La igualable inigualable oportunidad
Una vez más, en contra de la corriente, el Liverpool está primero. De la corriente pública, quien en su gran mayoría veía, como es lógico y normal, al Manchester City como máximo favorito, al equipo diseñado a un extremo que ningún otro en el mundo del fútbol actual. Pero el Liverpool está por delante. Está invicto. Está ante la liga, su “primera” liga, otra vez.
Impregnado en cada esquina de Anfield, un suspiro por el título

Es discernible que en el Liverpool no están jugando tan, tan bien como en sus mejores momentos de la campaña pasada, en especial, su tramo de máximo apogeo: la primera mitad de la temporada. Luego, John Stones despejó un balón a once milímetros de ser gol y como una boa constrictor el Manchester City envolvió al Liverpool en la carrera final para terminar quitándoles todo el oxígeno. Al borde de no conseguirlo, nunca más de un punto detrás. Pero ese punto fue inexorable ante la indestructabilidad del Manchester City. Pero aquí estamos, en un nuevo momento, en una nueva realidad. Donde la ventaja a favor del Liverpool ha florecido hasta unos insospechados ocho puntos; una diferencia abismal y al mismo tiempo tan efímera. Porque la lógica, subyacente, sigue indicando que el City es el mejor equipo. El rendimiento general de ambos sitúa, como todos preveían, a los vigentes campeones primeros y a los vigentes subcampeones segundos. Tal y como estaban, tal y como se les esperaban. Sin embargo, ocho jornadas después, son ocho los puntos a favor del Liverpool en esta brutal guerra por la supremacía en la Premier League. La competición que como tal los actuales líderes nunca han ganado. No por falta de oportunidades, sí por falta de remate final. Aunque ellos son quienes han sumado, en una sola temporada, la pasada, la tercera mayor cantidad de puntos en la historia de la competición, por detrás de los 198 puntos totales del Manchester City contemporáneo, divididas en las dos campañas previas a la actual. Pero la oportunidad que muchos temían que se marchó para nunca volver, sigue, presente, ahí. Al alcance si el brazo son capaces, una vez por todas, de estirar.

Adrián
Adrián está haciendo su parte para mantener al Liverpool en la carrera (Clive Brunskill/Getty Images)

Cuando estiró su propio brazo Alisson, en la primera parte de la primera jornada, para agarrarse la parte posterior de su muslo izquierdo, la primera alarma sonó. La primera preocupación, la primera fisura. Pero la alarma fue silenciada, con tiempo, gracias a Adrián. Las ocho victorias, una detrás de la otra, la han apagado. Una especie de intangible inevitabilidad que les ha hecho atravesar cada pared de ladrillos, si bien muchos de los retos más fuertes están por llegar con... bueno, los duelos directos con el Manchester City. El Leicester estuvo cerca en el marcador pero no cerca en cuanto a juego, en cuanto a visceral competitividad. Con suerte, casi se llevan un punto los presentes chicos de Brendan Rodgers. Con algo más de suerte todavía, el Liverpool mantuvo intacto su pleno, su mágico número ocho en la casilla de triunfos, con redondos donuts en las otras dos. Esa forma en la que no son capaces de ser detenidos les sigue llevando más allá, más lejos que un Manchester City que, a pesar de sus aparentemente enormes problemas, sigue siendo el mejor en cuanto al balance de “goles esperados” a favor y en contra. En defensa, han sido resquebrajados por su propia confianza, se han hundido sobre sí mismos. Por eso están ahora donde están. Y aun así, no obstante, en ataque están rindiendo de forma tan brillante como nunca antes, con el regreso de Kevin de Bruyne a la acción. Las suyas, sus acciones, catapultándole a las más altas esferas de futbolistas mundiales.

Es, por lo tanto, difícil de calibrar a dónde vamos con todo esto. Una ventaja de puntos gigantesca y, aun así, nadie da por terminada esta liga. Al revés, en cambio, muy probablemente lo harían. “¿A ocho puntos el Liverpool del Manchester City a principios de Octubre? Pfffff, liga sellada”. Y es que es verdad, más allá de los más fervientes creyentes del Liverpool, ese sería el abrumador sentimiento general. Porque la sensación sigue ahí, porque la grandeza de los Cityzens ha calado muy, muy hondo. Con toda la razón del mundo. Han rayado en la perfección, se han llevado dos ligas, han sumado 100 y 98 puntos respectivamente, la segunda cifra prácticamente sin su mejor jugador. Nadie ha confundido el mensaje de este equipo, nadie osa a volver a desestimarles, o a meramente Guardiola, tan cuestionado tras ese inicialmente prometedor pero finalmente infausto primer año en Inglaterra. Cuánto estrés aquél primer curso. O no. Más estresante puede ser la impotencia que causa este equipo en el resto. Qué jóvenes éramos con el Chelsea de Conte y el Tottenham de Pochettino luchando por la liga hasta la antepenúltima jornada. Pasamos acto seguido al indiscutible régimen Guardiolano y ahora estamos en la lucha por ver quien es capaz de reinar en este nuevo nivel. Porque es un nuevo nivel, porque el listón ha sido elevado con violencia. No sólo por el City, también por quien le ha empujado. Por quien, como mínimo, le va a volver a empujar hasta el límite. Nada salvo un completo cataclismo privará al Liverpool de pelear. Porque ha demostrado, en las buenas, en las maduras, que es capaz. Que lo ha conseguido, que ha logrado competir con el equipo imbatible; para situarse ocho puntos por delante, en una situación de máxima exigencia. Porque ese entendimiento de que ocho puntos no son insalvables está ahí, como decíamos. Las pesadillas de un equipo absurdamente bueno que, con de Bruyne ahora, pero que por fin ha demostrado reales fisuras. No es mejor jugador pero sobre Laporte caía mucho más de lo que caía y cae sobre de Bruyne. Con la su caída, la suya propia, ha caído el City. Pero, ¿hasta dónde?

¿Es un incontestado doblete de Adama Traoré el fondo de todos los fondos? La fosa de las Marianas es el punto más hondo registrado de cualquier oceano en la tierra. ¿Es lo de la pasada jornada, ese cero a dos en casa, esos dos goles de Adama Traoré, el equivalente futbolístico? Algunos oportunistas ya están abusando del concepto de “el City no planeó bien su temporada”. Claro, que se te lesione no uno sino también tu segundo central más importante es lo más normal del mundo. ¿Quién no lo vio venir? Y claro, que si no reemplazaron a Kompany y bla, bla, bla. En Fernandinho, sobre todo tras el fichaje y presente papel de Rodri, tenían a un cuarto central más que apto. Pero sin Laporte no es suficiente. Quizás también porque Rodri no es exactamente Fernandinho a pesar de estar jugando “de Fernandinho”. La meticulosidad del Manchester City explica muchas cosas y, sus frutos, no son obtenidos sin un enorme esfuerzo previo. Son tan buenos porque toman más riesgos que nadie, porque empujan los límites. Y a través de la mente de Guardiola han conseguido hacerlo de forma sostenible. Pero esos pilares, algunos de ellos al menos, son quienes lo sostienen y, al vuelo, son insustituibles. Porque obviando la lesión de Laporte, y la de Stones, tiene todo el sentido que hayan decidido entrar en el negocio de Rodri. La lógica indica con claridad que Fernandinho no durará para siempre. Por ello, el cambio ahora era lo normal. Pero de nuevo, no puedes vivir en esa estratosfera de rendimiento, cambiar algo y esperar que no haya un precio que pagar. Aun considerando que no es igual de indispensable, que KdB desapareciese y no se resintieran (bueno, sí, dos puntos...) es la anomalía. Reestructurado todo con su regreso, canalizado el juego nuevamente por él, su ausencia fue tan importante como la de cualquiera en el día que Adama Traoré desafió a la lógica conocida.

Adama Traoré
Adama Traoré impactó como un terremoto en el Etihad (Alex Livesey/Getty Images)

Porque en el bueno de Adama radica el paradigma, de alguna forma extraña. Un jugador de volumen, no de precisión (nunca de precisión...) ante un equipo que todavía hoy concede justo lo contrario: poco volumen, pero precisión. El número de ocasiones que conceden es tan bajo como de costumbre, sin embargo, esa la calidad de esas ocasiones lo que se ha disparado. Aunque es un fenómeno de difícil comprensión aun así, pues pese al incremento de “buenas” ocasiones, lo que más está resaltando es el alto porcentaje de conversión por disparo efectuado, como brillantemente explicaba Grace Robertson esta semana en StatsBomb. Un City que sigue siendo tal torbellino ofensivo que, aun con todo esto, sigue siendo el equipo con mejor “diferencia de goles esperados”. Si bien los números de goles encajados y “goles encajadados esperados” están casi a la par, con 9 y 9.74 respectivamente, Ederson ha sido más razón para que ese sea el caso que en el pasado. En cuanto a rendimiento global teórico, gracias a un factor o a otro, siguen siendo los mejores. Pero esas fisuras dentro de esta versión de la perfección que han creado han provocado este boquete con respecto a un Liverpool sobrepuesto a todos sus propios problemas. Porque así como el City inspira tanto miedo, pese a todo, en el Liverpool nunca se dejará de intuir una incipiente volatilidad, por pequeña que sea; aunque sólo sean malos recuerdos de su propio pasado, que poco o nada tienen que ver con ellos, con quienes son el Liverpool actual. La corona espera a un proyecto que nunca habrá sido completo si no atraviesan ese último portal, el que signifique, definitivamente, que son el mejor equipo en Inglaterra, tras 38 jornadas de Premier League. Finalmente, ellos.

Campeones de una Champions League en la que han tenido que nadar en una marea revuelta y que casi les deja tumbados, perdiendo en Nápoles y recibiendo tres goles sin respuesta (inicial) en Anfield a manos del Salzburgo. Nadie les ha metido más goles en casa desde el comienzo de la temporada 2017-2018. También en liga, la defensa, así como la del City aunque de distinta forma, ha dejado filtrar dudas, con un ataque tan apoteósico como de costumbre pero que quizás esté provocando el (ligero) deterioro defensivo. Porque si los laterales han sido conceptos de capital importancia en la carrera de Guardiola, en la de Klopp lo han sido todavía más. Y aquí, de nuevo. Esta temporada, aún más que en las dos anteriores. Tanto Alexander-Arnold como Robertson son dos exhuberantes avanzadores de la pelota, dos armas ofensivas tan importantes como casi cualquier otra que se despliega sobre el césped de Anfield. Con un total combinado entre ambos de 5.5 toques de balón por partido dentro del área rival, tras siete jornadas, han subido notablemente del promedio de 4.0 de la temporada pasada, como exponía, también en StatsBomb, Joel Wertheimer.

A pesar de sus cuatro goles y tres asistencias, estando Mohamed Salah a un nivel un poco menos brillante que la temporada pasada y un poco bastante menos que hace dos temporadas (como demustran, entre otros datos, su reducción de pases completados dentro del área o hacia el área desde un 50% la campaña pasada a un actual 30%), su trío de centrocampistas algo menos lúcidos ahora mismo ofensivamente y todavía echando en falta tanto a Alex Oxlade-Chamberlain como a Naby Keita, dos puntales a la hora de atacar el área opuesta. Por lo tanto, TAA así como Robbo han sido “empujados” un poco más hacia adelante para que las ocasiones sigan lloviendo. Pero todo tiene un precio, el campo las mismas dimensiones y, también, el Liverpool en este momento un portero no tan brillante bajo palos. Con un Van Dijk todavía excelente aunque no tan imperial, con Matip a su habitual más que correcto nivel complementario, es en Adrián donde muy posiblemente radica parte del declive, si bien no muy apreciable, de la defensa más allá del mencionado rol de los laterales, pues el andaluz no es tan expeditivo, tan ambicioso a la hora de ir en busca de cortar balones peligrosos, sin reparo por cómo de lejos esté “esa” del área. Pero en lo demás, el cambio ha sido menos perceptible de lo que se podría sospechar. Ha sido un reemplazo excepcional.

Porque, después de todo, están invictos, todos sus oponentes tumbados, tras ocho jornadas. Batiendo récords, dejando destellos en cada giro, en esta ferviente e inexorable batalla, esta guerra por prevalecer por encima de todos, todos los demás. Un respiro, de los primeros en este largo camino se toman quienes de ellos pueden en estos días de parón de selecciones. Aunque la mayoría están con sus respectivos países de origen; sus porteros, de estar ambos sanos, luchando por el mismo el sitio justo enfrente de la red de Brasil. Porque hasta allí llegan los efectos de una rivalidad entre Liverpool y City que marcará verdaderamente un antes y un después. Puede que incluso finalice con esta temporada; puede que se marche uno de los dos entrenadores, o ambos incluso, y termine en lo que a estos niveles de voracidad se refiere. Dos directores técnicos que llegaron a Inglaterra para dejar su huella y vaya que si la están dejando. En una nueva temporada, de la cual hemos superado apenas el prólogo de la misma, donde el Liverpool de Jürgen Klopp tiene ocho puntos de ventaja, donde nadie pensaba que los tendrían. La inigualable oportunidad de ganar la liga ha sido igualada. Porque para esto han venido hasta aquí.

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