin y al cabo, el caos sigue. Pero en el caos que significa el club de Liverpool y, cómo no, su actual entrenador también existen fechas como las de hoy. Así que planteemos el artículo de una forma distinta.

Marco Silva llega al Everton en 2018 después de una temporada loca en Watford. El buen inicio con los Hornets no se alargó en el tiempo, como tampoco su cargo al frente del equipo. En enero fue despedido después de una larga racha de malos resultados. Tampoco fue convincente su anterior paso por el Hull City, al cual llegó en enero estando los Tigers en descenso. Los dejó respirar durante cinco jornadas, los volvió a hundir y allí los dejó. Literalmente. Descendió con el equipo y decidió irse. Hasta el momento, su papel en el fútbol inglés no ha sido precisamente lo suficientemente relevante como para ocupar el banquillo que actualmente ocupa.

Antes de la llegada del portugués, el Everton ya tenía reservada la séptima u octava plaza de cara al final de temporada. Los Toffees eran el eterno candidato a asaltar las posiciones europeas. Esa ambición innata del club, que aspiraba a más pero que fracasaba una vez tras otra en su intento de superar objetivos, tampoco era el mejor escenario para un entrenador del perfil de Marco Silva. Pero al final, Dios los cría y ellos se juntan. Su matrimonio es como el de aquellas parejas que no entiendes como pueden aguantarse entre sí, pero que al final, de entre el caos, “triunfa” el amor.

En la 2018/2019, pese a una campaña muy irregular, solo el Wolverhampton y su excelente curso pudieron interponerse entre los Toffees y el Big-6. Esa plaza, que actualmente te lleva (tras un largo camino de previas) a Europa League, volvió a escaparse. En casa, sus rivales directos consiguieron birlarles los tres puntos. Leicester, West Ham y Wolves vencieron en Goodison Park. Pero en cambio, a domicilio sumaron tres ante los Foxes y los Hammers y uno en el Molineaux. La irregularidad y el no estar a la altura en algunos de sus partidos claves son la seña de identidad de esta unión de Marco Silva y el Everton.

El Everton de Marco Silva ha tenido la irregularidad como su mayor signo de identidad. / Getty Images
El Everton de Marco Silva ha tenido la irregularidad como su mayor signo de identidad. / Getty Images

Con un proyecto tan proclive a desestabilizarse pero, a la vez, con aspiraciones y ambiciones tan altas, compartidas por entidad y afición, es fácil que el runrún sea constante en los partidos como locales. La situación no ayuda y el conjunto de todos los factores ha propiciado un inicio de campaña alarmante. El equipo acumulaba cuatro derrotas consecutivas. Con los tres puntos conseguidos ante el West Ham, suman nueve puntos en casa. Eso sí, ante unos muy desinflados Watford y Wolves. Además, preocupantes fueron las derrotas ante el peor Manchester United de los últimos años y ante el recién ascendido Sheffield United. El empate en Selhurst Park, asimismo, significó el único punto, de doce posibles, a domicilio.

La clave de la situación ya no son los partidos o puntos que se pierden, sino contra quién y en qué contexto. En el horizonte se atisba otra irregular temporada. Ya que, partidos como la victoria de este fin de semana ante el West Ham también son propios de la simbiosis Silva-Everton. Partidos bien ejecutados que ilusionan a la afición, sorprenden a los expertos y que contrastan con otros partidos, no tan separados en el calendario. Al fin y al cabo, espejismos de buena salud en mitad del caos. El entrenador portugués ha salvado un match ball. Y quizás pueda hacerlo varias veces más pero los objetivos hacen que la realidad parezca mediocre.

Ver al Everton en descenso no se ajusta con las pretensiones del proyecto. Pero lo cierto es que, durante el eterno parón de selecciones (y más eterno lo ha tenido que ser en la parte azul de Liverpool), los Toffees han estado ahí. Y la situación no es dura solo por los resultados o por su posición en la tabla. El club, con Silva al frente, parece no tener una idea clara, un rumbo fijo y se encomienda a la inspiración de sus jugadores más importantes. Y entre ellos, no se suelen encontrar sus delanteros. Solo 8 goles a favor (con los dos conseguidos ante el West Ham), el cuarto equipo con menos tantos a favor de la Premier. Del total solo dos los ha conseguido un delantero, Dominic Calvert-Lewin.

En la previa del partido ante el West Ham, Silva se mostraba tranquilo alegando que igual que una racha de cinco victorias no le asegura una mejora de contrato, una de cinco perdidos no iba a significar su despido. La racha, por suerte para él y los aficionados Toffees, se ha roto, pero la realidad es que el Everton vive en una situación muy propia del Everton: 13ª posición, pero a tan solo tres puntos del descenso. Si bien la victoria ante los Hammers puede aliviar, la confianza hacia el entrenador portugués se ha visto mermada desde el inicio de su aventura en Goodison Park. De momento Silva sigue, así como la preocupación en el rumbo del equipo. El divorcio se aplaza pero puede que, club y entrenador, se hayan dado la última oportunidad.

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