La eterna borrachera del fútbol inglés

El fútbol inglés y el alcohol han vivido una relación de amor-odio prácticamente desde el nacimiento del primero. Tras décadas de idilio, la influencia de algunos técnicos y jugadores continentales provocó que el fútbol inglés abandonara la bebida.

Existe un viejo dicho en el fútbol inglés; existen dos tipos de futbolistas ingleses: aquellos a los que les gusta beber y los alcohólicos.
Hace algunos meses, los tabloides británicos publicaron unas fotos del jugador del Arsenal Jack Wilshere bebiendo sin control durante sus vacaciones junto a otros jugadores de la selección inglesa como James Milner y Joe Hart. Aquellas instantáneas reabieron un viejo debate que se abre periódicamente en Inglaterra: el del consumo de alcohol por parte de los futbolistas profesionales.
Hubo una época en que Andy Carroll era el futuro de Inglaterra. Antes de demostrar que representaba todo lo contrario: un delantero alto y competente en el juego aéreo que pasa más tiempo en el pub en compañía de una pinta que en un campo de entrenamiento acompañado de un balón. El propio Fabio Capello llegó a afirmar públicamente que “necesita beber menos”.
Unas declaraciones que recuerdan a las de otro extécnico inglés, Graham Taylor, pronunciadas 18 años antes sobre otro futbolista surgido de Newcastle: Paul Gascoigne. Pero aquel toque de atención no sirvió de nada y Gazza se convirtió en el estandarte del jugador inglés que echa su carrera por la borda a causa del alcohol. Detrás de él, se esconden muchos otros casos. Entre ellos, algunas leyendas de este deporte como Tony Adams, Jim Baxter, Brian Clough o George Best.
Arsène Wenger afirmó en una ocasión que si tuviera que elegir, preferiría que sus futbolistas fumaran antes que bebieran. El extécnico del Manchester City Roberto Mancini optó por otro enfoque. El italiano afirmó que prefería que sus jugadores fueran mujeriegos a que abusaran del alcohol. Mancini, que ya había pasado por la Premier League como jugador, afirmó que “sé que forma parte de la cultura inglesa beber después del partido. Cuando llegué a Leicester, íbamos directos al pub después de entrenar y bebíamos no sé cuántas cervezas”.
Cuando se aborda esta problemática suele repetirse como un mantra la frase “el alcohol forma parte de la cultura inglesa”. Y pocas cosas definen la cultura en Inglaterra como el fútbol.

A los pocos meses de vivir en Barcelona, Terry Venables mostró su extrañeza porque ninguno de los jugadores del Barcelona bebía. Cuando comenzaron a aterrizar futbolistas extranjeros en la Premier League, Harry Redknapp reconoció que le costaba relacionarse con ellos: “A muchos de ellos no les gusta el golf. No quieren ir a las carreras de caballos. No les interesan las carreras de coches. Ni siquiera beben".
El alcohol ha formado parte durante décadas de la liturgia del fútbol inglés y es parte indisociable de la historia de algunos mitos del deporte en el país. A menudo, en los pubs los aficionados recuerdan con nostalgia aquella época en que los jugadores iban directamente a jugar el sábado tras una noche entera de juerga y excesos. Las historias de George Best y Jimmy Greaves son extremadamente populares. Aunque posiblemente no lleguen al nivel de la de Brian Clough cuando invitó a todos sus jugadores a unas cervezas la noche antes de disputar una final de la Copa de la Liga.
"Gasté el 90% de mi fortuna en mujeres, alcohol y coches. El resto lo despilfarré” solía decir George Best en broma. Posiblemente ahí radique uno de los problemas de fondo. El alcohol y en concreto la cerveza no son considerados como un peligro sino como un acompañante indispensable cuando hablamos de fútbol.
Fútbol y alcohol: una relación histórica
El alcohol ya era un problema para los clubes de fútbol desde sus inicios. Clubes como el Aston Villa trataron de evitar que sus jugadores bebieran alcohol. Muchos de sus jugadores faltaban a los entrenamientos porque preferían quedarse en el pub e incluso algunos se presentaban borrachos a los partidos. William McGregor, el miembro más importante de la directiva, decidió alquilar una habitación en una cafetería y obligarles a asistir a reuniones sociales y eventos musicales cada lunes.
Arnold Hills vivió un problema similar cuando fundó Thames Ironworks en 1895. Insistió en que todos los jugadores fueran abstemios y no fumadores. Ante la imposibilidad de hacerlo, decidió multar a los jugadores que fueran sorprendidos bebiendo alcohol. El club se cambiaría el nombre en 1900 por el de West Ham United. Durante la primera época del club eran conocidos como “los abstemios”.
Herbert Chapman, el famoso técnico que transformó la historia del Arsenal, hizo lo imposible por evitar que sus jugadores fumaran o bebieran.
El consumo de alcohol en el fútbol tiene varias causas de ser. El deporte nació como un entretenimiento para los inviernos, cuando el frío arreciaba. Así que no era raro pasar una botella de whisky de mano en mano en el vestuario o beber unas cervezas al acabar el partido. Además, eran métodos de fomentar el espíritu de equipo heredados, como tantas costumbres del fútbol inglés, del ejército.
Hasta la profesionalización del fútbol inglés que arrancó en los años 90, pocos futbolistas se cuidaban. La alimentación era impropia de un deportista y muchos dedicaban sus tardes a beber como pasatiempo.
El centrocampista holandés Arnold Mühren, que jugó en el Manchester United en los años 80, explicó más tarde que todo el equipo iba al pub a comer a menudo “pero nunca vi que sirvieran comida”.
Para muchos futbolistas aficionados, el atractivo de jugar a fútbol radica a partes iguales en el fútbol propiamente y en la bebida. Una actitud que seguía predominando en el fútbol profesional en los años 90. En su autobiografía “Keeper of Dreams”, el portero alemán Lars Lesse, que jugó en el Barnsley en la Premier League, estaba alucinado de que sus compañeros pudieran beber nueve o diez pintas sin ir al baño. Eso fue hasta que vio al centrocampista Darren Sheridan arremangarse la pernera de sus shorts y orinar mientras estaba sentado en una mesa en un jardín.
Si hay alguien que sabe sobre el tema es Sir Alex Ferguson, que incluso regentó un pub llamado "Fergie’s" en Glasgow en los años 70. Para Fergie, “quizás el origen de la cultura del alcohol se debe a la procedencia de la clase trabajadora de los jugadores”.
Pero el consumo de alcohol tiene consecuencias. Al comienzo, un futbolista puede evitar que el alcohol repercuta en su juego. Siendo un deportista profesional, si es capaz de contrarrestar la deshidratación producida por el alcohol, puede mantener su consumo durante un par de años si consigue preservar sus horas de sueño. En los años 90, no era raro ver a futbolistas acudir a la banda para beber líquido tras unos minutos de juego.
Pero a largo plazo, el bebedor gana peso. Gazza constituye el mejor ejemplo. Tras algunos años abusando del alcohol, su estómago adquirió una forma inevitablemente redondeada y llegaron las lesiones: el exceso de peso le impedía evitar entradas y perdió coordinación. Muchos bebedores tienen que dejar el fútbol prematuramente.
La llegada de profesionales extranjeros contribuyó en gran medida a expulsar el alcohol del fútbol inglés. Arsène Wenger fue una figura clave. El francés aterrizó en el fútbol inglés en 1996 y trajo consigo la revolucionaria idea de que un futbolista juega mejor sobrio que borracho. Incluso logró que Adams dejara la bebida.
Cuando el Arsenal comenzó a ganar títulos, muchos clubes copiaron la idea del Arsenal de prohibir la bebida. Y a medida que el dinero comenzó a llover, los futbolistas empezaron a cuidarse para prolongar sus carreras.
Rio Ferdinand fue desconvocado de la selección inglesa tras ser condenado por conducir borracho. Antes incluso de que Wenger emprendiera su revolución en el norte de Londres, Ferguson ya había desmantelado el club del alcohol del Manchester United que su predecesor, Ron Atkinson, había tolerado.
Hoy en día, un futbolista profesional que bebe es señalado con el dedo. Cuando el defensa del Tottenham Ledley King fue arrestado totalmente ebrio fuera de una discoteca en 2009, su técnico, Harry Redknapp (el mismo que una década atrás no entendía que los extranjeros no bebieran) afirmó que “los futbolistas no deberían beber, es como poner diésel en un Ferrari”.
La realidad es que es imposible triunfar en la Premier League hoy en día con unos litros de alcohol en el organismo. Posiblemente eso sea lo que ha provocado el aumento de los escándalos relacionados con el juego o el sexo: son placeres que no dañan el organismo (normalmente).
Una práctica acotada en el espacio: los pubs
Cuando uno piensa en fútbol y alcohol, nuestra imaginación nos conduce irremediablemente hacia el pub, ese templo de la cultura británica. El pub juega un papel central de la vida inglesa desde la era preindustrial como lugar de reunión para profesionales de todos los sectores e incluso viajeros de paso. A medida que la sociedad rural se fue desvaneciendo y migrando hacia las ciudades, el pub se transformó en un oasis donde alejarse del estrés de la nueva vida urbana.
El pub siempre ha estado asociado al fútbol. Los dueños alquilaban habitaciones para que los equipos se pudieran cambiar y prestaban sus terrenos para que los equipos jugaran. Era una época en que pocas instituciones podían ofrecer “instalaciones” de este nivel.
El origen de muchos clubes ingleses está vinculado con un pub. El Chelsea se fundó en el pub The Rising Sun (actualmente transformado en el Butcher’s Hook) frente a Stamford Bridge. El Everton se trasladó a Goodison Park tras una desavenencia con su arrendador por el campo situado junto al Sandon Hotel (el arrendador luego formaría su propio equipo, el Liverpool). El Tottenham se trasladó al campo situado detrás del White Hart Inn para disfrutar de un campo más grande y aumentar los ingresos por entradas.
El pub también contribuyó decisivamente a la difusión del fútbol. Los dueños de los pubs instalaron cables telegráficos para informar sobre los partidos y fueron uno de los primeros lugares donde se vendieron las ediciones vespertinas especiales del sábado de los periódicos para informar sobre la jornada.
Cuando la tentación se lleva en la camiseta
La Watney Cup, una competición de pretemporada que se disputó en los 70 fue la primera que demostró los beneficios de asociarse con el fútbol para las marcas de alcohol. La Copa de la Liga siguió rápidamente el ejemplo convirtiéndose en la Worthington Cup. La propia Premier League estuvo patrocinada durante un tiempo por Carling. Hasta hace no mucho, la Copa de la Liga estaba patrocinada por la marca de cerveza Carling. Lo mismo puede decirse actualmente de Budweiser y la FA Cup. Durante muchos años, las camisetas del Liverpool lucieron publicidad de Carlsberg. El Tottenham había lucido anteriormente Holsten, otra marca de cerveza. El Chelsea lució Coors en su camiseta. El Leeds fue patrocinado por Whyte and Mackay, el Newcastle United por la cervecería Blue Star y el Everton por la cerveza tailandesa Chang.
Las cervecerías llegaron incluso a ofrecer trabajos a los jugadores al darse cuenta de su potencial publicitario. Terry Venables todavía regentaba un pub en Kensington mientras era seleccionador inglés. Antes de tomar las riendas del Aberdeen en 1978, Sir Alex Ferguson fue propietario de un pub en Glasgow, como ya hemos dicho. Luego escribiría en su autobiografía sobre los futbolistas y el alcohol: “Muchos de ellos procedían de familias donde los hombres consideraban que tras un duro día de trabajo en la fábrica o en la mina, tenían derecho a relajarse con unas cuantas pintas. También influye el hecho de que el sábado por la noche significaba el final de la semana de trabajo y por tanto era un momento idóneo para emborracharse”.
Tres leones borrachos
Antes de que Inglaterra albergara la Eurocopa de 1996, la selección visitó Hong Kong. Allí los jugadores fueron fotografiados en un bar haciendo la tristemente famosa “silla del dentista” (una persona se sienta en la silla mientras otra le vierte alcohol). En el vuelo de regreso, los jugadores destrozaron dos televisores y una mesa en primera clase. Por supuesto, los tabloides hicieron el agosto con la historia. Molestos con el trato recibido, los jugadores recrearon la silla del dentista sobre el césped después de que Gazza marcara una obra maestra ante Escocia durante la competición.
El capitán inglés en aquella Euro era Tony Adams, un alcohólico que no pudo acudir a una convocatoria inglesa tras ser condenado dos meses por conducir borracho. El entrenador era Terry Venables, propietario del Scribes West, una discoteca londinense. El médico del equipo, John Crane, consideraba que “un jugador debe ser un bebedor social, los jugadores charlan sobre fútbol y se toman un par de pintas”.
Otro internacional inglés, Paul Merson, llegó a estar enganchado al alcohol, la cocaína y el juego. En estas condiciones, resulta extraño que los Three Lions fueran capaces de batir a equipos extranjeros compuestos por futbolistas sobrios.
El alcance real del problema
Los casos más conocidos, como los de Best, Gascoigne o Carroll, posiblemente nos impiden medir con precisión el alcance del problema. Aunque tal vez muchos no lo sepan, los futbolistas que compiten en la Premier League son abstemios, al menos durante la temporada. Tienen estrictamente prohibido beber alcohol en el periodo de pretemporada y competición. Posiblemente por eso cuando tienen una noche libre sienten la tentación de recuperar el tiempo perdido y beber en unas horas lo que no han bebido en meses.
Jamie Carragher explica en su autobiografía que jamás conservaba alcohol en su casa para evitar tentaciones y que cuando quería beber solía acudir al pub. Para apurar hasta la última gota.
Ese es otro de los motivos por los cuales solemos ver en los tabloides a estrellas del fútbol totalmente ebrios arrastrándose por la calle. El no consumo de alcohol impide que los futbolistas desarrollen la tolerancia que cualquier otro joven ya tiene a su edad.
Y existe otro factor que no podemos obviar: Inglaterra es un país de amantes de la bebida. Según datos de la Organización Mundial de la Salud de 2005, Reino Unido es el 16º país sobre 193 en consumo de alcohol por persona. No está mal considerando que los ingleses no suelen beber alcohol con las comidas.
¿Conseguirá alguna vez el fútbol inglés liberarse del alcohol? Posiblemente no. Al fin y al cabo, para eso se entregan copas cuando se gana un trofeo, ¿no?
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